35
Marc
Llego al local antes que nadie.
No porque tenga prisa.
Porque necesito cinco minutos solo.
El mensaje sigue en el móvil.
Lo leo otra vez.
“Nos gustaría escucharte en directo.”
No pone nombre.
No pone condiciones.
Pero sé lo que significa.
Si me escuchan en directo, no hay anonimato.
No hay esconderse detrás de un perfil vacío.
Hay cara.
Hay pasado.
Respiro hondo.
Escribo una respuesta corta.
Acepto la reunión.
Nada más.
Guardo el móvil.
Cuando entran Clara y Joel, ya tengo la expresión neutral puesta.
—Hoy vengo concentrado —dice Joel como si fuera amenaza.
—Eso nunca es verdad —responde Clara.
Ona entra detrás.
Me mira.
Sonríe.
Y durante un segundo pienso que debería decirle algo.
Pero no sé qué.
No quiero contarle algo que aún no es real.
No quiero preocuparla por algo que ni siquiera sé si va a salir bien.
—¿Empezamos? —dice ella sentándose al piano.
Asiento.
Tocamos.
La canción nueva fluye mejor.
Hay algo distinto desde Primrose Hill.
Más fácil.
Más seguro.
Ella canta el estribillo y me mira como esperando reacción.
—Eso sí —le digo.
—Eso sí qué.
—Eso sí es bueno.
Se ríe.
Clara aplaude exageradamente.
Joel desafina aposta.
Todo normal.
Todo igual.
Mi móvil vibra en el bolsillo.
No lo saco.
No ahora.
Terminamos el ensayo sentados en el suelo.
Clara habla de un cliente insoportable.
Joel cuenta algo absurdo del bar.
Ona apoya la cabeza en mi hombro sin pensar.
Natural.
Mi móvil vuelve a vibrar.
Lo saco solo para silenciarlo.
Y en la pantalla, un segundo visible:
“Propuesta adjunta.”
Bloqueo rápido.
Demasiado rápido.
Ona lo nota.
No dice nada.
Pero lo nota.
—¿Todo bien? —pregunta.
—Sí.
Esta vez no suena tan forzado.
Porque no es mentira completa.
Todo está bien.
Todavía.
—Estás muy callado hoy —añade.
—Estoy cansado.
Eso sí es verdad.
Pero no por lo que creen.
Ella asiente.
No insiste.
Confía.
Y eso me pesa un poco.
Porque sé que en algún momento tendré que contarle algo.
Pero todavía no.
Todavía puedo sostener las dos cosas separadas.
La música.
Y lo que empieza a crecer fuera de ella.