Para que no lloren los ángeles por (Detective Liz Moorland. Crímenes Prioritarios 5) Capítulo 23
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Capítulo 23

La iglesia era ahora una forma familiar que dominaba el paisaje por su mera envergadura.

Mientras Candace se daba un paseo, Liz comprobó que la cinta policial que rodeaba la iglesia seguía intacta y que los candados de las puertas estaban en su sitio.

Ahora había varias cámaras colocadas estratégicamente cubriendo más zona, gracias a Reuben, pero el último informe de actividad de Meg mencionaba una manada de canguros moviéndose lentamente durante la noche.

Se apoyó contra un muro, tomando algunas notas para recordar qué debía seguir investigando cuando regresaran al motel.

¿Quién controlaba la iglesia y el recinto...

o era al menos responsable de su mantenimiento?

¿Había alguna información sobre el cura que vivía aquí en la época de las muertes anteriores?

¿Y quiénes estaban enterrados en las dos tumbas sin marcar?

Con un suspiro pesado, Liz se dirigió hacia Candace, que estaba agachada a unos metros de la segunda tumba.

—Esta es importante para el asesino. O al menos, para la persona responsable de que el cuerpo o los cuerpos se pusieran encima de la tumba contigua.

—Con la atención en la lápida, Candace se enderezó lentamente—.

Tengo la cabeza dándole vueltas a un millón de fragmentos de información, pero en el centro de la vorágine hay una certeza.

—¿Certeza?

Eso no era propio de la doctora, que era cuidadosa con la verificación de datos y siempre había detestado que la presionaran para dar una opinión temprana.

—Dime qué ves aquí, Liz. No la cinta policial. No las alteraciones del trabajo de Meg. Mira esto primero y luego lo otro.

—He mirado muchísimas veces.

—¿Pero has visto? —Candace finalmente encontró los ojos de Liz—. Piensa como un asesino. O como una víctima.

Un escalofrío le recorrió la espalda a Liz. Había sangre vieja en la parte trasera de la lápida. Un rastro que conducía hasta la iglesia. Más dentro, junto con otros fluidos corporales.

¿Puedo pensar como un asesino? ¿Qué clase de asesino? ¿Alguien como papá, que era despiadado y egoísta? ¿O una persona en busca de venganza?

El cambio en su mente fue inmediato. La venganza era un motivador diferente a cualquier otra cosa. Podía cocerse a fuego lento durante años. Décadas.

—La venganza es un plato que se sirve frío. —Las palabras salieron suavemente.

—Sigue por ese camino.

Liz caminó detrás de la lápida, mirándola y luego la iglesia más allá.

—Un pueblo diminuto no es donde esperas múltiples muertes inexplicadas, y mucho menos tres que tienen demasiados puntos en común como para ser aleatorias. De momento su única conexión es dónde fueron encontrados después de la muerte.

—La incompetencia de las investigaciones anteriores traicionó a esas víctimas.

—Sí, o actos deliberados para encubrir o desviar la atención.

Candace se unió a Liz.

—Estoy de acuerdo en que puede haber influencia externa en juego. ¿Significa que un asesino se está protegiendo a sí mismo o a otra persona? ¿Hay varios asesinos responsables a lo largo de los años? —Hizo un gesto hacia la iglesia—. Esto bien puede ser otra conexión o incluso el catalizador.

—¿Por el rastro que encontramos dentro?

—Meg cree que la sangre de esta lápida pertenecía a una persona a la que dispararon.

Si resultó herida y buscó refugio en la iglesia o la llevaron dentro, entonces al menos otra persona estuvo involucrada.

¿Fue el disparo un accidente o un asesinato?

Responde eso y quizá lleve al misterio de los hombres muertos. —Candace se pasó los dedos por el pelo.

—Estas son las únicas tumbas con lápidas sin marcar.

El agente de policía local, que creció aquí, no sabe a quién pertenecen.

Reuben sacó el dron esta mañana, pero hay que analizar los datos antes de poder hacer algo más que especular sobre si hay ataúdes.

Por lo que sabemos, ambas podrían estar vacías.

Preparadas para funerales que al final se celebraron en otro lugar, como en el cementerio público.

—O quien recibió el disparo puede descansar en una de las tumbas.

Lo que significaría que la exhumación se estaba volviendo más probable.

Especular no era útil. Liz necesitaba hechos.

