Para cuando vuelvas 17
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Ona

El local de ensayo siempre huele a humedad y cables calientes.

Y hoy huele también a nervios.

—No te pongas intensa —dice Clara nada más verme entrar.

—No estoy intensa.

—Tienes cara de intensa.

—Tú tienes cara de caos.

—Correcto.

Dejo la mochila en el suelo. Estoy intentando fingir que esto es normal. Que Marc y Joel vienen a ensayar como si lo hubieran hecho mil veces antes.

Pero no lo han hecho.

Es la primera vez.

Y eso se nota.

Cinco minutos después entran.

Joel saluda como si fuera dueño del sitio.

—Vale, este sitio es feo pero con personalidad.

—Eso es un cumplido —dice Clara.

Marc no habla mucho. Mira el piano. Mira el micro. Mira el suelo lleno de cables.

—¿Siempre trabajáis aquí? —pregunta.

—Cuando el mundo nos odia, sí —responde Clara.

Me siento al piano.

—Vale —dice Joel—. ¿Plan?

—Improvisar —dice Clara.

—Eso nunca es plan.

—Siempre es plan.

Marc se sienta con la guitarra.

Me mira.

—¿Empiezas tú?

Odio que me pregunte eso porque ahora siento que tengo que empezar bien.

—No me juzgues —digo.

—Nunca.

Mentira.

Empiezo con una progresión sencilla. Nada dramático. Nada profundo. Solo algo que fluya.

Clara entra con el bajo un segundo tarde.

—Eso no era ahí —digo.

—Era versión alternativa.

Joel aplaude lento.

—Me encanta el caos creativo.

Marc entra con acordes suaves. Encaja demasiado fácil.

—Vale —dice Clara—. Eso ha sido sospechosamente bueno.

—Repite —dice Joel.

Repetimos.

Marc canta algo encima.

No letra cerrada. Palabras sueltas.

Yo me quedo mirándolo.

—Eso no rima —le digo.

—No tiene que rimar.

—Sí tiene.

—No siempre.

Clara interviene.

—Equipo Ona. Tiene que rimar.

—Traición —dice Joel.

Me río.

Marc vuelve a empezar.

Esta vez intento meterme en el segundo verso.

Me equivoco.

—Eso no era tu tono —dice Clara.

—Lo sé.

—Pues no lo hagas.

—Gracias por el apoyo emocional.

Volvemos.

Esta vez nuestras voces entran al mismo tiempo sin haberlo planeado.

Y ahí pasa.

No es mágico.

No se para el tiempo.

Pero todos nos quedamos un segundo en silencio después.

—Vale —dice Joel despacio—. Eso sí ha sido algo.

Clara me mira.

No sonríe exagerado.

Sonríe de verdad.

—Otra vez.

Marc me mira como preguntando sin hablar.

Asiento.

Repetimos.

Más fuerte.

Más seguros.

A mitad de la canción se me olvida la letra.

—¡No sé qué iba ahí! —digo riéndome.

—Invéntalo —dice él.

Improviso algo absurdo.

Joel empieza a aplaudir en medio.

Clara se une.

La canción se descontrola.

Terminamos riéndonos.

Estoy respirando rápido.

No por esfuerzo.

Por adrenalina.

—Eso ha sido divertido —dice Marc.

—Eso ha sido un desastre organizado —dice Clara.

—Eso ha sido nuestro —dice Joel.

Silencio pequeño.

No incómodo.

Solo consciente.

Me levanto del piano.

—Vale. Pero la próxima vez traes letra de verdad.

Marc levanta la ceja.

—¿Me estás mandando deberes?

—Sí.

—Eso es muy autoritario.

—Seré más pequeña que tú, pero mando yo.

Se ríe.

—Vale.

Nos sentamos en el suelo al final del ensayo.

Sudaderas tiradas. Botellas de agua rodando.

—Esto es mejor que tocar solos —dice Joel.

—No digas eso delante de tu ego —responde Clara.

Marc me mira.

—Mañana seguimos.

No es pregunta.

Es afirmación.

Y por primera vez no siento que estemos compitiendo.

Siento que estamos construyendo algo.

Y eso me da más vértigo que cualquier mirada en el bar.

Pero esta vez no quiero salir corriendo.