Para cuando vuelvas 45
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Ona

Ella no estaba buscándolo.

Lo jura.

Clara no es de las que investigan.

Pero a veces el algoritmo decide por ti.

Estoy en Harrington’s en un descanso cuando Clara me llama desde la otra punta de la barra.

—Ona… ven un segundo.

Tiene esa voz de “esto no me gusta”.

Me acerco.

Joel está detrás del móvil.

Demasiado callado.

Eso ya es mala señal.

—¿Qué pasa?

Clara me enseña la pantalla.

Es un vídeo.

De hace años.

La portada dice: “El chico de Casi Caer pierde los papeles en Twitter.”

Mi estómago se aprieta.

No porque no conozca la historia.

Sino porque el chico del vídeo es Marc.

Más joven.

Más tenso.

Más arrogante.

Está leyendo comentarios en un directo antiguo. Se le nota molesto. Contesta mal. Responde con sarcasmo. Luego hay capturas de tweets eliminados. Respuestas defensivas. Un hilo enorme criticándolo.

Lo veo callada.

Joel apaga el sonido.

—Nos salió en recomendados —dice.

Como si eso ayudara.

Sigo mirando la pantalla.

Recuerdo la conversación en la cafetería.

“Mucho ego”. “Miradme sufrir”. “Luego la lió en redes”.

Es él.

Siempre fue él.

Y nunca me lo contó así.

—Ona —dice Clara.

Pero no estoy escuchando.

Estoy viendo la parte en la que él responde a una chica que lo critica. Le contesta de forma cruel. Innecesaria. Orgullosa.

No es el Marc que conozco.

Pero es él.

Y eso duele.

No porque haya cometido un error.

Porque me dejó fuera de esa parte.

Porque me dejó hablar de esa historia como si fuera ajena.

Porque me escuchó decir que el chico de esa canción sonaba egoísta… y no dijo nada.

Cierro el vídeo.

—¿Desde cuándo lo sabíais? —pregunto.

Joel levanta las manos.

—Yo sí lo sabía. Pero no así. No lo del directo completo.

Clara niega con la cabeza.

—Yo no.

Asiento despacio.

No estoy gritando.

Eso es lo peor.

—¿Estás enfadada? —pregunta Clara.

Pienso la respuesta.

—Estoy… decepcionada.

Más que antes.

Porque no es solo que se fuera.

Es que no me dio la opción de conocerlo entero.

Y yo sí le conté todo sobre mí.

Me apoyo en la barra.

Intento ordenar lo que siento.

No me molesta que tuviera un pasado.

Me molesta que no confiara en mí para sostenerlo.

Que prefiriera que lo descubriera por accidente.

Que me protegiera como si fuera frágil.

Y sobre todo…

Que cuando hablamos de ese chico, me dejara juzgarlo sin decir “soy yo”.

Eso sí duele.

—¿Vas a llamarlo? —pregunta Joel.

Lo pienso.

Mi primera reacción sería sí.

Pero algo dentro de mí está cansada de perseguir verdades a medias.

—No —digo finalmente.

Clara me mira sorprendida.

—¿No?

—Si quiere que lo sepa, me lo contará.

Y por primera vez en semanas,

no siento ganas de acercarme.

Siento ganas de esperar.

Y si no viene,

ya sabré lo que eso significa.