—Me gustaría volver por la mañana. Tengo ganas de releer algunos de los informes —dijo Candace—. Y tomarme una copa.

—Oh, lo siento mucho. Hay agua en el coche, pero debería haberme asegurado de que tuvieras una botella con esta humedad.

—No esa clase de bebida. —Candace se rio suavemente—. Pero el agua me irá bien por ahora.

Liz dejó a Candace con Meg y Reuben y llamó a la puerta de la habitación de Pete.

—No está cerrada.

—Debería estarlo. —Liz entró—. Creo que conociste al hijo de Albie.

Pete estaba cerca de una pared, subiendo los dedos por los ladrillos todo lo alto que podía y bajándolos después.

No era nada que Liz no le hubiera visto hacer como parte de sus ejercicios de rehabilitación desde que lo derribaron de la moto, pero aun así le daba pena.

O algo más profundo. Al menos había superado el creer que era responsable de las acciones de su padre.

—El estupendo Colin. Dicen que la amabilidad se salta una generación: la de Albie esquivó a Colin y fue a parar al nieto. Aargh. —Bajó el brazo y lo sacudió—. Me pasé con las flexiones esta mañana.

—¿Puedo ayudar?

Estaba rotando el hombro.

—A menos que escondas un título de masaje terapéutico en alguna parte.

—Siéntate. No tengo título, pero hice un año de fisioterapia antes de entrar en la academia.

La expresión de Pete casi la hizo estallar en carcajadas, pero sacó su única silla de respaldo recto y se sentó de lado para darle acceso al hombro.

—No lo sabía, Liz. ¿Que me quite la camiseta?

—Mejor sí.

Se quitó la camiseta por la cabeza con un gruñido bajo.

Estás sufriendo de verdad, colega. Solo que no lo admitirás porque crees que te mandaré a casa.

Empezó a rebuscar en los armarios de la pequeña cocinita.

—¿Has visto aceite?

—Claro. Guardo litros de ese aceite brillante especial que usan los culturistas en las competiciones.

—Aceite de cocina servirá.

—En el baño hay un poco de Bio-Oil.

Liz cerró la puerta del armario.

—Eso es aún mejor.

Había media botella en la encimera del baño y desenroscó la tapa mientras volvía.

—¿Lo usas en las cicatrices?

Asintió.

—Phoebe me lo recomendó cuando aún estaba en el hospital.

Me dijo que lo había usado en las cicatrices de algunas operaciones que le hicieron hace años.

Al principio fue raro, poner aceite sobre una cicatriz nueva.

Daba un poco de repelús. Nunca hizo nada por las viejas y se nota.

¿Ves dónde me apuñalaron? —Pete se señaló el costado—.

Diez puntos. Externos, pero también un montón de internos.

Aún tiene un aspecto horrible después de todos estos años.

—Nada te impide usar esto en ellas ahora. ¿Quién te apuñaló?

Liz vertió un círculo del espeso aceite en una palma.

—El cabecilla de un cártel de drogas. Hay que amar el trabajo encubierto. —Rió brevemente—. Hoy en día se está pudriendo en Barwon.

—Trabajaré en tu hombro y luego bajaré por el brazo. ¿Vale?

Con una sonrisa pícara, Pete asintió.

—Quizá debería pedirle a Reuben que haga esto. —Liz retrocedió, ya con aceite en ambas manos—. Más apropiado.

—Recuerdas que está altamente entrenado para matar, ¿verdad?

Sabe hacer cosas letales con las manos desnudas y no tengo valor para averiguar si el masaje es una de ellas.

Y por muy sorprendido que esté con tu formación en fisioterapia, no voy a tragarme que por casualidad tenga capacidades similares.

—No me sorprendería.

—Sí, a mí tampoco, la verdad. Si quieres puedo grabarnos.

—¡Detective!

—No. Oh, mierda. Ya sabes a qué me refiero. Para protegerte de alguna estúpida queja laboral sobre una oficial superior manoseando... perdón, toqueteando a una subordinada...

—Toqueteo indebido servirá.

Sintiendo lástima por Pete, Liz empezó a trabajar en su hombro, intentando no reírse en voz alta. Era un bromista nato, pero no la interpretaba bien cuando ella le devolvía las bromas. Demasiados años con reputación de seria no ayudaban.

Los músculos de su hombro estaban agarrotados y se tomó su tiempo hundiendo los dedos y pulgares en las zonas doloridas y alrededor de ellas, cuidadosa de no aplicar demasiada presión al principio.

