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Clara
No estoy mirando el móvil.
Estoy fingiendo que no lo estoy mirando.
Ona está en el sofá, con las piernas recogidas, viendo algo que claramente no está viendo.
Son casi las once.
Harry le escribió hace media hora.
Lo sé porque el nombre apareció en la pantalla y ella no lo abrió.
Eso ya me dice todo.
La notificación aparece en mi móvil primero.
Porque lo sigo.
Porque nunca lo dejé de seguir.
Marc.
Vídeo nuevo.
Título: Para cuando vuelvas.
El aire cambia incluso antes de que Ona lo vea.
No digo nada.
No porque quiera ocultarlo.
Porque sé que tiene que encontrarlo sola.
Dos minutos después su móvil vibra.
Lo mira sin interés.
Hasta que ve el nombre.
Se queda congelada.
Literalmente.
La veo tragar saliva.
—Clara —susurra.
No pregunta.
No afirma.
Solo dice mi nombre como si necesitara que esté ahí.
Se sienta más recta.
Abre el vídeo.
No pone el volumen alto.
Lo suficiente para que las dos escuchemos.
La imagen es simple.
Habitación blanca.
Él.
Guitarra.
Nada más.
Empieza a cantar.
“Me fui creyendo que el tiempo iba a guardarte en pausa para mí…”
Ona deja de respirar.
No de forma exagerada.
Pero sí evidente.
La veo tensar los dedos sobre el borde del sofá.
Sigue escuchando.
No parpadea.
No aparta la mirada.
“Firmé promesas que no eran tuyas y ahora llego cuando ya aprendiste a seguir…”
Ahí es cuando le cambia la cara.
No es tristeza.
Es reconocimiento.
Porque no la está culpando.
Está asumiendo.
Cuando llega al estribillo, la habitación se vuelve demasiado pequeña.
“no lo escribo para ahora ni para volver atrás…”
El nombre pesa.
El título pesa.
Porque no es casualidad.
Ella escribió esa frase antes de saber que él estaba en Londres.
Yo lo vi.
Y ahora él la canta desde otra habitación, con otra melodía, pero la misma herida.
El vídeo termina.
Ninguna de las dos habla.
El silencio es espeso.
Ona vuelve a darle play.
Y otra vez.
En la tercera reproducción, se le humedecen los ojos.
No llora.
Pero está cerca.
—No lo ha hecho para manipular —dice bajito.
—No.
—No me está pidiendo nada.
—No.
Eso es lo que lo cambia todo.
No es “vuelve conmigo”.
Es “te dije la verdad”.
Se pasa la mano por la cara.
Respira hondo.
—Con Harry estoy tranquila.
—Lo sé.
—Con Marc… —se le corta la frase.
No la termino yo.
Ella misma lo hace.
—Con Marc estoy viva.
Y ahí lo entiendo.
No es intensidad tóxica.
No es drama.
Es conexión.
—No lo elijas por culpa —le digo otra vez.
—No es culpa.
Y esta vez suena diferente.
Más segura.
Se levanta.
Empieza a caminar por el salón.
—Cuando estoy con Harry, me esfuerzo por no pensar en nada más.
—¿Y ahora?
—Ahora no me estoy esforzando.
Eso es importante.
Muy importante.
Se detiene.
Me mira.
Y veo claridad por primera vez desde que volvió.
No duda.
No confusión.
Claridad.
—No quiero estabilidad si significa apagar algo que todavía arde.
Se me ponen los pelos de punta.
Porque ya sé lo que va a hacer.
—¿Vas a ir? —pregunto.
Asiente.
—No para huir.
—Lo sé.
—Para elegir.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Coge la chaqueta.
No mira el móvil otra vez.
No espera mensaje.
No busca excusas.
Simplemente se mueve.
Y cuando abre la puerta, sé que la historia acaba de decidir su dirección.