CAPÍTULO 12
VÍBORA
Vivaldo se fue hace unas horas y desde entonces he estado amarrada a esas tuberías en su habitación.
No sé qué habré hecho para que me traigan aquí afuera, pero tampoco les hacen falta muchos motivos para castigar.
En fin, supongo que Vivaldo lo habrá ordenado.
El frío me cala los huesos cuando me empujan a la intemperie.
No sé cuánto tiempo me tiraré aquí encadenada.
Seguramente sea hasta que mi dueño vuelva y quiera follarme o pegarme.
Me resigno y levanto la cabeza para que me ajusten el collar de metal al cuello.
Justo en ese momento, veo a un chico salir de su coche. A un lado están Zeno y Axa. Mi amiga permanece con la mirada baja. ¿Qué le habrán hecho? Lo último que supe de ella fue que Vivaldo le pegó delante de mí y ella salió corriendo.
—La quiero a ella —señala el del coche hacia mí.
¿Yo? Pero ¿qué pasa? ¿Quién es? Enfoco la vista como puedo.
—No está disponible —responde Zeno mirándome de mala gana.
El hombre se pone frente a él, enfrentándolo.
De repente el ambiente se nota más tenso. El ego masculino de ese tío que no conozco se expande por mil dejándolo notar entre todos los presentes.
—Yo creo que sí. ¿Tengo que recordarte quién manda? —el tipo amenaza a Zeno.
Joder. Tiene que ser alguien con poder, porque no le habla cualquiera así.
—Yo solo obedezco a mi clan, y te digo que esa no está disponible. Llévate a esta. —Zeno empuja a Axa hacia delante con desdén.
—Me llevaré a quien me dé la puta gana, con o sin tu permiso —suelta el desconocido.
—Por encima de mi cadáver —le responde Zeno.
El tipo dibuja una sonrisa siniestra. Esto no me huele nada bien, y abro mucho los ojos viendo la escena.
—Como desees. —Anuncia en tono calmado. Seguido, silba.
Todo sucede a cámara lenta. Una pantera sale del coche. ¿Qué hacía ese animal ahí? ¡Una puta pantera salvaje!
La criatura se pega al suelo. Tiene el cuerpo alargado, los músculos tensos bajo el pelaje negro que casi se confunde con la sombra. Sus ojos… Madre mía, esos ojos son dos puñales amarillos fijados en la presa, midiendo cada paso, cada respiro. Su cola vibra, y puedo intuir que esa es la señal.
Y entonces, sale disparada en un estallido de velocidad. Cae sobre la presa, las garras se hunden, se aferran e inmovilizan a Zeno. Su mandíbula va directa al cuello, sin titubeo. Es rápida y silenciosa. Es la muerte que se ha hecho tangible.
Zeno grita con los últimos rescoldos de vida. Todos los guardias levantan las armas, pero el chico es más rápido y levanta la suya hasta uno de ellos.
—Si queréis empezar una guerra, apretad el gatillo, pero os recuerdo que jurasteis lealtad al Don, y por ende debéis obedecerme. Pensad bien qué vais a hacer —los intimida el desconocido con contundencia.
Los hombres se lo piensan mientras la pantera engulle músculos y fibra del cuello de Zeno, este ya inerte. Se forma un charco de sangre a su alrededor. Todos bajan las armas a los pocos segundos.
—Bien pensado. Desátala —le ordena a uno de ellos señalándome a mí.
Joder, cuando creía que no podía tener más miedo, la vida va y me sorprende. ¿Qué va a hacer ese conmigo? ¿Por qué tanto afán por llevarme con él? Tenía a Axa.
Mi amiga me mira temblando. Sus ojos me hablan. Está agachada a un lado, a pocos centímetros de la pantera.
Un guardia termina de desatarme y me empuja hacia el coche.
Mis piernas tiemblan. Un pánico extremo se aferra a mi pecho.
Axa se mueve hacia mí. La pantera la mira unos segundos dejando a su presa de lado y eso hace que nos quedemos las dos inmóviles.
¿Será Axa la siguiente? Mierda. Apenas puedo mover los pies del horror que acabo de presenciar.
El tipo, con los ojos puestos en mí, silba. La pantera vuelve dentro del vehículo siguiendo la orden. Axa aprovecha para venir hasta mí. Se quita la gabardina beige y me la pone por encima. Yo estoy desnuda y ella va en ropa interior, las dos necesitamos esa prenda, no solo yo.
—Vamos —indica el tipo abriendo la puerta trasera para mí.
Axa y yo solo nos miramos. Creo que ninguna tiene palabras para expresar lo que sentimos.
No sé qué me depararán los siguientes minutos ni por qué este hombre ha montado esto por mí, pero me quedo más tranquila al saber que no es Axa quien se va con él, sino yo. Mi amiga seguirá a salvo, de momento.
Me abrocho el abrigo con un poco de torpeza y los guardias cogen a Axa para empujarla dentro de nuestra casa. Me siento donde me indica el extraño pasando por su lado con la cabeza baja, para no mirarlo.
Joder, impone. Mucho más que Vivaldo, que Santoro y que cualquiera que me imagine ahora mismo.
Me encojo en el asiento cuando cierra la puerta y veo que mi brazo roza la pantera.
Giro la cabeza unos instantes hacia ella.
De su hocico chorrea saliva mezclada con sangre.
Pasa su gran lengua por alrededor, relamiéndose.
Me recorre un escalofrío que me baja por la espalda.
Tengo el corazón paralizado. Los músculos se me tensan solos, y me quedo quieta, intentando parecer invisible para esta máquina de matar.
Quizá si no me muevo, no me vea. Siento un vértigo extraño de amenaza, un nudo duro en la garganta que no me deja tragar.
Hasta que levanto la cabeza y reconozco la silueta en el espejo retrovisor.
El frío del miedo empieza a arder. Literalmente noto cómo la piel me hormiguea, cómo mi respiración deja de ser entrecortada para volverse más profunda.
El corazón me late rápido por pura furia contenida.
Me hierve la sangre. Cierro la mandíbula con fuerza mientras los dedos se me clavan en las palmas sin que apenas me dé cuenta.
Esa sensación de querer ser invisible desaparece, se rompe y en su lugar aparece una rabia descomunal que me hace estar dispuesta a arrasar con todo.
Dentro de mí, una voz interna repite ese nombre que tanto odié.
Nick.
El hijo de puta que me engañó.