CAPÍTULO 74
PANTERA
Estoy sentado en el porche de mi cabaña, con la noche cayendo suave sobre los pinos.
Bagheera está acurrucada a mis pies, ronroneando bajito mientras le paso los dedos por el pelaje negro y brillante del lomo.
La acaricio despacio, sintiendo cómo se relaja, domesticada solo para mí.
Es la misma que hace unas horas desgarró carne humana con los dientes y ahora parece un gato grande y satisfecho.
Le rasco detrás de las orejas y ella entrecierra los ojos de puro placer.
—Ve a cazar, preciosa —susurro—. La dejaremos a solas un rato —me refiero a Maia.
Se levanta sin prisa, me roza la pierna con la cabeza y desaparece entre los árboles con ese andar sigiloso y letal que tanto me gusta. Observarla es puro espectáculo.
Me quedo de pie, un poco apartado, mirando a través de la ventana iluminada de la cabaña.
Dentro, mi chica y su madre se abrazan como si no quisieran soltarse nunca más.
Maia la envuelve con los brazos, la cabeza apoyada en su hombro, y la madre le acaricia el pelo una y otra vez, con una ternura desesperada.
Ha pasado años sin saber si volvería a tocar a su hija.
Las dos empiezan a llorar casi al mismo tiempo.
Se abrazan más fuerte, se balancean juntas, el mundo entero se reduce a ese contacto en este momento.
Me apoyo en el tronco de un pino, cruzado de brazos, y las observo desde la penumbra. Recuerdo la conversación que tuvimos en el coche, antes de llegar aquí. Ella miraba por la ventana, con las manos aún temblando. Ya se había lavado toda la sangre en un área de servicio.
—No le contaré todo, ¿vale? —me dijo en voz baja—. No hace falta que sepa lo peor. Le diré que nos secuestraron, que logramos escapar, pero no los detalles. No quiero que cargue con eso.
Yo solo asentí, le apreté la rodilla y le dije que haría lo que ella necesitara.
Se había limpiado hasta la última gota, se había cambiado de ropa, una que le compré en la primera tienda que vi, y se había peinado.
Para su madre, solo es la hija que ha vuelto a casa después de una pesadilla, no la fiera que arrancó un trozo de carne para salvarse.
Ahora, desde fuera, veo cómo su madre le acaricia la mejilla, le aparta el pelo de la cara, le besa la frente una y otra vez con una expresión de impotencia. Tuvo que ser duro para Esmeralda cuando descubrió que no pudo proteger a su hija de todo el mal del mundo.
Mi chica, en cambio, sonríe entre lágrimas. Una sonrisa enorme, luminosa, de pura felicidad por estar de nuevo entre esos brazos. Levanta la mirada un segundo, creo que siente que la estoy observando, y aunque no me ve en la oscuridad, sé que sabe que estoy aquí, vigilando, protegiendo.
Me quedaré aquí un rato más, dejando que tengan su momento.
El bosque huele a resina y a tierra húmeda.
Oigo el lejano gruñido satisfecho de mi pantera cazando en la distancia.
Sonrío para mis adentros porque mi chica está a salvo.
Aunque sé que necesitará tiempo para recuperarse de todo.
Yo me encargaré de ello. De recordarle todo lo valiosa que es.
De hacerle saber todo lo que la necesito.
Y de todo lo que ella es sin necesidad de contar con nadie.
Después de la conversación con Gepetto, mis compañeros liberaron a las chicas que estaban secuestradas en el sótano.
Estaban en pésimas condiciones. Pude notar la sonrisa de orgullo del Don.
Sé que a él este tema nunca le ha gustado.
Solo lo aceptaba por la lealtad de Santoro.
Las chicas se arremolinaron ante el Don y le dieron las gracias llorando y agarrándose a sus pies.
Él se ha encargado de llevarlas de vuelta con sus familias, pero antes las ha amenazado un poco para que no digan nada de lo que han vivido ni nombres que hayan escuchado.
Les dejó claro que si hablaban de la mafia, estaban muertas.
Ellas, con tal de volver a sus vidas, aceptaron.
Maia sale por la puerta con una expresión que no puedo descifrar.
Debería de tener una sonrisa enorme por haber visto a su madre, y sin embargo, parece más infeliz que nunca.
Solo con levantar la cabeza me ve en medio de la penumbra, ella me siente igual que yo lo hago con ella.
Podrían ponerme mil obstáculos por delante que siempre daría con ella.
Porque lo que nosotros tenemos va más allá de una simple relación.
Es conexión. Es energía. Son nuestras almas conectadas.
