PANTERA (MAFIA ITALIANA nº 1) CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

PANTERA

Miro a todos lados intentando asimilar sus palabras.

¿Cómo que Pierino es el que ha hecho todo lo que me dijo de Gepetto?

¿Qué pasó con mi hermano? ¿Y yo qué soy, una puta marioneta a quien engañar y utilizar?

¿Cómo he permitido que me traten así? Yo, que siempre voy por delante de todo, que el control es parte de mí, que me adelanto a las situaciones.

Pero ¿y si es Gepetto el que está mintiendo y pretende pillarme desprevenido?

—¿Qué pasó con el otro niño? —inquiero de forma brusca acercándome mucho a su rostro.

—No lo sé. Estuve intentando descubrirlo años después, pero no encontré nada. No sé si lo mataron o qué hicieron con él —expone un poco nervioso.

¿Cómo me ha podido esconder esto todo este tiempo? Un hermano. Me siento igual de traicionado que antes. Aunque no sea él quien me utiliza, me ha mentido, y para mí eso es pasar límites. La familia no se miente ni se hace daño, y él me lo está haciendo.

—¿Cómo pretendes que te dé la oportunidad de hablarme siquiera al saber que he vivido en una mentira? —grito encolerizado.

Rozo mi nariz con la suya. Quiero arrancarle la yugular. Quiero matarlo. Quiero…

—Nada ha sido una mentira. Solo te oculté algunas cosas del pasado para que no lo pasaras tan mal.

Dime ¿qué cambia al saber que tuviste un hermano y puede estar muerto?

¿Que vivas con el rencor? ¿Con odio? ¿Con la culpa de no haber podido hacer algo al respecto? ¡Dime! —Gepetto vocifera fuera de sí.

—¡Pero tengo todo el derecho del mundo a saberlo! —bramo, furioso.

—Nunca he sido buen padre. Bella se fue de mi lado. He intentado hacerlo lo mejor posible. Te juro que solo pretendía ahorrarte dolor. Estuve buscándolo años para salvarlo. ¡Hice todo lo que pude! —su voz se quiebra al recordarlo.

Puedo ver el dolor en su expresión. ¿Y si tiene razón?

¿Qué hubiera cambiado saberlo? Si él, que es quien tiene las herramientas, no ha podido encontrarlo, yo tampoco lo habría hecho.

Habría vivido con la pena de perder a toda mi familia.

Mis padres sí que me querían. No eran unos drogadictos, y eso me hubiera gustado saberlo para recordarlos como merecen.

—¿Cómo sé que dices la verdad? —exijo clavando los ojos en él.

Analizo todos sus gestos y movimientos. Hago lo que se me da bien, que es observar a las personas y anticiparme a todo.

Gepetto entorna los ojos.

—Creo que mi actitud te lo deja bastante claro, Vito. Sabes mis sentimientos reales hacia ti —responde cauteloso.

—Yo creo que ya no sé nada con seguridad —arremeto queriendo buscar su rabia, y con ella la sinceridad.

—Si no me importaras, no estaría aquí delante de ti en persona —me enfrenta en tono contundente y quizá un poco triste—.

Hubiera enviado a mis hombres a liquidarte por desacato mientras me quedo en mi casa bebiendo whisky.

Sabes mejor que nadie como actúo. Y, sin embargo, aquí estoy, implorando que me escuches y que me creas, porque siempre te he considerado mi familia.

Joder. Es real. Está dolido. Lo veo. Los hombros se le relajan. No está en postura defensiva. Lo noto. Hay un brillo en su mirada que juraría que es dolor. Dolor emocional.

Afirmo con la cabeza. Estoy lleno de dudas, de desconfianza, pero todo dentro de mí me grita que él sí es auténtico.

—¿Podemos entrar y hablar de esto con más tranquilidad? —resopla cansado.

Pienso en Maia, en lo cerca que estará de él, y no sé cuáles son las intenciones del Don, para qué ha venido. Quizá no sea buena idea que entremos. Gepetto nota mi duda.

