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Marc
No sé por qué lo hago.
Literalmente no sé.
Estoy en el estudio, debería estar escuchando una mezcla nueva, pero en vez de eso estoy mirando vuelos.
Solo por curiosidad.
Eso me digo.
“Solo por mirar.”
Como si mirar no significara nada.
Abro una pestaña.
Madrid – Londres.
Este viernes.
Demasiado caro.
El siguiente.
Más barato.
Cierro la página.
La vuelvo a abrir.
No voy a comprarlo.
Firmé.
Firmé todo el verano.
No puedo simplemente desaparecer tres días.
O sí.
No sé.
Me vibra el móvil.
Instagram.
Ona ha subido algo.
Abro.
Es una historia.
Vídeo corto.
Harry tocando esa canción feliz que me describió Joel sin querer.
Ona riéndose porque se equivoca en una palabra.
Él la mira como si fuera adorable.
Ella le empuja el hombro.
Todo parece natural.
Demasiado natural.
Siguiente historia.
Una foto.
Los dos sentados en el suelo del local.
Muy cerca.
No beso.
No nada explícito.
Pero la cercanía ya no es casual.
Y lo peor no es eso.
Es el comentario de Clara:
“Me gusta esta versión tuya”.
Versión.
Eso me duele más de lo que debería.
Cierro la aplicación.
Abro el chat con Joel.
No escribo.
Cierro.
Vuelvo a abrir la página de vuelos.
Este viernes.
Si salgo el viernes por la noche, estoy en Londres a las diez.
Podría aparecer en el local el sábado.
Podría verla.
Podría…
¿Y qué?
¿Llegar y decir qué?
“Hola, firmé quedarme pero no me gusta la idea de que seas feliz sin mí”.
Ridículo.
Me dejo caer en la silla.
Me paso la mano por el pelo.
—Estás fatal —murmuro.
El productor entra en la sala.
—Tenemos que cerrar el calendario de conciertos.
Claro.
Calendario.
Fechas.
Compromisos.
Y yo aquí mirando vuelos como si tuviera diecisiete años y no un contrato firmado.
Cuando salgo del estudio ya es de noche.
Vuelvo a abrir Instagram.
Error.
Hay otra historia.
Olivia grabando desde el suelo:
—Ellos son insoportables —dice enfocando a Harry y Ona discutiendo en broma sobre una letra.
Discuten riéndose.
No parece tensión.
Parece complicidad.
Y ahí es cuando me pasa.
No celos.
No rabia.
Miedo.
No a que la bese.
A que deje de necesitar que yo vuelva.
Abro la web otra vez.
El vuelo sigue ahí.
Viernes.
Pulso “continuar”.
Me pide datos.
Me quedo mirando la pantalla.
Mi dedo sobre el teclado.
Si compro esto, estoy rompiendo algo aquí.
Si no lo compro, quizá estoy rompiendo algo allí.
Y por primera vez desde que me fui,
no sé cuál de las dos cosas me da más miedo.