Para cuando vuelvas 33
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Ona

No sé qué le pasa.

No es que esté distante.

No es que esté raro conmigo.

Es más bien como si estuviera en otro sitio por momentos.

Hoy en el ensayo se quedó mirando el móvil más de lo normal.

No muchísimo.

Pero lo suficiente para que yo lo note.

Y yo lo noto todo.

—Te estás rayando —dice Clara cuando llegamos a casa.

—No me estoy rayando.

—Te estás rayando un poco.

Me tiro en el sofá.

—Solo digo que está como… distraído.

Clara se quita las botas y me mira.

—¿Por qué?

—No sé. Igual por la canción.

—¿Ruido Azul?

Asiento.

—Está en todas partes últimamente.

—Ya, pero eso no tiene nada que ver con él.

—Ya lo sé.

Silencio.

Me incorporo un poco.

—Pero le afecta. Se queda pensando cuando la escucha.

Clara frunce el ceño.

—Bueno, es normal. Es la canción del momento. A todo el mundo le remueve algo.

Asiento.

Quizá estoy exagerando.

—Vale, cambio de tema —dice Clara de repente—. Plan noche de chicas.

—¿Ahora?

—Ahora.

—¿Y ellos?

—Joel tiene turno temprano. Y Marc necesita espacio si está pensando en cosas raras.

No sé si eso me tranquiliza o me molesta.

Pero acepto.

Una hora después estamos en un sitio pequeño en Camden, compartiendo nachos y hablando demasiado alto.

—Vale —dice Clara—. Tema uno: tú y Marc ya no sois discretos.

—Somos bastante discretos.

—Ona.

—Vale. Un poco menos.

Clara sonríe.

—Te gusta mucho.

—Sí.

Lo digo sin miedo.

Se siente bien.

—¿Y él?

—También.

—Eso está claro.

Clara bebe un sorbo.

—Pero no sabemos casi nada de su pasado.

Me quedo pensando.

—Sabemos que vivía en España.

—Sabemos que vino para empezar de cero.

—Sabemos que algo no salió bien allí.

—Pero no sabemos qué.

Tiene razón.

Nunca he preguntado directamente.

Porque parecía algo que dolía.

—Tampoco sabemos mucho de Joel —añade Clara.

Me río.

—Joel parece hablar todo el rato.

—Sí, pero no cuenta nada importante.

Eso también es verdad.

—Sabemos que trabajaba en algo que odiaba.

—Sabemos que decidió venirse sin plan.

—Pero no sabemos qué dejó exactamente.

Silencio pequeño.

—¿Te preocupa? —pregunta Clara.

—No.

Y luego:

—Un poco.

—¿Por qué?

—Porque cuando alguien quiere empezar de cero tan fuerte… suele ser porque algo fue demasiado.

Clara me mira más seria ahora.

—No puedes imaginar lo peor sin pruebas.

—No lo estoy haciendo.

—Un poco sí.

Suspiro.

—Solo quiero que esté bien.

—Entonces pregúntale cuando sea el momento.

Asiento.

Tiene razón.

No quiero ser la persona que investiga.

Quiero ser la persona a la que le cuentan las cosas.

Clara sonríe de nuevo.

—Vale. Tema dos: Joel.

Me río.

—¿Qué pasa con Joel?

—No sé si me cae bien o si me desespera.

—Las dos cosas pueden coexistir.

—Es demasiado optimista.

—Eso no es malo.

—No. Pero me da la sensación de que no se toma nada en serio.

—Se tomó lo de venir aquí en serio.

Clara se queda pensando.

—Sí.

—Y se quedó.

Eso la hace sonreír un poco.

—Vale, eso suma puntos.

Nos quedamos un rato más hablando de cosas absurdas.

Riendo.

Exagerando teorías.

Y por primera vez desde que noté a Marc más distraído, me relajo.

Quizá no es algo grave.

Quizá solo está pensando.

Y no todo lo que alguien piensa es una amenaza.