Capítulo 59 #2
—No me puedo creer que Mako haya muerto —musita alguien, y tardo un momento en entender que es Henley. Nunca lo he oído tan devastado. Ya no rezuma sarcasmo y le ha desaparecido el brillo juguetón en los ojos.
Me acerco y le robo la botella de licor del valle de los dedos porque el armario con las bebidas está demasiado lejos. No protesta, solo observa consternado cómo le doy un largo sorbo.
—¿Te has enterado?
Asiento.
—Qué putada —musita—. Los lobos nunca suelen acercarse tanto a la Daga. ¿Qué cojones hacía uno de ellos ahí fuera?
Un sollozo áspero se alza sobre los murmullos y, al girarnos, vemos a Raven Persimmons, a la que consuelan dos de sus amigos. Las lágrimas le cubren las mejillas mientras llora en sus brazos.
Al advertir nuestra presencia, se pone en pie con dificultad y se acerca a nuestra mesa.
—Henley —dice entre sollozos ahogados—. Fui yo.
Me tenso durante un segundo, pensando que, por alguna razón, se está responsabilizando por lo que ha ocurrido esta noche.
—Le robé la tarta —confiesa con los ojos anegados de lágrimas—. Le mentí. Y seguí mintiendo porque era divertido verlo deambular por ahí, preguntándoles a todos y perdiendo los nervios. Soy una persona horrible…
El sistema de megafonía crepita al cobrar vida, interrumpiendo a Raven en mitad de la frase.
—¡Atención! Un mensaje para todo el personal de la base.
La voz de Kallister me provoca un escalofrío gélido.
—Como muchos de vosotros habréis oído, esta noche hemos sufrido una trágica pérdida. Mako Wilsen ha muerto por lo que parece ser el ataque de un aullador que ha estado a punto de terminar también con la vida de Hawkins Jost. Las circunstancias son…
¿Qué? ¿Que ha estado «a punto» de terminar con la vida de Hawkins Jost?
¿Hawkins sigue vivo?
Ejerzo presión en la mente de Saint a toda prisa. Espero que no esté disponible, pero me sorprende respondiendo.
Antes de que preguntes, lo acabo de descubrir.
¿Ha sobrevivido? , pregunto mientras el pánico se arrastra por mi garganta.
Eso parece. Tenía el pulso muy débil cuando hemos traído el cuerpo.
Brion ha intentado sanarlo, pero no es lo bastante fuerte .
Brion es uno de los sanadores que vive en el valle.
Kallister ha debido traerlo a la Daga tras la muerte de Fiona.
Está en la cámara de regeneración, pero no sabemos si eso funcionará tampoco. Las lesiones en la garganta son graves.
¿Aún no se ha despertado?
No. Y no lo hará durante bastante tiempo. Según la cámara, necesitará un tratamiento de doce horas.
¿Doce horas? Entonces, Hawkins debe de estar muy grave. Para regenerar un brazo roto se suele tardar menos de una hora. Para el cáncer, menos de una semana. Doce horas es mucho tiempo para una herida.
¿Es horrible que desee que muera? , le pregunto a Saint.
No, todos llevamos años esperando que pase.
¿Kallister se ha creído la historia cuando se la has contado?
Eso parece.
¿Eso parece? ¿No puedes plantar una semilla en su cabeza para que se la crea?
No, la persuasión no funciona con Kallister.
¿Lo has intentado alguna vez? , pregunto, sorprendida.
Varias. No funciona con todos. Proponer ideas es un arte. Puedes plantar la semilla, pero no siempre germina.
Me muero de ganas de saber más sobre esta habilidad suya, pero sé que no es el momento, por lo que no me quejo cuando interrumpe el vínculo. Intento centrarme en el resto del comunicado de Kallister.
—… un funeral mañana por la tarde para honrar la vida de Mako, la de nuestra querida Fiona y todas las que se perdieron durante el ataque en la base de la Zarzamora.
