PANTERA (MAFIA ITALIANA nº 1) CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

PANTERA

Mis manos tiemblan de pura necesidad cuando la empujo sin delicadeza contra la pared de mi dormitorio. Ella jadea, ese sonido me vuelve loco. La beso con ansia. Gime contra mi boca mientras sus uñas se me clavan en la nuca como si quisiera fundirse conmigo.

—Te la voy a meter tan profundo que te desgarrará por dentro y sangrarás por y para mí —la aviso, seguido de un gruñido primitivo.

Bajo la boca hasta sus pechos, para devorarlos sin piedad. Los lamo, los chupo, los muerdo, justo lo suficiente para que arquee la espalda y grite mi nombre.

—Hazlo —pide deseosa.

—Después no digas que te no advertí —declaro con voz ronca.

Sus dedos envuelven mi polla con tanta presión que me hace gruñir. Estoy tan duro que duele. Empieza a bombearme con fuerza, apretando justo en la base, siento que voy a explotar ahora mismo sin poder evitarlo.

—Rómpeme, pero antes quiero que me folles la boca —suplica con una sonrisa diabólica que me vuele loco.

Maia se arrodilla de golpe.

—No. Soy yo el que te venera a ti. Soy yo el que te va a dar el placer. No tienes que hacer esto. Lo importante eres tú, Maia. Toda tú. A la mierda todo lo que no sea tu felicidad —pronuncio con total convicción.

La cojo de la barbilla para que preste atención a mis palabras. Me mira desde abajo. Los ojos le brillan por el puto deseo.

—Quiero hacerlo. Esto también es placer para mí. Déjame demostrártelo —pide.

—Soy yo el que tiene mucho que demostrar. No tú —contradigo acariciándole la mejilla.

De improviso, se mete mi polla hasta el fondo de la garganta. La sensación es increíble. Gimo tan fuerte que hasta en la habitación hace eco.

—He dicho que quiero —impone entre lamidas.

Me folla con su boca sin delicadeza, la saliva le resbala por la barbilla mientras me mira con fijación, desafiándome a correrme. Aprieto más su cabeza contra mi polla hasta que llego a tocar el tope de su garganta con el glande.

Ella no se asusta ni lo evita. Al revés, me dedica una sonrisa de satisfacción. Es tan jodidamente perfecta…

No aguanto, y no permitiré que sea ella la que cuide de mí. No soy como esos degenerados. No. La levanto del suelo en un solo movimiento. La tiro sobre la cama boca arriba y le abro las piernas con brusquedad. Su coño está empapado, brillando, hinchado de deseo.

—Mía y solo mía, ¿lo entiendes? —La agarro de la barbilla para obligarla a mirarme y que le quede clara mi orden—. Mira lo rojo que tienes el coño de tanto follarte. Ahora te lo voy a destrozar.

Me entierro en ella de una sola embestida, sin aviso, sin piedad. Ella grita tan fuerte que me atraviesa el pecho. Comienzo a follarla como si el mundo se acabara esta noche.

Es salvaje. Nuestros cuerpos chocan con violencia, el sonido húmedo de piel contra piel llena la habitación. Cada vez que salgo de ella casi por completo, vuelvo a entrar hasta el fondo.

Maia se retuerce, gime, maldice mi nombre.

Le agarro las muñecas con una mano y las sujeto por encima de su cabeza, mientras con la otra le aprieto el cuello justo lo suficiente para que ponga los ojos en blanco de placer.

—Más fuerte —pide jadeando.

El animal que llevo dentro vuelve a tomar el control de mi cuerpo.

La embisto como un poseso, profundo, rápido, sin control.

Sus tetas rebotan con cada movimiento. Su coño me estrangula la polla preparándose para explotar.

Grita tan fuerte cuando le llega el orgasmo que estoy seguro de que se ha oído en medio bosque.

Sigo follándola mientras convulsiona de placer y su orgasmo me empapa la polla entera.

De repente, la saco y giro el cuerpo de Maia. No puedo saciarme. Con ella, nunca lo haré. La dejo boca abajo, la pongo a cuatro patas y entro en su culo.

—¡No! —Ella intenta quitarse.

—Sí, joder, que apretado tienes el culo. Voy a correrme tanto que mi semen te llenará toda por dentro —le aseguro—. Cada parte de tu cuerpo estará lleno de mí. Manchada por mí. Rota por mí.

Le doy una palmada fuerte, luego otra, y otra más. La penetro tan profundo que la siento temblar. Acaricio su clítoris tal y como sé que le gusta. Está al borde del orgasmo, se le nota.

—Córrete conmigo —ordeno con el vista desenfocada.

Siento las paredes de su interior contraerse mientras me recorre un orgasmo brutal.

Ella grita mi nombre una y otra vez mientras me vacío en su interior.

La lleno de mi semen. Le ordeno a mi polla que escupa lejos, que se esfuerce para que ella tenga mi esencia en cada rincón de su cuerpo.

Para que todo el mundo sepa que tiene dueño, que está marcada. Porque es mía.

MÍA.

Nos dejamos caer sobre la cama juntos, temblando, sudados, pegajosos y con las pulsaciones a mil.

Ella me coge la mano y la pone entre sus muslos.

El líquido me cae sobre la palma. Seguido, extiendo todo mi semen sobre todo su cuerpo.

La he marcado por dentro, y ahora por fuera.

Me gusta que esté llena de mí en todos los sentidos.

—Mírate. Estás cubierta de mi corrida y mi semen gotea de tu coño. Eres mi puta obra maestra. Si alguien intenta tocarte, le enseñaré lo que pasa cuando se meten con lo que ya tiene dueño —susurro contra su boca, sonriendo como el demonio que soy.

Me corro otra vez solo de ver cómo mi mano reparte mi esencia por todo su cuerpo y lo profana. Se adueña de ella y la proclama suya.

—Tuya —afirma lamiendo mis labios con deseo—. Pero esta vez, destrózame de verdad.

Y esa es la jodida mejor propuesta que me han hecho en la vida.

Tu coño va a chorrear sangre, Maia.

Te guste o no.