14
Marc
Joel no entiende el concepto de “pasar desapercibidos”.
—Vamos a entrar como clientes normales —le digo antes de abrir la puerta.
—Eso es aburrido.
—Es lo que hace la gente normal.
—No somos normales.
Suspira teatralmente y empuja la puerta de Harrington’s como si fuera el protagonista de algo.
El sitio está lleno. Música alta. Gente esperando cafés. Caos organizado.
Y entonces las veo.
Clara y Ona detrás de la barra, vestidas casi igual.
Vaqueros rectos azules. Converse. Clara en negro. Ona en blanco.
No sé por qué eso me parece adorable.
—Coordinación estratégica —murmura Joel.
—Claramente.
Ona nos ve primero. Intenta no sonreír demasiado. No lo consigue del todo.
Clara pone los ojos en blanco como si ya supiera que hemos venido a molestar.
Nos apoyamos en la barra.
—Hemos vuelto a evaluar la calidad del café —dice Joel.
—No necesitábamos auditoría —responde Clara.
Ona se acerca con el datáfono.
—¿Qué queréis?
—Recomendación experta —dice Joel.
Ella me mira.
—Flat white.
—Perfecto.
La observo mientras prepara el café.
No parece nerviosa hoy.
Se mueve rápido, segura, hablando con clientes sin perder el ritmo.
No es la chica pequeña que parecía dudar el primer día.
Es… firme.
—Te estás quedando mirando —dice Joel en voz baja.
—No.
—Sí.
—Cállate.
Cuando nos da el café, nuestras manos se rozan un segundo.
No es accidental.
No lo retiro rápido.
Ella tampoco.
—No está mal —le digo después de probar.
—Eso suena sospechoso.
—Es un cumplido.
Trata de controlar su sonrisa, pero algo le cambia en la cara.
La música cambia.
Taylor Swift.
Clara la mira.
—Hazlo.
Ona duda medio segundo.
Y luego va hacia el piano.
Joel me mira como si fuera un momento importante.
Empieza a tocar.
No canta como el primer día que la vi.
No canta enfadada.
No canta insegura.
Canta como si ya hubiera decidido que el espacio es suyo.
Y eso me deja quieto.
Hay algo peligroso en ver a alguien empezar a creer en sí mismo.
Porque te obliga a preguntarte si tú también lo estás haciendo.
La gente aplaude más fuerte que otras veces.
Ella vuelve a la barra intentando parecer normal.
No lo está.
Se le nota en los ojos.
—Cada vez cantas menos con miedo —le digo sin pensar demasiado.
No sé por qué lo digo.
Pero es verdad.
Me mira.
—¿Eso es bueno?
—Es real.
Clara nos observa como si estuviera tomando notas mentales.
Joel intenta parecer indiferente. No lo consigue.
El local sigue ruidoso. Gente entrando y saliendo.
Pero yo no estoy pensando en la canción que subí.
No estoy pensando en números.
Estoy pensando en cómo ha cambiado su voz en solo unos días.
Y en que, sin decirlo en voz alta, sé que tiene que ver con que estamos aquí.
Joel me da un codazo.
—Estás perdido.
—No.
—Sí.
Miro a Ona otra vez.
Ella se está riendo con Clara por algo que ha dicho un cliente.
No está mirándome.
Y, aun así, sé que si me voy ahora, volveré mañana.
No por el café.
Por ella.