Para cuando vuelvas 67
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Marc

No debería haberle dado like.

Pero lo hice.

La foto del musical ya tiene tres días.

Tres días y todavía sigo volviendo a verla como si fuera nueva.

Hoy subió otra cosa.

No es una foto de pareja.

No es beso.

Es un vídeo corto desde el local.

Clara grabando.

Ona al piano.

No se escucha bien la letra.

Solo un trozo.

“…quizá era para cuando vuelvas…”

El vídeo se corta ahí.

Diez segundos.

Diez segundos que me dejan quieto.

Vuelvo a reproducirlo.

No es la canción feliz que estaba tocando con él.

No es algo ligero.

Es distinto.

Más lento.

Más ella.

Y esa frase.

“Para cuando vuelvas.”

Mi cabeza empieza a hacer ruido.

¿Para quién?

¿Para qué?

¿Es coincidencia?

¿Es mi imaginación?

Cierro la app.

La vuelvo a abrir.

Leo los comentarios.

Joel ha puesto un fuego.

Clara ha puesto: “No estás lista para esta versión.”

Versión.

Otra vez esa palabra.

Me levanto de la cama.

Empiezo a caminar por la habitación.

No sé si me da esperanza o miedo.

Porque si esa canción existe…

Significa que algo no está completamente cerrado.

Pero también significa que está pensando.

Y pensar no siempre es volver.

Abro la web de vuelos otra vez.

Viernes.

Sigue ahí.

No lo había comprado.

Todavía no.

El productor me ha mandado el calendario definitivo.

Ensayo sábado por la mañana.

Reunión domingo.

Si me voy viernes por la noche y vuelvo lunes temprano…

Podría hacerlo.

Sería irresponsable.

Sería impulsivo.

Sería adolescente.

Y ahora mismo no me importa demasiado.

Cojo el móvil.

Llamo a Joel.

Contesta rápido.

—¿Qué pasa?

—Ha subido un vídeo.

Silencio corto.

—Lo sé.

—¿Qué es esa canción?

Joel tarda en responder.

—No lo sé.

—No me mientas.

—No te estoy mintiendo.

—La frase.

—Marc…

—Dímelo.

—No es para ti necesariamente.

Eso duele un poco.

—¿Pero podría serlo?

Joel suspira.

—No estás ayudando.

—Joel.

—Está confundida.

Ahí está.

La palabra.

Confundida.

—¿Por él?

—Por ella.

Silencio.

Me apoyo contra la pared.

—¿Está bien con él?

Joel no responde al instante.

—Sí.

—¿Entonces?

—Pero no es lo mismo.

El corazón me da un golpe.

No sé si eso me tranquiliza o me asusta más.

—Firmé quedarme todo el verano —digo de repente.

—Lo sé.

—Pero no quiero llegar tarde.

Silencio.

—Si vuelves ahora, ¿es porque la eliges o porque tienes miedo?

Maldita pregunta.

No respondo.

Porque no sé.

—No quiero perderla —digo al final.

—Ya la has perdido un poco.

Esa frase me deja sin aire.

—Pero no del todo —añade.

Cuelgo.

Me siento en la cama.

Miro el vuelo otra vez.

Mis manos sudan un poco.

Ridículo.

Es solo un billete.

Pero no lo es.

Es admitir que quizá me equivoqué en el orden.

Es aceptar que el éxito no compensa si llego cuando ya no me necesita.

La frase vuelve a mi cabeza.

“Para cuando vuelvas.”

Y algo dentro de mí decide antes que yo.

Pulso “comprar”.

La pantalla carga.

Tarjeta.

Confirmar.

Vuelo reservado.

Viernes. 21:40.

Cierro el portátil.

Y por primera vez desde que firmé, no siento miedo.

Siento vértigo.

El mismo que sentía en Londres.

El mismo que pensé que había dejado atrás.

Y esta vez no vuelvo para sorprenderla.

Vuelvo porque necesito mirarla a los ojos y saber si todavía hay algo que salvar.

Aunque sea demasiado tarde.