18
Marc
No sé en qué momento “ensayar un rato” se convirtió en volver al piso de ellas otra vez.
—Último capítulo y nos vamos —dice Joel abriendo la puerta del salón.
Clara se ríe.
—Eso dijiste ayer.
—Hoy lo digo en serio.
No lo dice en serio.
El piso está más desordenado que la última vez. Hay una sudadera en el respaldo del sofá, cables en el suelo y una taza que, claramente, lleva más de un día ahí.
Me gusta.
Se siente vivido.
Ona deja el móvil sobre la mesa.
—Capítulo cinco —dice—. Pero nadie habla en escenas importantes.
—Dictadura otra vez —murmura Joel.
Nos acomodamos como podemos.
Clara en el suelo con cojines. Joel a su lado, apoyado contra el sofá.
Yo me siento primero.
Ona duda medio segundo.
Luego se sienta a mi lado.
No demasiado cerca.
Pero tampoco lejos.
Empieza el capítulo.
La luz de la tele es lo único que ilumina la habitación. Afuera hace frío, pero dentro el aire está caliente.
Clara comenta algo en voz baja.
Joel responde.
Se ríen.
Ona no dice nada.
Está concentrada.
A mitad del episodio, Clara bosteza.
—No estoy cansada —dice inmediatamente.
—Eso lo dicen los que se van a dormir en tres minutos —responde Joel.
Cinco minutos después, Clara tiene la cabeza apoyada en el hombro de Joel.
Él intenta seguir despierto.
Fracasa.
Se queda quieto para no despertarla.
La escena en la tele se vuelve más intensa.
Ona se mueve un poco.
Sus rodillas rozan las mías.
No se aparta.
Yo tampoco.
Un rato después, siento su hombro tocar el mío.
Muy leve.
Podría separarme.
No lo hago.
Su respiración se vuelve más lenta.
Inclina la cabeza apenas.
Termina apoyándola en mi pecho como si hubiera sido lo más natural del mundo.
Me quedo completamente quieto.
No quiero moverme.
No quiero hacer nada que rompa esto.
Huele a su champú. Algo suave.
La manta que estaba en el sofá se desliza un poco.
La cojo con cuidado.
La coloco sobre sus hombros.
No se despierta.
En la tele hay una escena importante.
No estoy mirando.
Estoy mirando cómo su mano se queda apoyada contra mi sudadera.
Pequeña.
Tranquila.
Joel abre un ojo desde el suelo.
Me mira.
Levanta el pulgar muy despacio.
Le saco el dedo corazón en silencio.
Vuelve a cerrar los ojos.
El capítulo termina.
Nadie se mueve.
Miro el reloj.
Es tarde.
Demasiado tarde para coger el metro.
Demasiado tarde para fingir que no queremos quedarnos.
—Marc —susurra Joel sin moverse—. Nos vamos a quedar, ¿no?
Asiento muy leve.
No quiero despertarla.
Clara sigue dormida apoyada en él.
La tele sigue reproduciendo el siguiente episodio sola.
Ona se mueve un poco más.
Se acurruca más contra mí.
Como si estuviera buscando calor.
Y siento algo peligroso.
No adrenalina.
No nervios.
Algo más tranquilo.
Más firme.
No quiero que este momento termine.
No quiero moverme nunca.
La pantalla ilumina su cara.
El lazo blanco sigue en su coleta.
Pienso que nunca había estado tan cómodo sin hacer absolutamente nada.
Y por primera vez desde que llegué a Londres, no estoy pensando en empezar de cero.
Estoy pensando en quedarme.