Notó cómo se tensaba al principio y luego se relajaba rápidamente, y en un momento dado cerró los ojos.

Se abrieron cuando ella echó más aceite en sus manos.

—Siempre creí que habías querido ser policía.

—Así es. Anna estaba en contra.

—¿Tu hermana?

—Tienes que recordar que me acogió cuando murió mamá y estaba aterrorizada de perderme en una profesión de riesgo, y de la autoridad. Nunca lo entendí hasta que me contó cómo era realmente nuestro padre.

—Ay.

—Perdona.

Inspirando profundamente para bajar la tensión que se había transmitido a sus dedos, Liz trabajó arriba y abajo por la parte superior del brazo de Pete. Había una cicatriz larga y prestó atención extra allí, masajeando suavemente el aceite en la piel ligeramente elevada.

—Mis resultados escolares me habrían permitido entrar en medicina y Anna pensaba que era un buen camino, pero nunca me vi como médico.

Me encantaba correr y el deporte, y pensé que merecía la pena probar con fisioterapia.

Pero mi corazón siempre ha pertenecido a la idea de atrapar y encarcelar a los malos.

—Lo entiendo. Pero aprecio ese año de formación.

—¿Te sientes mejor?

—Mucho. Gracias, Lizzie.

Fue al baño a lavarse las manos y cuando volvió Pete tenía puesta la camisa y estaba abriendo su portátil.

—¿Querías hablar de Colin? —preguntó Pete.

—Y de Albie. ¿Cuál es el plan?

—Todos vamos a cenar y luego nos dirigimos al pub. Reuben y yo estamos de acuerdo en que tener presencia en número importa. Contigo, Candace y Meg observando también, podríais ver algo que nosotros pasáramos por alto. Ambos creemos que hay más en esa familia de lo que parece a simple vista.

Abrió una pestaña con un mapa. Liz miró por encima de su hombro mientras ampliaba las dos propiedades que había marcado para investigación adicional.

—Así que fuimos a dar una vuelta. Vimos en la aplicación que la dueña del lugar con las advertencias de intrusos es Betty Carver. Hemos dejado una tarjeta en su buzón y hablé un rato a su cámara para pedirle unos minutos para charlar.

—Sí, vi aparecer su nombre. Interesante.

—Si quieres algo interesante... ¿sabes quién es su vecino? Gordon Brain.

—Qué.

—Se presentó para recoger algo de su casa y no fue nada halagador con la señora Carver. Básicamente nos dijo que estamos perdiendo el tiempo. Es antipática y recluida.

—¿Qué pasa con la gente recluida aquí? Erik Piper. Betty Carver. Policías superiores antipáticos.

—Añade a Colin Walsh. E hice una búsqueda y a pesar de que Albie afirma ser el dueño, lo es Colin, y es el tabernero registrado. ¿Cómo te fue con Candace?

Liz se dejó caer en el extremo de la cama y Pete giró en su silla.

—Necesitamos examinar de cerca esa segunda tumba.

—¿Por qué?

—Alguien recibió un disparo o fue apuñalado o lo que sea cerca de esa segunda lápida.

Meg dice que fue un disparo. Aún no sabemos quién ni cuándo, y mucho menos por qué.

Tampoco sabemos si la persona fue herida o asesinada.

Me agarro a un clavo ardiendo aquí. —Liz se tomó un momento, ordenando sus pensamientos y consciente de que tenía la atención completa de Pete—.

¿Quienquiera que fuese la víctima? Le importaba a alguien.

¿Y si ese alguien ha estado administrando su propia marca de justicia desde entonces?

Pete se lo pensó un momento y luego asintió.

—Tendría sentido dada la ubicación de los cuerpos. Incluso el reciente, que sabemos que fue alterado entre que Piper lo encontró y volvió con su teléfono. Pero hay décadas entre los dos primeros y el último, así que ¿encajaría siquiera el momento?

—Posiblemente no. ¿Alguna noticia sobre una habitación para nosotros?

Pete frunció el ceño.

—Nada adecuado. Eché un vistazo a la más prometedora y no había manera de hacerla segura. La mejor sugerencia es hablar con Gordy sobre otra habitación.

—Vale. Iré a hacer eso ahora.

—Y yo iré a la habitación de al lado a ver si esos vagos ya han resuelto el caso.