Para cuando vuelvas 59
73%

59

Marc

No fue una historia.

Fue un post.

Eso ya es diferente.

Las historias desaparecen.

Los posts se quedan.

Estoy en el estudio cuando vibra el móvil.

Descanso de diez minutos.

Abro Instagram casi sin pensar.

Y ahí está.

Foto fija.

Teatro iluminado detrás.

Cartel de Wicked gigante en verde.

Olivia delante haciendo una pose dramática.

Y detrás…

Harry y Ona.

No están pegados exageradamente.

No están besándose.

Pero están juntos.

Juntos de verdad.

Él tiene el brazo apoyado en el respaldo de su silla.

Ella está inclinada hacia él.

Sonrisa abierta.

Brillo en los ojos.

Y lo que me atraviesa no es la postura.

Es la expresión.

Leo el pie de foto.

“No sabía que una noche podía sentirse tan ligera”.

Ligera.

Otra vez esa palabra.

Veo los comentarios.

Clara ha puesto un corazón verde.

Joel ha puesto algo tipo: “Aprobado por la crítica exigente”.

No hay drama.

No hay secreto.

Es público.

Eso es lo que cambia todo.

No es una tarde casual.

No es ensayo improvisado.

Es plan.

Es recuerdo.

Es algo que quiere que se vea.

Amplío la imagen.

No para buscar beso.

Para buscar duda.

No la encuentro.

Se ve feliz.

Y por primera vez no pienso “está intentando superarme”.

Pienso:

Ya me superó un poco.

Cierro la aplicación.

La abro otra vez.

No sé por qué hacemos eso.

Como si la imagen fuera a cambiar.

Pero no cambia.

Sigue ahí.

Fija.

Permanente.

El productor asoma la cabeza.

—¿Vienes?

—Sí.

Dejo el móvil boca abajo.

Intento grabar.

Intento concentrarme.

Pero cada vez que cierro los ojos veo esa foto.

No por celos.

Por claridad.

Hay algo que ya no es provisional.

Hay algo que está avanzando sin pedirme permiso.

En el descanso siguiente vuelvo a mirarla.

Ona ha resubido una historia de Olivia.

Un vídeo cantando Defying Gravity fuera del teatro.

Harry grabando.

Ona riéndose.

Y lo que más me golpea es lo natural que parece todo.

No parece forzado.

No parece rebote.

Parece inicio.

Salgo a la calle antes de que termine la sesión.

Necesito aire.

Camino rápido.

El corazón me late demasiado fuerte para ser solo una foto.

Y ahí es cuando lo entiendo.

No estoy compitiendo con intensidad.

Estoy compitiendo con estabilidad.

Con presencia.

Con alguien que está ahí.

Y yo no.

Apoyo la espalda contra una pared y me río solo.

—Qué bien, Marc —murmuro—. Firmaste justo a tiempo.

Saco el móvil.

Abro la conversación con Joel.

No escribo.

La cierro.

No quiero sonar desesperado.

Pero lo estoy un poco.

No porque ella esté con alguien.

Porque está construyendo algo que yo no puedo interrumpir sin romperlo.

Y eso me deja en una posición que no conozco.

Por primera vez desde que me fui, no siento que esté en pausa.

Siento que estoy llegando tarde.

Y lo peor es que la decisión ya está firmada.