Camina hacia mí a paso dudoso. Espero en mi posición. Quiero darle el espacio que necesita. Quiero que sea ella la que marque el ritmo. Tiene mucho que asimilar. Acaba de hacer una masacre y a los minutos a obtenido la libertad. Es mucho que aceptar.
Ella levanta la cabeza, su boca se frunce aguantando un sollozo. Tiene la punta de la nariz colorada de haber llorado, y las mejillas también.
Al llegar le abro los brazos. Siempre estaré aquí para ella.
Siempre.
Nuestros cuerpos se funden en uno solo. Acaricio su cabello mientras ella aprieta su mejilla fuerte contra mi cuello.
Le beso en la frente con ternura. Me siento más completo que nunca.
La satisfacción por tenerla aquí es enorme.
Y ahora, con el beneplácito del Don, pienso convertirla en mi mujer, aunque tenga que esperar unos días hasta que ella se reponga de lo sucedido.
—Vito, no sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí —solloza contra mi piel.
Disfruto de su calor. De su presencia. Le transmito con caricias la fuerza que necesita.
—No creo que tengas que hacerlo. Tu vida podría haber sido más fácil si yo no te hubiera engañado. —La culpa sigue ahí.
—No. Yo ya te he perdonado. Pero, por favor, no vuelvas a fallarme —responde poniendo distancia entre los dos para mirarme a los ojos.
Antes me mataría, Maia. No puedo vivir sin ti. Lo he descubierto en el camino.
—Te lo prometo. —Clavo mis ojos en ella.
—Mi madre quiere que vuelva a España. —Se limpia las lágrimas con la manga de la chaqueta.
—Ni hablar. Le contaré a mi suegra los planes que tengo para nosotros —le explico con una sonrisa ladeada.
Beso su frente de nuevo. Siento ganas de tocarla a todas horas, cada minuto, cada segundo. Necesito su contacto. Saber que está aquí.
—¿Se pueden saber cuáles son esos planes? —inquiere Maia.
Le sale una media sonrisa. Su estado de ánimo ha mejorado, y eso me alivia.
—Si te lo contara, no sería sorpresa. Pero te puedo asegurar una cosa —murmuro besando sus labios.
—Mmm… ¿Cuál? —Me muerde el labio inferior con suavidad.
—Que nunca más podrás escapar de mí, que en el momento que me dijiste que eras mía has aceptado estar a mi lado para toda la vida, y ya no hay vuelta atrás. —Mis labios le rozan el cuello.
Inhalo su olor. Disfruto de su piel. De su esencia.
—Me gusta la idea. Acepto —susurra con un gemido.
—No te he preguntado si querías. Solo te informo de cómo es la situación. —Le doy un pequeño mordisco en el cuello.
—¿No tengo poder de decisión? —consigue decir extasiada en voz muy bajita.
—La tienes en todo lo demás. Solo tienes que abrir la boca para pedirme el mundo y yo lo pondré a tus pies.
Pero en eso… en eso no negocio. Nunca te desharás de mí —declaro lamiendo su lóbulo—.
Dedicaré mi vida entera a crear nuevos sentimientos para ti.
A compensarte el daño hecho y todos estos años se quedarán en el olvido.
Serás tan feliz que ni tu mente los recordará.
Solo me verás a mí. Y a nuestra familia.
—¡Maia! —escuchamos la voz de su madre desde la puerta.
Ella se sobresalta y pone distancia entre los dos. Puedo notar en la oscuridad cómo se curva su boca hasta una sonrisa tímida. Tengo tantas ganas de que Esmeralda se vaya para disfrutar de mi mujer que la urgencia me está matando.
—Ven. Tengo que hablar con mi suegra cuanto antes para que nos deje solos. Necesito comerte o me volveré loco. —Tiro de su mano para volver a la casa.
Voy a comportarme como el yerno que cualquier suegra querría tener.
Le diré que me quiero casar con ella, que tendremos hijos y después le haré la cena.
Me comportaré mejor que nunca. No es que sea mentira todo lo que le voy a decir, pero antes tengo otras necesidades.
Como follarla tanto que se olvide hasta de cómo se llama.
Destrozarle el culo. Llenarla de semen para marcarla.
Y cuando no pueda más, llevarla aun más al límite.
Puede ser que se arrepienta de haberme elegido, pero ya no hay vuelta atrás.
La marqué, y esas huellas no se borran.
Estoy satisfecho y preparado para lo que ocurra. Sé que Santoro tiene que estar por ahí, preparando una jugada. Gepetto me dijo que no me metiera, que él se encargaría de Lamberto, pero siento que esto no ha terminado. Queda mucho camino por recorrer.
Esto es solo el principio.
Y cada vez irá a más.
¿Y tú? ¿Estás dentro de la mafia con nosotros?