CAPÍTULO 57
PANTERA
Golpeo el volante con una furia descomunal.
Ha escapado de mí.
Mierda.
Y aun así, me siento orgulloso de ella, me ha demostrado que es más fuerte de lo que creía.
Me asombra. Me deslumbra. Me hace pensar que quizá nunca llegué a verla del todo, que siempre tuvo una parte indomable, valiente.
Y me encanta, pero al mismo tiempo tengo miedo.
Un nudo me aprieta la garganta al imaginar lo que podría pasarle.
Si se mueve sin mí, si actúa sin mí, también se expone sin mí.
Y esa idea me duele más de lo que admito.
También me molesta que haya podido escapar. Me irrita que haya decidido por su cuenta, que haya roto ese control que yo creía tener.
Verla así me hace admirarla más que nunca, pero la idea de perderla o de que su valentía la ponga en peligro me corroe por dentro. Esa misma fortaleza la llevó a alejarse de mí, a escapar de mi control, a desafiar mi parte posesiva que existe solo por y para ella.
Pero esto no se queda aquí, porque voy a atraparla. Ella quiere ser la heroína, la que salve a al mundo. Y yo solo quiero salvarla a ella. Me da igual si el mundo sale ardiendo o se consume.
Solo me importa ella.
Busco en la pantalla táctil del vehículo el nombre de Baloo. Al primer tono, lo coge.
—Espero que esta llamada sea para pedirme disculpas por la mierda de actitud que tuviste conmigo —suelta directo.
—Venga, Baloo, sabes que tenía que hacerlo. Necesito que me busques un vehículo. Te escribo la matrícula por mensaje —respondo como si nada.
—Esa chica te ha vuelto loco, tío. Nunca hubiera pensado que podrías colarte así por nadie —insiste—. Encaraste al Don y la preferiste a ella antes que a tu familia.
Bufo ya impaciente por la conversación.
—Mi familia es ella. Nadie más —bramo.
Enciendo el motor y conduzco sin rumbo por la carretera después de mandarle a Baloo el número de matrícula.
—Me trataste como el culo, hermano. No nos conocemos de dos días, creo que merezco más que un simple “te ordeno” —insiste en tono de decepción.
Suspiro. Se me está acabando la paciencia, pero solo hay dos personas en el mundo por las que agacharía la cabeza y pediría disculpas, y él es una de ellas, aunque no lo haya reconocido nunca.
—Tío, lo siento, ¿vale? —me obligo a formular la frase.
Escucho una pequeña risa.
—Así me gusta. En dos minutos te mando la ubicación del vehículo —afirma en tono vacilón.
Cuelga la llamada.
Esbozo una sonrisa de orgullo.
Amenacé con explotar su cuerpo y hacerlo saltar por los aires y ahí está, haciéndome favores y preocupándose por mí.
Me cuesta reconocer cuando alguien es importante para mí, pero tengo que admitirlo, él lo es.
Conduzco casi por inercia, con las manos rígidas en el volante y los nudillos blancos por la presión. El motor ruge, pero yo solo escucho mis propios pensamientos.
Las luces de los faros atraviesan la penumbra del camino, iluminando árboles que pasan como sombras fugaces, pero mi mente no para de imaginar dónde demonios puede estar ella ahora mismo.
Revivo la última mirada que me lanzó antes de escapar, esa mezcla de miedo y desafío que se me ha quedado grabado como un golpe en el pecho.
Cada vez que parpadeo, la veo como si siguiera dormida a mi lado, respirando rápido, lista para salir corriendo otra vez.
El aire dentro del coche está cargado con mi frustración.
Mi pecho arde con una mezcla de preocupación y enfado. Me aterra que le pase algo, que Vivaldo la encuentre antes que yo.
Acelero sin darme cuenta, consumido por la ansiedad que llevo por dentro.
El sonido de la llamada me pone alerta.
—Baloo —descuelgo.
—El vehículo está aparcado en el monasterio. Vito, ¿a quién buscas? ¿Qué es lo que pasa? —escucho a mi amigo por el altavoz. Está preocupado.
Él no sabe que es Maia quien está allí, pero no es momento para decírselo. Tengo que darme prisa.
—Gracias —cuelgo.
Cuando ella esté a salvo y toda esta puta pesadilla haya acabado, se lo contaré todo con un vaso de whisky en la mano.
El maldito monasterio.
No había pensado en esa posibilidad porque desde que vine aquí buscando a Maia, este lugar está abandonado, Lazzaro me dijo que Vivaldo se había mudado con todas las chicas.
Y Maia estaba delante cuando me lo contaron por teléfono.
Ella sabe que ese sitio está desierto, pero quizá haya contactado con alguien o tenga algún plan.
En definitiva, tengo que llegar cuanto antes. Baloo me ha dicho que el coche ya está allí. Por lo tanto, te tengo. Pronto volveré a tener lo que es mío.