Se les echará mucho de menos. Por el momento, pido que respetéis el proceso de duelo de los demás, pero sigáis centrados en vuestras responsabilidades.
El sistema de megafonía se interrumpe con un clic.
Necesito hablar con Gray. Y con Saint. Y quizá también con Tana. Debemos averiguar qué hacer con Kallister, pero nadie me contesta. Ya en mi habitación, mientras me cuelo bajo las mantas, le envío a Gray otro mensaje, pero no recibo respuesta.
Cuando me estoy resignando al hecho de que, oficialmente, no quiere tener nada que ver conmigo, alguien llama a la puerta.
Me apresuro a abrirla y las emociones me borbotean en el pecho al ver su rostro.
Parece cansado. Triste. Pero sigue tan guapo como siempre.
No se acerca a tocarme, de ahí que dé un paso atrás para dejarlo pasar.
—Perdona, ¿te he despertado? —dice con voz ronca, estudiando a mis espaldas las mantas revueltas bajo la luz de la lámpara de la mesilla—. Son casi las diez. No sabía que…
—No, no estaba dormida. Pasa. Quiero volver a cubrirme con la manta.
Me subo a la cama porque se me ha metido el frío en los huesos en el momento en el que he visto que Mako caía, y esa sensación gélida no me ha abandonado. Lo de esta noche ha sido… devastador.
Gray también parece hecho polvo. Se derrumba sobre el borde de la cama e inclina el cuerpo hacia mí.
—No me puedo creer que Mako se haya ido.
—Lo sé. —El nudo en la garganta amenaza con ahogarme—. Tenemos que hablar…
Me interrumpe con un suave gruñido.
—Lo siento —dice, tan bajo que apenas lo oigo.
—¿Por qué?
—Por comportarme contigo como un gilipollas todo el día.
—No, soy yo la que lo siente.
Me arrastro un poco más cerca. Quiero abrazarlo, pero me preocupa que me rechace.
Opto por cogerle de la mano. La lámpara le dibuja sombras en la cara, enfatizando las ojeras que le rodean los ojos.
La pena se condensa en el ambiente. Necesito contarle lo que ocurrió con Mako y Hawkins, pero tiene que desahogarse primero.
—Deberías haberme hablado de tus padres —contesta con un hilo de voz.
—Lo sé. Tenía miedo. No quería que me odiaras por lo que hicieron.
Me estudia.
—¿De verdad creías que te odiaría, que te miraría diferente al enterarme?
Pestañeo.
—¿No?
—Joder, Wren, claro que no. No eres responsable de los crímenes de tus padres.
—Pero… tal y como actuaste en el Templo, parecías tan… disgustado… enfadado…
—Me molestó que no me lo contaras, pero nunca podré odiarte.
—La nuez se le desplaza por la garganta cuando traga saliva—.
Te quiero. —La confesión flota entre los dos—.
Siento que pensaras que te estaba culpando por lo que hicieron tus padres porque no es así.
—Me coge la mejilla y me la acaricia con el pulgar—.
Si te soy sincero, nunca le he dado demasiadas vueltas a lo de los traidores de la sección Estaño ni me he obsesionado con ellos como otros supervivientes de la cordillera.
—Como el padre de Luisa.
—Seth necesita culpar a alguien —dice Gray—. Y es fácil canalizar toda tu ira hacia los Modos que nos traicionaron.
—Pero ¿no son los culpables? —pregunto, confusa.
—En parte, sí, pero igual que los pilotos de los cazas y bombarderos o los soldados del Comando.
La Compañía es responsable por lo que ocurrió.
Tus padres fueron solo engranajes de una máquina de guerra.
—Me pasa una mano por el pelo, entrelazando los dedos con los densos mechones—.
Nunca podré odiarte —me susurra, apoyando la frente contra la mía.
Inspiro hondo, temblorosa, y, por fin, lo abrazo. Mientras me estrecha, noto el latido firme de su corazón contra el pecho y la calidez de su mano al acariciarme la parte baja de la espalda.