—Venga, Vito. Sé que tienes ahí a la chica. Tranquilo, no le pasará nada. No vengo para eso. Quiero explicaciones de tu parte, me las debes —expone con tono de decepción.

Yo también estoy dolido. Él no es el puto centro del universo. Ha prometido que no le pasará nada a Maia. ¿Debería confiar en él? Sopeso unos segundos las consecuencias. De todas formas, mientras yo esté a su lado, mi chica estará bien. No permitiré que sufra nunca más.

—Pasa. —Me pongo a un lado para darle paso.

Le echo una breve mirada de advertencia a Baloo. Si se les ocurre hacer algún acto que ponga en riesgo la vida de mi chica, lo pagarán con las suyas. Por muy amigo mío que lo considere, ella siempre irá primero, antes que él y que cualquiera. Ahora que la tengo, no pienso perderla.

Gepetto me mira negando con la cabeza como si no pudiera creerse en lo que se ha convertido todo esto.

Entro en casa después del Don. Maia está detrás de la puerta vestida con un chándal mío.

Estaba escuchando la listilla. Le dije que me esperara en la habitación por si teníamos que salir huyendo por detrás, pero no obedece, ella es así.

Le echo una mirada reprobatoria al encontrarse sus ojos con los míos.

—Hola —saluda el Don.

Ella alza la barbilla con orgullo. Me llena el pecho saber que se siente segura. Que es fuerte.

—Nadie va a tocarte —declaro muy seguro de ello—. Pero creo que es hora de resolver muchas incógnitas —me justifico ante ella por dejar entrar al Don en casa.

—Solo vengo a hablar… —Gepetto la mira para que diga su nombre.

—Maia —responde.

Me pongo delante de ella para quitarla de la vista de él.

—No entiendo esta desconfianza, Vito —interviene el Don frotándose la barbilla.

Suspiro resignado.

Empezaremos de cero. Si de verdad Gepetto no sabe nada, hay mucho que explicarle, y él también a mí, comenzando por que estoy enamorado, Maia nunca más se irá de mi lado, y terminando porque va a explicarme la verdad sobre mis padres.

Si de verdad fue Pierino, me falta mucha información al respecto.

Él fue el Sottocapo de Gunther, el tío que se aprovechó cuando a Rocco Parisi lo apresó la policía y cogió su puesto.

Se hizo con la mafia de Italia. Tengo entendido que, cuando gobernó, la policía también se metió por medio en su reinado y acabó muerto. Pierino murió por él.

Antes, las mafias estaban unidas. Era un solo Don el que se hacía cargo de todo.

Al morir Gunther, Gepetto aprovechó el momento y se hizo cargo de la situación.

Los hijos de Pierino no lo vieron justo, ya que era su padre el que tenía un mayor cargo y mi Don solo era un chiquillo en aquel tiempo.

Se encargaba de algún negocio que otro, como capo de un clan.

Con veinte años, consiguió que toda la mafia se rindiera a sus pies, echándose de enemigos a toda la familia de Pierino y sus seguidores.

Por eso sus hijos se hacen llamar La Cosa Nostra y pretenden coger el poder.

Ciro y Elio Barone son nuestros mayores obstáculos.

Lo que nunca le ha cuadrado al Don es que cuando él se hizo cargo de la mafia, esos niños estaban casi recién nacidos, por lo que sé.

Eran demasiados pequeños para controlar hombres y dirigir todo este mundo.

Había alguien detrás de ellos, y después de dieciocho años, aún no sabemos quién ha podido ser.

De los últimos encuentros comprendimos que el que ahora ordena es Ciro, pero no sabemos qué ha podido ser de ese hombre que ha ido en contra de nosotros tantos años.

Lo único que sé es que estaba viviendo una mentira. De lo poco real que hay en mi vida es Maia, que nunca me ha mentido. Al revés: he sido yo quién le ha hecho daño.

Y ella será la única que se quede para siempre a mi lado.

Pase lo que pase.