Para cuando vuelvas 36
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Ona

Me lo dice como si fuera algo pequeño.

Como si no importara.

Estamos sentados en el bordillo fuera de Harrington’s después del turno. Hace frío, pero no el suficiente como para irnos todavía.

—Oye —dice de repente—. Tengo que irme unos días.

Lo miro.

—¿Irte dónde?

—A España.

Tardo un segundo en procesarlo.

—¿España?

Asiente.

Demasiado rápido.

—Es… una cosa familiar. Urgente.

Urgente.

Esa palabra no me gusta.

—¿Está todo bien?

—Sí.

Demasiado automático.

—Entonces no es tan urgente.

Se ríe un poco.

Forzado.

—Ya sabes cómo son estas cosas.

No, no sé.

Pero no quiero sonar paranoica.

—¿Cuánto tiempo?

Duda.

—No mucho.

Eso tampoco me gusta.

No mucho no es una medida de tiempo.

—¿Una semana?

—Más o menos.

Más o menos.

Asiento.

No hago drama.

No quiero ser la novia intensa que complica algo familiar.

—Vale.

Me besa como si fuera normal.

Como si no acabara de cambiar algo.

Y me digo a mí misma que no estoy preocupada.

Joel no sabe disimular.

Eso lo aprendí hace semanas.

Estamos en el local de ensayo al día siguiente.

Marc ya se ha ido.

“Vuelo temprano”, dijo.

Joel está raro.

Más que de costumbre.

Se equivoca tres veces seguidas.

Mira el móvil cada cinco minutos.

Clara lo observa desde el otro lado del local.

Con esa cara que pone cuando está construyendo una teoría.

—¿Qué le pasa? —pregunta ella cuando paramos.

—Nada —dice Joel demasiado rápido.

Clara se levanta.

Camina hacia él.

—No sabes mentir.

—No estoy mintiendo.

—Joel.

Silencio.

Yo no digo nada.

Pero siento el estómago un poco más apretado.

Clara cruza los brazos.

—¿Es por lo de España?

Joel la mira.

Luego me mira a mí.

Se le nota todo en la cara.

Todo.

—¿Qué pasa con España? —pregunto.

Silencio.

Joel suspira.

—No es… exactamente familiar.

Mi corazón baja un piso.

—¿Entonces qué es?

Joel se pasa la mano por el pelo.

—Le escribió una productora por Ruido Azul.

El nombre de la canción cae entre nosotros como algo que no esperaba escuchar en esa frase.

—¿Qué tiene que ver eso con España?

Joel cierra los ojos un segundo.

—Quieren escucharlo en directo.

El mundo se queda demasiado quieto.

—¿A él? —pregunto.

—Sí.

Clara y yo nos miramos al mismo tiempo.

Algo encaja.

Demasiadas cosas encajan.

—¿Ruido Azul es suya? —pregunta Clara.

Joel no responde.

No hace falta.

Mi garganta se seca.

No porque sea famoso.

No porque la canción esté creciendo.

Sino porque no me lo dijo.

No me dijo nada.

—¿Desde cuándo lo sabes? —pregunto a Joel.

—Desde hace semanas.

Semanas.

Clara da un paso atrás.

—¿Y nos lo estabais ocultando?

—Él quería esperar.

Esperar a qué.

A que fuera más grande.

A que fuera irreversible.

A que yo me enterara por otro lado.

No estoy enfadada todavía.

Estoy… decepcionada.

Eso es peor.

—Se va más de una semana, ¿verdad? —pregunta Clara.

Joel no responde.

Otra vez.

Y eso ya es respuesta.

Siento algo raro en el pecho.

No es celos.

No es orgullo herido.

Es la sensación de que alguien tomó una decisión importante y me dejó fuera.

Y eso duele más que cualquier despedida.