PANTERA (MAFIA ITALIANA nº 1) CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

PANTERA

El coche derrapa en la entrada del monasterio al frenarlo con tanta brusquedad. Tengo el pulso acelerado. Bajo del vehículo a toda prisa, no pierdo tiempo ni en cerrar la puerta, y corro hacia el edificio.

De una patada abro la puerta principal.

Silencio.

Mi pecho se estruja al saber que he llegado tarde. He perdido mucho tiempo en el camino. Iba en dirección contraria cuando Baloo me dijo que la matrícula aparecía aquí.

Dejo caer la espalda contra la fría pared. Recapacito sobre todo lo que ha pasado. Maia vino aquí sin esperar nada. Ella sabía que se habían ido. Por lo tanto, hay dos opciones: o sigue buscándolos al comprobar que esto estaba vacío o ha encontrado lo que buscaba.

Quizá dejaron a alguien vigilando este lugar por si aparecía Maia. Mi intuición me dice que ella los encontró, y nunca falla.

Los nervios me recorren como un cosquilleo inquieto el estómago, suben por el pecho y se instalan en la mandíbula, que aprieto sin darme cuenta.

Desprendo rabia por todos los poros de la piel.

Necesito respuestas, y sé a la perfección a quién se las pediré.

Entro por la puerta del edificio del Don como un huracán destrozando todo a su paso.

Los mismos guardias se apartan. Por mucho respeto que haya infundado en todos, sé que lo hacen porque Gepetto ha ordenado dejarme pasar.

Si no, esto sería una masacre. Ellos defendiendo a su familia y yo matando a todo el que se me pusiera por delante.

Me ciega la rabia. Quiero destruir todo lo que tenga que ver con ese hijo de puta de Santoro. Lo haré sufrir tanto que llorará sangre y después me mearé en su puta cara para que sepa lo que es ser marcado.

—Hermano —me corta el paso Baloo antes de montarme en el ascensor. Tiene el ceño fruncido. Está analizando mi estado—, tienes que tranquilizarte. —Me pone la mano en el pecho frenándome de forma precavida.

Ladeo la cabeza y levanto el labio superior conteniendo mi furia en una mueca. No quiero pagarlo con él. Siempre es el que se come mis mierdas. Inspiro en profundidad para controlarme. De verdad que no quiero.

—Aparta —murmuro en tono calmado.

Él asiente sabiendo que me estoy conteniendo.

Me deja pasar echándose a un lado. Pulso el botón que me lleva hasta el piso más alto.

Mientras subo, aprieto la mano en un puño.

Pienso en lo que tiene que estar pasando Maia.

Sé que ella cree que puede solucionar sus problemas sola, pero no es cierto.

Es una simple chica sin conocimientos de nada.

No es capaz de enfrentarse a hombres que saben lo que es matar, que lo hacen casi a diario sin ningún tipo de pudor.

Golpeo las paredes del ascensor dejando salir la rabia.

Van a mancillar a mi chica. Le meterán sus asquerosas pollas otra vez, le harán cosas deplorables y todo lo que ha avanzado disfrutando de su libertad lo echarán a la basura.

Cada día comía más, sin controlar las grasas ni el tipo de alimento que era.

Se sentía cómoda con mi ropa puesta. Ya había dejado atrás el estar todo el día en ropa interior.

No tenía que estar alerta ni cuidar sus espaldas porque conmigo estaba en casa.

A salvo. Sonreía sin pudor. Me contaba su pasado cada vez con un poco menos de dolor.

Veía sus ojos brillar. Vi como sentía que había un futuro bonito para ella, para nosotros.

El sonido de la llegada del ascensor apaga todos mis pensamientos. Levanto la cabeza con lentitud, moviendo el cuerpo con una calma apabullante.

Camino hasta la puerta con seguridad. Cada paso que doy suena firme y seguro. Tengo la barbilla levantada, los hombros sueltos hacia atrás y la mirada fija hacia delante sin preocuparme por quién está o no a mi alrededor.

Siento una certeza arrogante en el pecho; sin mí no son nada. No necesito decirlo. Y es la verdad.

Los guardias me abren la puerta doble cada uno desde un lado. Les lanzo una mirada de advertencia.

Gepetto está esperándome en el medio del salón con una postura recta y segura. Lo que no me cuadra es esa sonrisa ladeada que me dedica después de entrar así de nuevo en su casa. Con malos modales y exigiendo.

¿Nunca va a cabrearse conmigo?

¿Es así como actúa un padre?