43
Ona
Cinco semanas no son eternas.
Pero tampoco son pequeñas.
Al principio contaba los días que faltaban.
Ahora cuento los días que pasan.
Y eso me da un poco de miedo.
Estoy en Harrington’s limpiando la barra cuando Clara me observa con esa cara suya de análisis profundo.
—Ya no miras el móvil cada cinco minutos —dice.
—Estoy trabajando.
—Antes también trabajabas.
No respondo.
Porque tiene razón.
Antes cualquier vibración me alteraba el pulso.
Ahora no.
No porque no me importe.
Porque me estoy acostumbrando.
Después del turno vamos al local.
Joel trae una idea nueva, exageradamente optimista como siempre.
Clara se burla.
Yo me siento al piano.
Empiezo a tocar sin pensar demasiado.
La melodía sale limpia.
Más firme.
Cuando canto el estribillo me doy cuenta de algo raro:
No estoy imaginando que él lo escucha.
No estoy esperando su reacción.
Solo estoy cantando.
Y eso me deja un silencio extraño por dentro.
Terminamos.
Joel aplaude exagerado.
—Eso ha sido diferente.
—¿Para bien? —pregunto.
—Para muy bien —dice Clara.
Me encojo de hombros.
Pero por dentro sé que tienen razón.
Estoy diferente.
No más fría.
Más centrada.
Cuando salimos del local, el aire de febrero ya no corta tanto.
Londres ya no es un sitio nuevo.
Es casa.
Y esa palabra pesa distinto ahora.
—Dime algo —dice Clara mientras caminamos—. Si volviera mañana ¿sería igual?
La pregunta me atraviesa.
No porque no lo quiera.
Porque no lo sé.
Me quedo mirando las luces de la ciudad un segundo más de lo normal.
—No lo sé.
—Eso no suena bien.
—No suena mal tampoco.
Es verdad.
No estoy enfadada.
No estoy dolida todo el tiempo.
Solo… más independiente.
Eso debería ser bueno.
Pero cuando alguien se va, crecer sola a veces significa dejar espacio que antes estaba ocupado.
Y no sé si cuando vuelva encajará igual.
Entramos en casa.
Me quito las zapatillas.
Dejo el lazo sobre la mesita.
Pequeños gestos que antes hacía pensando en contarlos.
Ahora no.
Me siento en la cama y miro el techo.
Todavía lo quiero.
Eso no ha cambiado.
Pero ya no estoy esperando cada minuto.
Y no sé si eso es fortaleza.
O el principio de soltar.