PANTERA (MAFIA ITALIANA nº 1) CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

VÍBORA

Estoy sentada casi sin fuerzas, con los hombros caídos y la mirada perdida en algún punto que ni yo misma veo.

Todo me pesa: la cabeza, el cuerpo, los pensamientos.

Siento un abatimiento enorme que me deja medio vacía.

Siento que no puedo más, que me va a explotar la cabeza y que en cualquier momento el cuerpo va a dejar de responder o, mejor dicho, de aguantar.

Axa se coloca detrás de mí. Sus manos se deslizan entre mis mechones con una suavidad y cariño que me desmontan un poco más.

Quizá si me meto una sobredosis pueda sobrellevarlo.

Es el único momento de paz que tengo, ese polvo blanco me lo proporciona.

¿Por qué iba a dejar lo único que me hace bien?

Fijo los ojos en el cajón de la mesita, pero pienso al momento que si la gasto muy rápido, tendré que poner el culo de nuevo para pedir más.

El corazón se me acelera solo de pensarlo. La necesito, pero ¿a toda costa?

Los dedos de mi amiga separan mi cabello, desenredan y me acarician mientras sopeso las dos opciones: tomar más o no.

—¿Sabes? He estado investigando quién es el tío que te llevó —su tono meticuloso me dice que no estaba equivocada cuando sentía que él era peligroso.

—Sí, es Nick. Bueno, no se llama así. Su nombre es Vito Rizzo —contesto de forma brusca.

Casi ni me acordaba de él. Ahora mis problemas se han multiplicado de nuevo.

—Maia, es la Pantera —me informa con tono de advertencia.

—Lo sé —afirmo cerrando los ojos.

Solo pienso en mil formas de matarlo, de vengarme. Escucho su nombre y mi cuerpo se tensa. No sé qué tan peligroso será, pero a mí me va a comer todo el coño, como diría en mi pueblo con mis amigas. No sé de que forma, pero pagará todo lo que hizo.

—Es peligroso —insiste.

Cada gesto me produce rabia. El odio contenido amenaza con salir con cada sonido del ambiente.

La pasada leve del peine me crispa, también el roce de sus uñas en mi cuero cabelludo, incluso la manera en que respira mi amiga cerca de mí.

Ella se inclina un poco, me acomoda un mechón detrás de la oreja, y tan solo ese contacto lo noto como si fuera fuego en la piel.

Me arde. Me quema. Me dan ganas de pegarle un puñetazo.

—Lo sé —le grito con rabia.

En realidad, ella no es la culpable. Lo estoy pagando con ella. Mierda, no debería, pero es que me siento sobrepasada.

Ella pone las manos en alto en señal de paz.

—Joder, tía, ¿me quieres decir qué te pasa? Vivaldo es un capullo, pero la Pantera… —Señala mis moratones—. ¿Es él el que te ha hecho eso? ¿Por eso estás así?

Niego con la cabeza. Es la verdad. Él no me ha tocado. De ninguna de las maneras. Ni bien ni mal. No solo me ha respetado estas horas, sino que incluso me he llegado a sentir ¿a salvo?

¿Qué cojones estoy pensando? Esto tiene que parar.

—Ha sido Vivaldo, siempre es él —confirmo lo de los golpes. No quiero hablar de Vito.

Me giro hasta que me pongo frente a ella en mi cama.

—¿Qué te ha hecho, Maia? —Se refiere a la Pantera.

—Nada. Me ha tratado —pienso unos segundos en todo lo vivido con él— demasiado bien.

Axa entorna los ojos intentando descifrar mis pensamientos. ¿Cree que le estoy mintiendo?

—No me lo creo —dice al fin siendo sincera.

Me levanto de la cama con la toalla anudada al cuerpo para buscar mi ropa interior en los cajones. Al abrirlo veo la bolsa de coca, pero la dejo ahí para girarme de nuevo hacia mi amiga.

—Pues es cierto —exclamo con rabia.

