19
Ona
Me despierto porque alguien se mueve.
No de golpe.
Despacio.
Como si intentara no hacer ruido.
Tardo unos segundos en entender dónde estoy.
No estoy en mi habitación.
No estoy en mi cama.
Hay algo firme debajo de mi mejilla.
Caliente.
Respiro.
Sudadera.
Huele… bien.
Abro los ojos lentamente.
Lo primero que veo es tela gris.
Lo segundo, una barbilla.
Lo tercero… Marc.
Mi cerebro tarda exactamente tres segundos en entrar en pánico.
Estoy apoyada en su pecho.
Mi brazo está cruzado sobre su torso como si esto fuera completamente normal.
Y él está despierto.
Mirándome.
No sonríe exagerado.
Pero tampoco parece sorprendido.
—Buenos días —dice en voz baja.
Quiero desaparecer.
—¿Me quedé dormida?
—Un poco.
Un poco.
Claro.
Me incorporo demasiado rápido.
El sofá hace un ruido horrible.
Clara se mueve en el suelo.
Joel también.
Genial.
Me paso la mano por el pelo.
El lazo sigue ahí, milagrosamente.
—Lo siento —murmuro.
—No tienes que pedir perdón —dice él.
Eso no ayuda.
Miro alrededor.
Clara sigue medio dormida, apoyada en el hombro de Joel.
Joel tiene el cuello torcido en un ángulo ilegal.
La tele sigue en pausa en el menú de Stranger Things.
La luz entra por la ventana. Es esa luz gris clara de febrero que no calienta pero sí despierta.
Me levanto.
—Voy a… —no termino la frase porque no sé qué iba a hacer.
—¿Huir? —dice Marc.
Le miro.
—No.
—Vale.
Se levanta también.
Demasiado alto para este salón.
Clara abre un ojo.
Nos mira.
Sonríe.
Sonríe demasiado.
—Interesante disposición matinal —murmura.
—Cállate —digo.
Joel intenta incorporarse.
Fracasa.
—¿He dormido en el suelo? —pregunta.
—Sí —dice Clara—. Por elección propia.
—Eso no es verdad.
Voy a la cocina solo para tener algo que hacer.
Necesito café.
O agua.
O reiniciar mi cerebro.
Escucho pasos detrás.
Marc aparece apoyándose en la puerta.
—No estaba incómodo —dice.
—¿El qué?
—Dormir así.
Eso no ayuda nada.
—Yo sí —respondo, mintiendo un poco.
Se cruza de brazos.
—No lo parecía.
Lo fulmino con la mirada.
—No vuelvas a decir eso delante de Clara.
—Anotado.
Silencio.
Distinto al de anoche.
Más consciente.
Clara entra a la cocina.
—Vale. Reunión urgente.
—No hay reunión —digo.
—Sí la hay.
Joel aparece detrás.
—¿Tenemos café?
—Estamos trabajando en ello.
Clara nos mira a Marc y a mí.
—¿Entonces?
—Entonces nada —digo demasiado rápido.
—Entonces algo —corrige ella.
Marc se ríe.
—Solo vimos la serie.
—Muy cerca —dice Clara.
—Hacía frío —respondo.
Joel levanta la mano.
—Confirmo. Hacía frío.
Clara le da un golpe suave.
—No ayudas.
Me sirvo café solo para no mirarlos.
Pero cuando levanto la vista, Marc me está mirando.
No con burla.
No con presión.
Con algo más tranquilo.
—¿Repetimos esta noche? —pregunta Joel.
—¿Dormir en el suelo? —dice Clara.
—Ver serie —corrige él.
Marc me mira.
No responde por mí.
Eso me gusta.
—Hoy no —digo.
—Mañana entonces —dice Clara.
Y lo dice como si fuera obvio que va a haber más días así.
Me apoyo en la encimera.
Siento algo diferente.
No es nervios.
No es vergüenza.
Es la sensación de que algo cambió mientras dormíamos.
Y que ninguno lo va a decir en voz alta todavía.
Pero está ahí.