34
Marc
No pensé que me afectaría tanto escuchar comparaciones.
No cuando ya han pasado años.
No cuando ya me fui.
Pero ahora que Ruido Azul está en todas partes, todo vuelve mezclado.
No porque la gente sepa que soy yo.
Sino porque yo lo sé.
Estoy en el metro mirando el móvil otra vez.
No porque quiera.
Porque vibra cada cinco minutos.
Comentarios nuevos.
Mensajes privados.
Un par de cuentas más grandes usando el audio.
Joel me mira de reojo.
—Vas a agujerear la pantalla.
—No.
—Sí.
Guardo el móvil.
—¿Te han escrito cosas raras? —pregunta.
—No.
Mentira pequeña.
No raras.
Pero sí más serias.
Ayer recibí un mensaje de una cuenta verificada.
No lo abrí hasta que estuve solo.
No respondí.
Todavía no.
No sé qué significa responder.
No sé si quiero que signifique algo.
Cuando entro en Harrington’s, Ona está riéndose con Clara por algo absurdo.
Me mira.
Sonríe.
Y durante medio segundo todo lo demás baja de volumen.
—Llegas tarde —dice.
—Cinco minutos.
—Eso es tarde.
Me acerco a la barra.
Intento estar aquí.
No en el móvil.
Aquí.
—¿Ensayo luego? —pregunta.
—Claro.
Y lo digo en serio.
Quiero estar en el local.
Quiero tocar.
Quiero que eso siga siendo normal.
Pero el móvil vibra otra vez.
No lo saco.
Ona lo nota.
No dice nada.
Solo lo nota.
Y eso me pone más nervioso que cualquier notificación.
Más tarde, cuando estoy solo en la calle camino a casa, lo abro.
El mensaje sigue ahí.
La cuenta es real.
No es fan.
No es troll.
Es una productora pequeña, pero conocida.
Camino más despacio.
Mi cabeza empieza a hacer listas.
Si respondo, esto deja de ser solo una canción anónima.
Si no respondo, puede que pierda algo que he querido durante años.
Pero ahora ya no estoy solo.
Y eso cambia todo.
Ona me escribe.

Sonrío.

Yo también.
Pero no sé si el ensayo será suficiente si esto se vuelve más grande.
Escribo y borro tres veces antes de enviar:
No le cuento lo del mensaje.
No porque no quiera.
Porque todavía no sé qué es.
Y no quiero convertir algo pequeño en algo que nos pese antes de tiempo.
Guardo el móvil.
Miro la ciudad.
Londres no parece tan gigante como el primer día.
Pero empieza a sentirse más complicada.
Y no sé cuánto tiempo podré mantener separadas las dos partes de mi vida.