CAPÍTULO 18 #2
Lo odio.
Me lo repito una y otra vez.
Él se mueve hacia delante cogiendo por el cuello a uno de los que señaló.
—¿Ya no tienes ganas de reírte? —se burla.
Lo tira al suelo con fuerza. Su cabeza cae contra un borde, que da a una doble altura. De su nariz caen unas gotas de sangre al habérsela golpeado. Nick se agacha para estar más cerca del tipo.
—Tengo una idea. Como eres tan payaso, haré que seas uno de ellos, ¿qué te parece? —vacila en tono socarrón. Nick habla alto para que lo escuchemos todos.
En ese momento, al ver cómo se ha separado de mí, se me tensa el cuerpo.
Ojeo a mi alrededor y los hombres armados tienen puesta toda su atención en sus enemigos.
A mi espalda no hay nadie. Nadie. Puedo salir corriendo.
¿Qué haría fuera? No sé. Quizás buscar una casa donde esconderme, buscar un teléfono y llamar a la policía.
¿Y si la tienen comprada? En ese caso, llamaría a mi madre para que me envíe dinero y poder salir del país a escondidas.
No tengo una idea clara, pero no perderé la oportunidad. Es ahora o nunca.
Mis pies se giran hacia la puerta de salida. No sé si en mi mente lo hacía más rápido de lo que estaba pasando en la realidad, pero no me da tiempo a dar un paso cuando siento la mano de Nick en el cuello. Aprisiona mi piel con fuerza, hincándome los dedos hasta los huesos.
—¿Te ibas, viborilla? —susurra en mi oído con un tono que da escalofríos. Mierda. ¿Tan lenta soy? ¿Cómo se ha dado cuenta?—. Mira lo que les pasa a las personas que me desobedecen —declara con frialdad.
Me tira al suelo con fuerza. Caigo junto al tío que él ha tirado antes. Mis manos frenan la caída y gracias a ellas no me he dado en la cabeza con el bordillo. Nick le clava la mirada al hombre que tengo al lado.
—Perdona, Pantera… —suplica el hombre en el suelo.
Antes de que pueda levantarse, Nick le prepara la cabeza poniendo su boca justo en el bordillo.
Después, levanta una pierna y con agilidad y fuerza arremete contra la cabeza del hombre.
Se escucha el crujir de los huesos. Acaba de desencajarle la mandíbula de una patada.
Lo empuja con el pie para que se quede el cuerpo inerte boca arriba.
La sangre le chorrea por la barbilla, se ha abierto la comisura de la boca hasta casi la sien, quedando una imagen terrorífica.
Joder.
Estoy tan cerca del muerto, viéndolo todo tan de cerca que siento que me voy a desmayar. Mis piernas tiemblan más, mucho más. Noto cómo la sangre de mi rostro se esfuma quedándome pálida y estupefacta. Aparto la vista temblando de miedo. Es un puto sádico.
Mire a donde mire veo muerte. La pantera sigue rodeando a Paolo disfrutando con los órganos internos de los dos hombres que yacen a su alrededor.
Por un momento, pienso que quiero volver a mi monasterio, a mi casa, donde estoy acostumbrada a las violaciones, donde en parte me sentía segura. Comparándolo con esto que existe, no lo veo tan horrible. Esto es lo peor que he presenciado en mi vida. Esa imagen no me la sacaré nunca de la mente.
Nick llega hasta Paolo. Su mera presencia hace que este cambie su expresión y se sienta inseguro levantando las cejas y aprisionando los brazos en los costados.
—Que no vuelva a pasar —le suelta muy de cerca.
Nick hace un gesto con la cabeza y algunos hombres con macutos negros se mueven hacia una sala que hay a la izquierda. ¿Irán a por dinero?
—Esto te costará intereses —brama Nick abriendo los brazos de forma dramática. Su actitud cambia y de ser seria pasa a ser vacilante—. Por cierto, ¿tu hija sigue en Roma? Creo que hace falta personal en el monasterio y ella encajaría muy bien con Vivaldo.
Paolo cierra una mano en un puño y lo aprieta fuerte.
Me fascina la forma que ha tenido Nick de sobrellevar la situación, la ausencia total de duda.
Es imparable, derrocha respeto y poder. Ahora entiendo por qué ascendió.
Parece que nació para hacer esto. Para demostrar poder.
Para matar. Porque el muy cabrón tiene arte haciéndolo.
Pero esa admiración también se mezcla con la rabia tan profunda que siento.
Porque aunque no me haya golpeado directamente a mí, sí ha querido romperme por dentro al hacerme presenciar una salvajada así.
Es letal, es un puto sádico, es un salvaje.
“Pantera”.
Los hombres de Nick salen de la habitación con los macutos llenos.
Escucho el silbido que me hace girar la cabeza hacia la pantera, que sigue a su dueño.
Caminan hacia mí. Él avanza tranquilo, como si no acabara de destruir vidas.
Me coge la mano para levantarme del suelo y entrelaza sus dedos con los míos.
Sigue avanzando hacia fuera del casino. ¡Qué cojones!
¿Qué hace cogiéndome la mano? Mi pecho explotará de lo acelerado que va mi corazón.
¿Es otro numerito de él? Intento soltarme de su agarre, pero me fulmina con la mirada y no despega mi palma de la suya ni un centímetro. Tiene mucha más fuerza que yo.
—Hablaré con el Don de lo ocurrido. Vosotros haced vuestro trabajo —ordena a Baloo y a los demás ya en el exterior.
Estos asienten y se dirigen a sus coches.
Mis piernas se mueven por inercia, es como si pertenecieran a otra persona porque no las siento.
El terror de lo que he vivido sigue muy dentro de mí.
La imagen de esa salvajada se hace dueña de mi mente.
Tampoco siento el suelo bajo los pies, solo la presión firme de su mano alrededor de la mía.