Para cuando vuelvas 60
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Clara

La puerta suena a las once y media.

Eso ya me dice cosas.

Ona nunca vuelve tan tarde si no ha pasado algo.

Estoy en el sofá con el portátil abierto fingiendo que estudio. En realidad llevo veinte minutos mirando el mismo párrafo.

La puerta se abre.

Y entra.

No entra corriendo.

No entra dramática.

Entra… brillando.

No muy exagerado.

Pero sí distinto.

Se quita las zapatillas sin hablar.

Deja el bolso en la mesa.

Se queda de pie en medio del salón como si estuviera decidiendo si decir algo o no.

—Vale —digo cerrando el portátil—. Suéltalo.

Me mira.

Intenta mantener cara neutral.

No le sale.

—Hemos hablado.

—Eso no es suficiente información.

Se muerde el labio.

Mal síntoma.

—Somos… algo.

Parpadeo.

—¿Algo como qué?

—Como oficial.

Ahí está.

No sonrisa gigante.

No grito.

Pero sí un pequeño temblor en la voz.

Y eso me dice que no es broma.

Me levanto.

—¿Oficial oficial?

—Sí.

—¿Con etiqueta?

—Clara.

—Estoy aclarando.

Se deja caer en el sofá.

Se pasa la mano por el pelo.

—Me pidió que no fuera algo provisional.

Me siento frente a ella.

—¿Y tú?

Silencio.

No largo.

Pero suficiente.

—Le dije que sí.

Ahí es cuando lo siento.

No celos.

No preocupación inmediata.

Sino ese momento exacto en el que entiendes que la historia ha cambiado de dirección.

—¿Estás feliz? —pregunto.

No quiero asumir.

Ona piensa la respuesta.

Eso me sorprende.

—Sí.

Pero no suena eufórica.

Suena tranquila.

—Eso suena raro —digo.

—Es que no es película —responde—. Es… real.

Y eso me hace sonreír un poco.

Porque siempre hemos sido un poco demasiado intensos.

—¿Y cómo fue? —pregunto.

—Normal.

—Explícate.

—Después del musical fuimos a caminar. Me dijo que no quería ser transición. Que si iba a estar conmigo, quería estar bien.

Eso me gusta de Harry.

No es segundo plato.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que no estaba huyendo de nada.

La miro.

—¿Lo estás?

—No.

Responde rápido.

Eso me tranquiliza un poco.

—¿Y lo besaste?

Se pone roja.

Eso ya es respuesta.

—Clara.

—Estoy viviendo esto contigo.

Se ríe.

Y esa risa es distinta.

No nerviosa.

No forzada.

Más ligera.

Eso sí lo noto.

—¿Te acuerdas de cuando empezaste con Marc? —pregunto sin pensarlo demasiado.

Se queda callada un segundo.

—Sí.

—¿Se siente igual?

No me mira cuando responde.

—No.

Silencio.

—¿Peor?

Niega.

—Distinto.

Eso es lo que más me inquieta.

Porque distinto puede ser bueno.

Pero también puede ser temporal.

—No estoy comparando todo el rato —añade como si leyera mi mente—. De verdad que no.

—Te creo.

Y la creo.

Porque no la veo triste.

No la veo dividida.

La veo avanzando.

Después de un rato se levanta.

—Voy a ducharme.

Asiento.

La escucho cerrar la puerta de su habitación.

Y en cuanto el agua empieza a sonar, cojo el móvil.

Marco a Joel.

Contesta al segundo tono.

—¿Qué ha pasado?

—Es oficial.

Silencio.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Está bien?

—Está tranquila.

—Eso me preocupa más.

—A mí también.

Me levanto y camino hacia la ventana.

—No parece rebote —añado.

—No lo es.

—¿Crees que está enamorada?

Joel tarda más en responder esta vez.

—No todavía.

—¿Entonces?

—Está eligiendo avanzar.

Esa frase pesa.

—Marc no va a encajar bien esto —digo.

—Lo sé.

—¿Le has dicho algo?

—No.

—Joel.

—No voy a intervenir.

Resoplo.

—Esto va a explotar cuando vuelva.

—Sí.

Silencio.

La ciudad suena abajo.

—¿Tú qué opinas? —le pregunto.

Joel suspira.

—Opino que Harry no ha hecho nada mal. Que Ona no ha hecho nada mal. Y que Marc se fue.

Eso es tan simple que duele.

—¿Crees que todavía hay algo? —pregunto más bajo.

Joel no duda.

—Sí.

—¿Entonces?

—Entonces depende de quién llegue antes. El pasado… o el presente.

Cuelgo.

Me quedo mirando la puerta del baño.

Ona está dentro cantando bajito.

Algo de Wicked .

Y suena feliz.

No rota.

No indecisa.

Feliz.

Y eso es lo que más cambia el tablero.

Porque cuando alguien está feliz sin mirar atrás…

Volver ya no es suficiente.