Para cuando vuelvas 16
21%

16

Marc

Joel se deja caer en el sofá nada más llegar.

—Vale —dice—. Ya está.

—¿Ya está qué?

—Te gusta.

—No.

—Sí.

—Cállate.

Se ríe.

—Es diferente cuando te gusta alguien que te escucha cantar de verdad.

Eso me deja callado.

No respondo.

Me meto en mi habitación.

Me tumbo en la cama sin quitarme la sudadera.

No tengo sueño.

Cojo el móvil.

No escribo.

Lo desbloqueo. Lo bloqueo. Lo vuelvo a desbloquear.

Mensaje nuevo.

Ona.





Sonrío sin querer.





Escribo. Borro. Escribo otra vez.

Tardo diez segundos en enviarlo.

Demasiado.

Respuesta casi inmediata.

Silencio.

Miro el techo.

No sé qué decir sin sonar demasiado.

Escribo:

Tardo en enviarlo.

Lo hago igual.

Pasan unos segundos más largos de lo normal.



Esta vez tarda más.

Me arrepiento un poco.

Demasiado intenso.

Pero entonces:

Trago saliva.





No sé qué contestar a eso.

No quiero responder algo fácil.

Escribo:

Silencio.

Luego:



Sonrío.

 



Me río solo.

Joel grita desde el salón:

—¿Le estás escribiendo?

—No.

—Sí.

Apago la luz.

Pero no el móvil.

Y por primera vez desde que llegué a Londres, no estoy mirando el contador de escuchas antes de dormir.

Estoy esperando que vibre otra vez.