58
Ona
Cuando Harry me dijo que tenía tres entradas para Wicked , pensé que estaba bromeando.
—¿En serio? —pregunté.
—Olivia lleva meses insistiendo. Y conseguí una extra.
Me miró de esa forma medio inocente medio “por favor di que sí”.
—Eso no es justo —dije.
—¿Qué?
—Sabes que me encantan los musicales.
Sonrió.
—Exacto.
El teatro estaba lleno.
De esos llenos que hacen que el aire vibre antes incluso de empezar.
Olivia no se sentó. Se lanzó prácticamente a la butaca como si fuera a despegar.
—Si cantan mal me voy —anunció.
Harry y yo nos miramos y nos reímos.
Las luces bajaron.
Y cuando empezó la música… algo dentro de mí hizo clic.
Me encantan los musicales porque no esconden lo que sienten. Todo es más grande. Más intenso. Más obvio.
No hay medias tintas.
En el primer número, Olivia me agarró el brazo emocionada.
—¡Escucha esa nota!
Yo me reí.
Y entonces me di cuenta de algo.
No estaba pensando en nada más.
Ni en Londres cuando llegué.
Ni en llamadas largas.
Ni en si alguien volverá en septiembre.
Estaba ahí.
Cantando en susurros.
Sonriendo.
Ligera.
En el descanso, Olivia desapareció en busca de merchandising.
Harry se quedó a mi lado.
—Te brillan los ojos —dijo.
—Siempre que hay música en directo.
Me miró unos segundos más de lo normal.
No incómodo.
Intenso.
Pero suave.
—Me gusta verte así.
Y esa frase me hizo cosquillas por dentro.
No vértigo.
Cosquillas.
Cuando empezó Defying Gravity , Olivia casi lloró.
Yo también.
No por la canción.
Por lo que dice.
Por la sensación de elegir tu propio camino aunque duela.
Y ahí sí me llegó un recuerdo.
El sofá.
La manta.
Stranger Things sonando de fondo.
Una mano rodeándome los hombros.
Un momento donde todo parecía claro.
El recuerdo no dolió.
Eso fue lo raro.
No me rompió.
No me paralizó.
Simplemente pasó por mi cabeza.
Como cuando recuerdas algo bonito que ya fue.
Y sigues respirando.
Harry me miró cuando terminó el número.
—¿En qué piensas?
—En nada.
Podría haber mentido. Pero no lo hice.
—En que las cosas cambian más rápido de lo que creemos.
—Eso no suena triste.
—No lo es.
Y no lo era.
Salimos del teatro con la ciudad vibrando.
Olivia iba saltando delante de nosotros.
Harry caminaba a mi lado.
Muy cerca.
No me tocaba.
Pero sabía que si lo hacía, no me apartaría.
—Vale —dijo de repente—. Pregunta importante.
—Dime.
—¿Puedo besarte ahora… o eso arruina el momento teatral?
Me reí tan fuerte que una señora nos miró mal.
—Eres idiota.
—Lo sé. Pero necesito claridad.
Lo miré.
La luz del teatro todavía iluminaba la acera.
No había drama.
No había pasado interfiriendo.
Había presente.
Me acerqué primero.
No rápida.
No impulsiva.
Lo suficiente.
Y lo besé.
Fue suave.
Nervioso.
Corto.
Pero real.
No fue explosión.
Fue decisión.
Cuando me separé, Harry tenía esa sonrisa que mezcla alivio y sorpresa.
—Vale —dijo—. Esto ha sido oficialmente increíble.
Me reí.
Y esta vez, cuando un recuerdo intentó colarse…
No tuvo fuerza.
Porque no estaba comparando.
Estaba viviendo.
Y por primera vez en meses, no sentí que estuviera avanzando para olvidar.
Sentí que estaba avanzando porque quería.