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Marc
No vuelvo al piso antiguo.
No quiero recuerdos que me distraigan.
Cojo una habitación pequeña cerca de Paddington, con una cama demasiado blanda y una ventana que da a una calle ruidosa. No es romántico. No es dramático. Es incómodo.
Y creo que necesito incomodidad.
Dejo la mochila en el suelo.
Me siento en la cama.
Saco la guitarra.
No porque tenga un plan.
Porque si no hago algo, voy a escribirle. Y no quiero escribirle. No todavía.
Abro Instagram.
Error.
El vídeo sigue ahí.
El trozo de canción que cantó.
Diez segundos.
No debería escucharlo otra vez.
Lo escucho.
“…quizá era para cuando vuelvas…”
La frase se me clava en el pecho.
No suena a reproche.
Suena a algo que se quedó pendiente.
Cierro el vídeo.
Dejo el móvil boca abajo.
Respiro.
Empiezo a tocar acordes sin pensar demasiado.
El primero suena demasiado feliz.
Cambio.
El segundo suena dramático.
Cambio otra vez.
No quiero exagerar nada.
No quiero manipular.
No quiero escribir algo para que me elija.
Quiero escribir lo que no dije cuando me fui.
Y entonces me viene la imagen.
El contrato.
Mi firma.
Ella sin saber que estaba eligiendo quedarme lejos.
Aprieto los dedos contra las cuerdas.
Y dejo que salga.
“Me fui creyendo que el tiempo iba a guardarte en pausa para mí…”
Me quedo quieto.
No está mal.
Pero no es suficiente.
Repito.
Más firme.
“Firmé promesas que no eran tuyas y ahora llego cuando ya aprendiste a seguir…”
Eso duele.
Porque es verdad.
No la perdí por alguien mejor.
La perdí por elegir tarde.
Camino por la habitación.
Vuelvo a sentarme.
No quiero sonar víctima.
No quiero sonar orgulloso.
Solo claro.
Vuelvo a tocar.
Más suave.
“Si no era entonces, dímelo claro si lo que fuimos ya no quiere vivir…”
Me paro.
Me paso la mano por la cara.
La habitación está demasiado silenciosa.
Me acuerdo de la conversación fuera del local.
“Contigo no tenía que intentarlo”.
Eso me persigue.
Porque con ella tampoco intentaba ser otra versión.
Con ella era yo sin plan.
Sigo tocando.
Y el estribillo llega solo.
No lo fuerzo.
No lo busco.
Solo aparece.
“Y si ya no es para siempre no me mientas al partir solo dime si guardaste algo mío para ti no lo escribo para ahora ni para volver atrás lo escribo por si un día decides mirar atrás…”
Mi voz se rompe un poco.
No por miedo.
Por cansancio.
Porque estoy diciendo lo que debería haber dicho antes.
Dejo la guitarra.
Miro el techo.
No siento triunfo.
No siento que esto vaya a arreglar nada.
Siento que, pase lo que pase, esta vez no me fui callado.
Cojo el móvil.
Abro la cámara.
No arreglo la luz.
No preparo nada.
Solo apoyo el móvil en la mesa.
Grabo.
Una toma.
Sin repetir.
Sin filtros.
Cuando termino, me quedo mirando la pantalla.
El botón de publicar parece más grande de lo normal.
Si lo subo, ella lo va a escuchar.
Si no lo subo, esto se queda encerrado aquí.
Respiro.
Y pulso.
Publicar.
Título: Para cuando vuelvas.
Sin descripción.
Sin indirectas.
Solo eso.
Dejo el móvil boca abajo.
Y por primera vez desde que regresé a Londres,
no tengo miedo.
Si la pierdo, será habiendo dicho la verdad.