Para cuando vuelvas 29
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Ona

No fue planificado.

Pero ya casi lo es.

—Último capítulo y me voy —dice Clara mientras abre la puerta.

Joel entra detrás con una bolsa de patatas enorme.

—Mentira número uno de la noche.

Marc me mira desde el pasillo.

No dice nada.

Pero ya sabemos cómo va esto.

Nos acomodamos como siempre.

Clara en el suelo. Joel a su lado.

Yo en el sofá.

Marc se sienta.

Esta vez no hay espacio exagerado entre nosotros.

No porque no quepa.

Porque no lo dejamos.

Empieza el capítulo.

La habitación está a oscuras. La única luz es la tele parpadeando azul.

Clara comenta algo sobre un personaje.

Joel responde.

Se ríen.

Yo siento la rodilla de Marc contra la mía.

No se aparta.

Yo tampoco.

A mitad del episodio, Clara se queja de que tiene frío.

—Coge la manta —dice Joel.

—Es muy pequeña.

—Compartimos.

Ella pone los ojos en blanco pero acepta.

Yo miro la manta doblada en el respaldo del sofá.

Marc la coge antes de que lo haga.

La coloca sobre los dos.

No exagerado.

Natural.

Su brazo queda apoyado detrás de mi espalda.

No me toca directamente.

Pero lo siento.

Mi corazón late más rápido de lo que debería por estar viendo una serie que ya he visto tres veces.

Clara bosteza.

—No estoy cansada —dice.

Joel se ríe.

—Claro.

Diez minutos después, Clara está medio dormida.

Joel intenta seguir despierto.

Fracasa.

Silencio.

La tele sigue.

La escena es intensa.

Yo no estoy mirando.

Estoy consciente de que su brazo, ahora sí, roza mi hombro.

Me muevo apenas.

Solo un poco.

Lo suficiente para que mi cabeza quede apoyada contra él.

No se tensa.

No duda.

Simplemente baja la mano hasta mi brazo.

No es abrazo fuerte.

Es contacto.

Tranquilo.

Seguro.

Mi respiración se sincroniza sin querer con la suya.

Siento su pulso bajo la tela.

La manta cubre nuestras piernas.

Mi mano queda entre nosotros.

Él la busca.

Despacio.

Entrelaza los dedos con los míos.

Y esta vez no es nervioso.

Es decidido.

Cierro los ojos un segundo.

No estoy dormida.

Solo estoy sintiendo.

—Ona —susurra.

—¿Sí?

—Nada.

Sonrío sin abrir los ojos.

—Cobarde.

Lo siento reír contra mi pelo.

La tele cambia de escena.

Clara se mueve en el suelo.

Joel murmura algo inentendible.

Pero nosotros seguimos ahí.

Más cerca que la otra vez.

Más conscientes.

No es torpe.

No es accidental.

Es elegido.

Al final del episodio, nadie se mueve.

Marc inclina un poco la cabeza.

Sus labios rozan mi sien.

No es beso grande.

Es pequeño.

Y eso lo hace peor.

En el buen sentido.

—Esto es mejor que el sofá del otro día —murmura.

—Mucho mejor.

La manta se desliza un poco más.

Mi mano sigue entrelazada con la suya.

Y por primera vez, no siento que estemos jugando a algo.

Estamos dentro de algo.

Y no quiero salir.