CAPÍTULO 11 #3
—¿Lo de Paloma? —preguntó Xisco, al mismo tiempo que desviaba, sin querer, la mirada hacia Tomás—.
Nada, rollos de cotillas —continuó, restándole importancia al asunto con un gesto de la mano—.
¿No veis que hay gente que lleva años trabajando en el hotel y lo único que le divierte es ir contando por ahí lo que en realidad no sabe?
Carol elevó una ceja, incrédula. Amanda tenía la vista clavada en la mesa sin atreverse a mirar a Tomás, por lo que pudiera ver reflejado en su cara.
Sabía, o más bien intuía, que esa tal Paloma estaba relacionada de alguna forma con él.
¿Qué habría pasado?, ¿sería una antigua novia despechada? Suponía que por ahí iban los tiros, pero no quería expresarlo en voz alta.
—¿Nos vamos? —propuso Xisco, rompiendo el silencio que se había instaurado en la mesa.
—Venga, sí, que mañana hay que trabajar —contestó Tomás, poniéndose en pie.
Una vez en el coche, Tomás tomó asiento en la parte trasera, junto a Amanda. En cuanto Xisco inició la marcha y la penumbra inundó el vehículo, Tomás se acercó a la chica, la estrechó entre sus brazos y buscó su boca.
Aunque Amanda querría haberle correspondido, no podía sacarse el tema de la subdirectora de la cabeza. Se quedó quieta, no quería parecer ofendida; lo que quería era que él le aclarase lo que había insinuado Miquel, pero sin tener que preguntarlo.
Tomás no la presionó, suponía qué era lo que estaba pensando Amanda. Como había dicho Miquel, no le daba demasiada importancia a lo que había pasado entre él y Paloma, aun así, evitaba encontrarse con ella siempre que podía.
—Estuve liado con ella —admitió al fin—, éramos más jóvenes y Paloma se hizo ilusiones con algo que no iba a suceder.
Durante algunos meses se dedicó a poner a todo el mundo contra mí, pero dejó de hacerlo hace tiempo.
—Se detuvo para medir sus palabras—. Yo creo que lo que dice Xisco es verdad: la gente habla de lo que no sabe.
Eso pasó hace mucho y no creo que aún le dure el enfado.
—Pues eso no es lo que ha insinuado Miquel —contestó ella, bastante picada.
—Olvida lo que ha dicho Miquel. La mayoría de las veces habla sin pensar. Además, él y Paloma nunca se han llevado bien. Siempre se peleaban. —Se rio bajito—. Yo pensaba que acabarían liándose en algún momento, pero, por lo que se ve, a Miquel la chica le sigue cayendo fatal.
—No sé de qué te ríes —le dijo ella, aunque no se sentía tan enfadada como un momento antes, no podía, la risa de Tomás la hacía feliz.
El chico también había ganado puntos al sincerarse con ella de aquella manera—.
La que se va a comer el marrón si tu exnovia —remarcó estas palabras con retintín— sigue enfadada y decide tocarme la moral soy yo.
—¿Cómo que mi exnovia? —contestó él en tono divertido. Había notado cómo ella se relajaba entre sus brazos y no dejó pasar la oportunidad de aflojar un poco más el ambiente.
—¡No será la mía! —exclamó Amanda, intentando parecer aún enfadada, sin lograrlo.
—Menos mal que no —le susurró Tomás justo antes de besarla.
Amanda no se opuso esta vez y le devolvió el beso. Fue un beso largo, intenso, que los dejó a ambos sin respiración y con ganas de más.
—Si la tal Paloma no me deja vivir mientras trabaje con ella, te la mandaré para que la calmes, ¿trato?
Tomás vaciló un poco antes de contestar:
—Si crees que así podemos calmar a la… ¿cómo la ha llamado Miquel?
—Arpía rencorosa, aunque después, como quien no quiere la cosa, ha añadido desalmada.
—Cómo se pasa, chaval —afirmó Tomás mientras se frotaba la cara con una mano—. Bueno, pues si crees que eso puede calmar a la arpía desalmada y rencorosa —repitió—, ¡trato!
—¿De verdad es tan terrible? —preguntó Amanda con lo que a Tomás le pareció un leve temblor en la voz.
—Quisiera poder decir que no. —Amanda se volvió hacia él sobresaltada—. Aunque yo la esquivo siempre que puedo.
—Hostia, Tomás —exclamó Amanda, que parecía muy enfadada de nuevo— y eso ¿cuándo pensabas decírmelo?
—Pues la verdad es que deseaba que no hiciera falta. —Resopló—. No te enfades, seguro que habrá tanto trabajo que no tendrá tiempo ni para meterse contigo. Y, si lo hace, no será porque siga enfadada conmigo, sino porque es así, mala por naturaleza.
—Joder, pues qué bien. Ahora ya sé por qué me tocó a mí ir a recepción y a Carol contigo. —Elevó la voz para que Carol y Xisco la oyeran.
Pareció que Xisco tenía, al menos, la decencia de encogerse en su asiento. Hacía un rato que habían llegado al Hotel Club, pero se habían quedado en el coche, Amanda y Tomás estaban demasiado ocupados hablando de Paloma, y los otros dos no habían querido meterles prisa.
—No me lo tengas en cuenta, ¿vale? —pidió Xisco con una sonrisa suplicante—, creo que todo esto se nos está yendo de las manos. A mí nunca me ha parecido para tanto.
—Ya te lo contaré la semana que viene —indicó Amanda, que de lo que de verdad tenía ganas era de renunciar al trabajo.
Vio que Carol la miraba, preocupada, y le hizo una seña con la mano para que se relajase.
—Venga, vamos todos a dormir. Total, pasará lo que tenga que pasar —sentenció.