Creo que yo también lo quiero. No; sé que lo quiero.
No es igual que con Cross, pero está ahí y es real.
Nunca le he dado muchas vueltas a esa idea, pero, si me lo hubieran preguntado antes de esta noche, habría respondido que era imposible querer a dos personas a la vez.
Ahora no lo tengo tan claro. Quizá el corazón tiene espacio para más de un amor.
La clase de amor que te ancla y ve más allá de la maraña que conforma tu interior.
O de ese que te empuja a crecer y a ser una mejor versión de ti.
Nuestra mente siempre intenta simplificar el mundo a nuestro alrededor para encontrarle sentido, pero quizá el corazón no está hecho para encajar en una única categoría pulcra y ordenada. El corazón no tiene por qué tener puto sentido porque el amor no lo tiene.
—Me aterra —digo contra su pecho.
Se aparta.
—¿Qué?
—Decirlo. —La palabra se me escapa de entre los labios.
—¿Decir que me quieres? —Asiento y las lágrimas me arden en los ojos cuando añade—: Porque una parte de ti siempre pertenecerá a él, ¿no?
Dejo caer las manos.
—Sí.
Ni siquiera pestañea ante la respuesta. Ni se estremece. Solo contesta:
—Lo sé.
Le sostengo la mirada. Espero ver enfado o resentimiento, pero solo advierto aceptación y comprensión.
—No te voy a pedir que lo olvides. Espero que lo hagas en algún momento. Que solo sea un recuerdo distante al que dejes de aferrarte. —La emoción se cuela en su voz—. Y espero que algún día pueda darte cada pedazo de mi ser también. Pero ninguno ha llegado aún a ese punto.
Asimilo sus palabras. Me siento mejor al saber que él también se está guardando algo para sí, que los dos estamos en el mismo lugar en cuanto a nuestras emociones.
Le sostengo la mirada de nuevo.
—Te quiero de verdad. No sé cuándo ha ocurrido, pero en algún momento de este año te he cogido cariño.
Me dedica una suave sonrisa.
—Sé a qué te refieres.
El pasado no es algo que pueda borrar. Cross se quedó con una parte de mi corazón. No puedo dejar de quererlo, no cuando llevaba siendo parte de mi vida desde que tenía seis años. Pero sigo teniendo espacio para Gray en él.
Inclina la cabeza y presiona los labios con los míos. Es un beso dulce. Suave. Me dejo caer contra su pecho, aferrándome a él con fuerza.
—¿As?
—¿Mmm? —susurra contra mi pelo.
—Quizá vaya a estropear la noche, pero… —Trago saliva—. Soy yo la que ha estado a punto de matar a Hawkins.
Se produce una pausa. Luego, me sorprende soltando una carcajada.
—Por supuesto. —Suspira.
Antes de que pueda darle explicaciones, los intercomunicadores nos vibran a la vez. Con el ceño fruncido, coge el suyo y consulta la pantalla. Suelta una maldición áspera un segundo después.
—¿Qué pasa? —pregunto, preocupada.
Sin mediar palabra, me tiende el intercomunicador para mostrar el mensaje que nuestro nuevo líder ha enviado a todos los residentes de la base.
Para: Todo el personal de la base de la Daga Azul De: Kallister Ash
Como la mayoría de vosotros sabréis, esta tarde se ha invocado y aprobado la orden cinco. La Autoridad se ha disuelto y, tras apartar a Adrienne Knox del liderazgo, se la ha relegado a una celda.
Después de una revisión exhaustiva de los acontecimientos que rodearon la emboscada en la base de la Zarzamora, he concluido que las acciones imprudentes de la prisionera dieron como resultado un daño catastrófico e irreparable.
Ante un incumplimiento así de su deber para con las vidas perdidas esa noche, solo se puede imponer la pena máxima.
Por eso, se ha sentenciado a Adrienne Knox por un crimen de alta traición y será ejecutada a medianoche.