PANTERA (MAFIA ITALIANA nº 1) CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

PANTERA

Es imposible. ¿Por qué haría eso el Don? Si de verdad hubiera pasado así, Gepetto me podría haber matado. ¿Por qué me criaría si algún día alguien me diría la verdad? Él no deja nada sin atar. Si ha llegado donde está es porque sabe muy bien cómo hacer su trabajo.

Un muro en mi interior se cae ladrillo a ladrillo. Una verdad con la que siempre he vivido se hace mentira.

—¡Júralo! —Le golpeo con la pistola en la cabeza perdiendo el control de mis emociones.

—Akela y Raksha, tus padres, era un clan muy importante. Si Akela viera en lo que te has convertido, se sentiría decepcionado. Gepetto te lo quitó todo y aquí estás, lamiéndole el culo —arremete contra mí con sus palabras hirientes.

Una sensación de vacío se adueña de mí, un silencio extraño en la mente. Tardo unos segundos en comprender lo que acaba de pasar. Me repito las palabras que me acaba de decir y las comparo con lo que me ha dicho toda la vida el Don.

Siento incredulidad. ¿De verdad me ha dicho esto Gepetto? ¿Y yo me lo he creído?Noto un pequeño golpe en el estómago, una mezcla de sorpresa y desilusión que me corta un poco la respiración.

Me siento tonto por un segundo, vulnerable, expuesto, como si me hubieran quitado una parte de mí sin que me diera cuenta.

Empiezan a pasar por mi cabeza todos los momentos en los que el Don actuó con naturalidad. Nunca habría pensado en que estuviera mintiéndome. Y cada recuerdo duele. Me hace dirigir la mirada hacia el suelo por un instante mientras intento recomponer mi rostro, disimular lo que me arde por dentro.

Me hace más daño la intención que la falsedad en sí. La traición no es la mentira, es la decisión de mentirme.

No podré mirar a esa persona igual nunca más, esa confianza se ha roto para siempre.

—Es tu puto día de suerte, Santoro —le sonrío con malicia.

Le golpeo en la cabeza con la culata de la pistola para dejarlo fuera de combate. Avanzo hacia el exterior con decisión y seguridad. Los guardias me dejan pasar porque pase lo que pase yo soy el segundo al mando en esta organización. Y mientras el Don no diga lo contrario, todos me deben sumisión.

Sé exactamente lo que voy a hacer.

La rabia me consume. Pensar que he sido devoto del hombre que mató a mi familia a sangre fría solo por poder me quema por dentro.

La mandíbula se me tensa sola. La sangre me late en las sienes, fuerte, y cada pensamiento que me pasa por la cabeza hace que mi furia aumente sin control.

Los músculos también se me tensan. Siento que si alguien me toca, si alguien me dice una palabra de más, este odio que llevo dentro podría desbordarse de golpe.

En mi interior hay una violencia que late con cada segundo, que me dice que destruya todo.

Y cuesta contenerla. Cuesta respirar dentro de ese incendio.

Así que lo dejo salir sin ataduras, sin freno. No puedo luchar contra él. Y tampoco quiero.

Bajo de velocidad en el coche cuando ya he llegado al destino. El monasterio aparece en mi vista. Nadie puede esconderse de mí.

Ahora sabrán porque todo el puto mundo huye cuando escucha mi nombre.

Arrasaré con todo.