Odio que me haya tratado así y no poder decir que ha sido un hijo de puta conmigo igual que los demás.

Sí, lo fue en el pasado, pero no ahora. Aunque no lo perdono, me exacerba que no tenga nada en su contra en el presente.

De todas formas, no se irá sin pagar las consecuencias.

A Axa no voy a mentirle, y lo que le he dicho es la verdad. No tengo nada para culparlo.

—Y una mierda. Te ha dejado tan tocada que no quieres ni decirme la verdad —añade, y se levanta para ponerse cerca de mí buscando respuestas.

Sí que me ha dejado tocada, por un momento me viene a la mente el beso dulce pero a la vez ardiente que me dio, su forma de tratarme, de darme comida grasienta. De tratarme como una persona normal.

Un remolino de odio se me instala en la boca del estómago.

¿Por qué está jugando? Porque otra explicación no le encuentro.

Es que no lo entiendo. Si me vendió, ¿por qué ahora me trata así?

Lo de que haya cambiado para ser una persona mejor está descartado, porque está en la jodida mafia y todos los que están en ella son despojos humanos y tienen el alma podrida.

Así que sigo sin entender el puto motivo de ese trato.

—¿Le has dicho a Vivaldo lo que te hizo? —sigue insistiendo creyendo que Vito me torturó.

Odio no poder decir que ha sido él. Y más impotencia siento al ver que mi amiga no me cree. Esto es una puta situación de mierda como para que mi amiga tampoco me crea.

—¿Vivaldo? —arremeto contra ella con la misma furia que un volcán apunto de explotar—.

¿El que me llena de semen la boca y hace que me lo trague hasta que me dan arcadas?

¿El que me pega hasta cerrarme los ojos?

¿El que me maneja a su antojo? ¿A ese es al que quieres que le dé explicaciones?

¡Que no fue la Pantera! ¡Pero tampoco le debo explicaciones ni lealtad al puto Vivaldo!

¿No piensas creerme? Te estoy diciendo la jodida verdad, Cara.

Mi mente me da mil vueltas. Intento buscar motivos contra Vito, pero no los hay, y esa rabia la dirijo hacia Axa que tampoco para de interrogarme y hacerme sentir peor.

—Seguro que la Pantera te ha hecho cosas peores. No es que no te crea. Es solo que pienso que me estás escondiendo lo que te ha hecho y si lo hablas con Vivaldo, podría ayu…

No puedo más.

Ni mi amiga me cree.

Ni tengo nada en contra de Vito.

Pero el odio es tan fuerte que siento que me voy a ahogar en él.

Exploto.

—La Pantera es un desgraciado y pagará por lo que me hizo, pero Vivaldo también. Este lugar es mierda, y si lo apoyas, a lo mejor tú tampoco mereces la pena —vocifero con fiereza sin poder controlarme.— Vete. —Señalo la puerta de mi habitación.

—No me esperaba esto de ti. Desagradecida… —Axa me mira furiosa.

—Fuera —repito conteniéndome.

Aunque sea mi amiga, no me entiende. Esto se nos ha ido de las manos.

Está claro que justo en el presente estamos en puntos distintos.

Yo ya no aguanto más esta vida ni a Vivaldo.

Y ella está ahora mismo en la misma enajenación mental que estaba yo.

Como es lo que ha vivido, no ve que hay esperanza fuera de aquí.

Entiendo que pueda tener miedo, pero yo ya no estoy en ese círculo, ya lo he abierto. Y no pienso dar un paso atrás.

Tengo que dejar de conformarme con el infierno. Tengo que salir de aquí.

La venda se ha caído.

Y tengo los ojos más abiertos que nunca.

Este lugar arderá y seré yo quien encienda la cerilla.

Pero antes, mi mirada se vuelve al cajón. Necesito ayuda para despejarme de toda esta mierda por unas horas más. No pienso poner más el culo. Cuando se acabe, se acabó. No volveré a pedir más. Porque mi cuerpo vale más que diez gramos de coca.

Mucho.

Mucho.

Mucho más.