Para cuando vuelvas 68
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Ona

Viernes.

No tengo ni idea de que alguien ha comprado un billete.

Y eso lo cambia todo.

Me despierto antes de que suene la alarma.

Hace calor raro para Londres.

De esos días que parecen prometer algo.

Miro el móvil.

Mensaje de Harry.

Sonrío sin querer.

No esa sonrisa gigante.

Pero sí la pequeña que aparece sola.

Me levanto.

Voy a la cocina.

Clara está ya despierta, apoyada en la encimera con café.

—Buenos días, estrella dramática —dice.

—No soy dramática.

—Ayer escribiste una frase que suena a ruptura de película.

Le tiro una servilleta.

—No significa nada.

Clara sonríe como si supiera algo que yo no.

—¿Qué tal con Harry?

Pienso antes de responder.

—Bien.

—¿Solo bien?

—Bien de verdad.

Eso es importante.

No estoy fingiendo.

No estoy atrapada.

Estoy bien.

Pero hay algo que no sé explicar.

—¿Vas a seguir con la canción? —pregunta.

—No sé.

La frase “para cuando vuelvas” sigue dando vueltas en mi cabeza.

No la he pensado como algo concreto.

Es solo… una sensación.

Algo que quedó pendiente.

Más tarde, en el local, el ambiente está ligero.

Harry llega con dos cafés.

—Hoy vas a estar inspirada —dice entregándome uno.

—Eso suena a presión.

—Es motivación.

Olivia aparece diez minutos después como siempre, cargada de energía.

Ensayamos.

Cantamos.

Nos reímos cuando Joel desafina aposta.

Y durante un rato largo, todo se siente normal.

Muy normal.

Demasiado normal.

En un descanso, me siento al piano sola.

Empiezo a tocar sin pensar.

La melodía vuelve.

Más clara que el otro día.

Harry se acerca.

—¿Es la de ayer?

Asiento.

—¿Puedo escucharla bien?

Dudo un segundo.

Pero empiezo.

“Quizá no era el momento exacto quizá no supe esperar…”

No levanto la vista.

No quiero ver su expresión.

Sigo.

“Lo que no dije se quedó flotando por si algún día decides regresar…”

Silencio.

Las últimas notas se quedan en el aire.

Levanto la vista.

Harry me está mirando.

No enfadado.

No celoso.

Pensativo.

—Es bonita —dice.

—Es rara.

—¿Es sobre alguien?

El corazón me late un poco más rápido.

—Es sobre decisiones.

Eso no es mentira.

Pero tampoco es toda la verdad.

Harry asiente despacio.

—Suena a despedida.

Me quedo quieta.

—No es despedida.

—¿Entonces?

No sé qué responder.

Porque no es despedida.

Pero tampoco es celebración.

Es algo intermedio.

Olivia entra corriendo interrumpiendo el momento.

—¡Necesito opinión sobre esto que he escrito!

Y el aire cambia.

Harry sonríe.

Yo también.

Pero algo se quedó flotando.

Más tarde, mientras recogemos, Harry me coge la mano.

—¿Te quedas a dormir hoy?

La pregunta es simple.

Pero pesa más de lo que debería.

Antes habría dicho sí sin pensar.

Hoy tardo medio segundo.

—Sí.

Y lo digo convencida.

No quiero huir.

No quiero sabotear algo que puede ser bueno.

Salimos del local riendo.

Londres está brillante.

Yo estoy tranquila.

No sé que en unas horas alguien aterriza.

No sé que el vértigo que creía superado está a punto de volver.

Y lo más peligroso de todo es que, si me preguntaran ahora mismo si estoy feliz…

Diría que sí.