78
Ona
No volvemos al local esa noche.
No porque queramos escondernos.
Porque necesitamos silencio, sin testigos.
Caminamos sin rumbo fijo durante casi diez minutos. No hablamos. No porque no haya nada que decir. Porque hay demasiado.
Londres de noche siempre me ha parecido un poco cinematográfica. Pero hoy no siento que esté en una película. Siento que estoy en una decisión.
Nos detenemos en el puente. El mismo donde una vez discutimos porque ninguno sabía decir “tengo miedo”.
Me apoyo en la barandilla. El agua negra debajo parece tranquila.
Marc se coloca a mi lado. No invade mi espacio. No me toca.
Eso ya es distinto.
—No quiero que esto sea un impulso bonito y que mañana nos vaya a asustar —digo sin mirarlo.
—No lo es.
—Necesito saberlo.
Silencio.
—Cuando me fui —empieza— no fue porque no te quisiera. Fue porque pensé que si no aprovechaba esa oportunidad, siempre me iba a preguntar qué habría pasado.
—¿Y ahora?
—Ahora sé qué pasa cuando te pierdo.
Eso me obliga a mirarlo.
No suena a frase preparada. Suena cansado. Real.
—No quiero volver a ser la chica que espera mientras tú decides —digo.
—No quiero que seas eso.
—Entonces dime la verdad completa.
Traga saliva.
—Volví por miedo. Sí. Pero también volví porque entendí que nada de lo que estaba construyendo allí tenía sentido si cada vez que me iba a dormir pensaba en ti.
Eso duele. Y calma al mismo tiempo.
—No quiero que te quedes solo por mí.
—No lo hago solo por ti. Lo hago porque quiero estar aquí. Y porque contigo soy yo. No el que intenta impresionar. No el que firma cosas enormes para demostrar algo. Solo yo.
Silencio.
El ruido del río es constante. Como si marcara el ritmo de algo más grande que nosotros.
—Con Harry estaba tranquila —confieso.
—Lo sé.
—Y eso me gustaba.
—Lo sé.
—Pero contigo no estoy tranquila. Estoy viva.
No lo digo como elogio.
Lo digo como hecho.
—No quiero que te asuste eso —añado.
—No me asusta sentir. Me asusta perderlo por no decir las cosas a tiempo.
Me quedo callada.
Porque esta vez no siento vértigo.
Siento claridad.
—Si volvemos —digo— no quiero que sea como antes. No quiero caos que nos empuje a extremos.
—Entonces no lo hagamos igual.
—¿Y si vuelve a ser difícil?
—Será difícil. Pero no me voy a ir.
—No prometas sin pensar.
Me mira fijo.
—No estoy prometiendo algo perfecto. Estoy prometiendo quedarme incluso cuando tenga miedo.
Eso cambia algo dentro de mí.
No es intensidad adolescente sin dirección.
Es decisión con miedo incluido.
Respiro hondo.
Y esta vez no tiemblo.
—Te elijo.
No porque haya vuelto.
No porque haya publicado una canción.
Porque, incluso cuando intenté avanzar, algo seguía vivo.
Él no sonríe grande.
Se acerca despacio.
Apoya la frente en la mía.
—Yo también te elijo.
Y cuando me besa, es bonito.