Para cuando vuelvas 9
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Ona

Clara siempre sube las cuestas como si alguien la estuviera persiguiendo.

Yo no.

Yo camino normal.

Marc tampoco corre. Eso me tranquiliza un poco.

Primrose Hill está lleno. Gente con mantas, cámaras, parejas que, evidentemente, han venido a tener “momento Instagram”.

—¡El último paga el café! —grita Clara.

—¡Eso no es justo! —responde Joel.

Pero los dos salen disparados igual.

Me quedo atrás con Marc.

No porque lo haya planeado.

Solo porque ha pasado.

—Siempre compite así —le digo.

—Joel también.

—Entonces se van a llevar bien.

—O se van a odiar.

Sonrío.

Llegamos arriba y la vista es… increíble. Londres parece más suave desde lejos. Como si no hiciera tanto ruido.

Clara ya está discutiendo con Joel sobre quién llegó primero.

Marc dice que ella.

Clara le mira como si acabara de ganar algo importante.

Yo le miro a él.

No sé por qué ha dicho eso.

Nos sentamos en el césped.

El viento mueve el lazo que llevo hoy. Azul claro. Lo elegí sin pensar, pero ahora soy consciente de él. Ridículo.

—Entonces, te gusta Londres ¿no? —le pregunto.

No sé por qué me importa la respuesta.

—Más de lo que esperaba —dice.

Eso me hace sentir rara.

Porque cuando yo llegué no fue así. Yo tardé meses en sentir que no estaba de visita.

—¿Y a ti? —pregunta.

Miro la ciudad.

—Me da miedo no hacer nada en ella.

No sé por qué le digo eso.

No suelo decirlo.

Él no se ríe.

No cambia de tema.

Solo asiente.

Eso me gusta más de lo que debería.

Joel se tumba en el césped y empieza el debate serio.

—Serie favorita.

—Stranger Things —decimos Clara y yo al mismo tiempo.

Marc levanta la cabeza.

—La tercera temporada es la mejor.

Me giro hacia él.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Clara y Joel empiezan a gritar opiniones.

Pero yo me quedo mirándolo.

No discute por ganar.

Discute porque le importa.

Eso también me gusta.

El sol baja más. Todo se pone naranja. Exagerado, otra vez.

Clara saca el móvil.

—Foto oficial.

Nos juntamos.

Joel pasa el brazo por los hombros de Clara. Ella hace como que protesta, pero no se aparta.

Marc se acerca.

No me toca.

Pero está lo suficientemente cerca para que lo note.

La primera foto sale mal. Nos reímos.

En la segunda, cuando el móvil baja, nuestras manos se rozan.

Podría apartarla.

No lo hago.

Él tampoco.

No es un gesto enorme.

Pero tampoco es accidente.

—Siguiente parada: comida —dice Clara levantándose.

Bajamos la colina.

Marc camina a mi lado otra vez.

—Me alegro de haber venido —dice.

No sé por qué eso hace que sienta un pequeño vértigo.

—Yo también.

Hay un silencio.

No incómodo.

Solo lleno.

—No pensé que Londres pudiera sentirse así tan rápido —añado.

—¿Así cómo?

Pienso.

—Menos sola.

Lo digo sin mirarlo.

Y cuando levanto la vista, él no está sonriendo.

Está serio.

Como si hubiera entendido algo que no he explicado.

—Yo tampoco —dice.

Y no sé qué es lo que está empezando exactamente.

Pero sé que ya no es solo un chico rubio que aparece en un bar.

Y eso me da un poco de miedo.

Pero del bueno.