Capítulo 57 #2
—No, no es lo que estoy diciendo. Solo creo que… Adrienne la cagó. Eso no significa que Kallister pueda hacer ahora lo que le plazca.
—Ya hablaremos después. —Pasa junto a mí a toda prisa e irrumpe en la sala de guerra, donde la puerta se cierra con un zumbido.
Luchando contra mi frustración, vuelvo al apartamento, deseando ser una maldita líder de misión. Encuentro a Poppy aovillada en la cama, como se ha pasado la mayor parte del día.
—Hola —digo al sentarme en el borde y acariciarle el brazo—. ¿No te sientes mejor?
—No —musita.
—Oye, he hablado con Tana. ¿Qué te parecería pasar un tiempo en el valle con los padres de Luisa?
Poppy ni siquiera me mira.
—Claro —dice, indiferente.
—Creo que te vendrá bien salir de esta montaña. Además, he oído que van a celebrar un funeral por tu madre en un par de días.
—Vale.
No sé cómo llegar hasta ella. Ni siquiera sé si es posible. Ha perdido al único progenitor que había conocido y, aunque Fiona la sobreprotegía, quería a su hija con fervor. Esa mujer hizo todo lo posible para mantenerla a salvo.
Juntas, vamos a su cuarto, donde la ayudo a recoger sus cosas. Luisa aparece no mucho después. Estira los brazos y estrecha a la chica contra sí.
—Siento mucho lo de tu madre. Todos queríamos a Fiona.
—Gracias —musita Poppy.
—Mis padres tienen muchas ganas de acogerte. Mi madre no suele cocinar para invitados tanto como le gustaría. ¿Estás lista?
Me vinculo con Poppy mentalmente antes de que se vayan.
Cuéntame luego qué tal, ¿vale?
Vale , responde.
Estoy atacada, esperando a que termine la reunión en la sala de guerra. Cuando alguien llama a mi puerta más tarde, soy una maraña de nervios. El corazón se me sube a la garganta cuando veo a Gray en la puerta. Solo necesito mirarle una vez a la cara para saber lo que ha ocurrido.
—¿Por qué? —pregunto con voz monótona—. ¿Por qué la votación ha salido a favor?
—Porque causó la muerte de incontables civiles.
—Se deja caer en el pequeño sofá y apoya la cabeza entre las manos antes de frotarse las sienes—.
Ninguno de los líderes de misión puede confiar en ella después de esto.
La mayoría ha admitido que ha votado a favor de la disolución.
—Gray levanta la cabeza para sostenerme la mirada—.
Mi voto no habría servido de nada. Ha sido casi unánime.
—Casi —repito.
—Dos personas votaron en contra de la orden cinco.
—¿Sabes quiénes?
—No lo sé, los votos son anónimos.
Con pasos titubeantes, me acerco y me siento a su lado.
—¿Estás preparado para hablar? —susurro.
De nuevo, centra los ojos en los míos.
—No.
Luego, se levanta y se encamina a la puerta.
El corazón se me astilla, pero logro ponerme en pie y mantener, en cierto sentido, la dignidad.
—Estaré aquí cuando te sientas listo para tener esa charla. Si sirve de algo, lo lamento. Debería habértelo contado, pero no quería perderte. —Me estremezco al percibir cómo se me quiebra la voz—. De verdad, no quería.
Durante un segundo, se le curvan los hombros y se le suavizan las facciones. Pero eso no evita que se marche.
Antes de estallar en lágrimas, cojo el intercomunicador, me lo guardo en el bolsillo y me apresuro hasta la planta de Operaciones.
Ahora mismo no puedo seguir dentro de la base.
Aquí no consigo pensar y tengo las emociones a flor de piel.
Me destroza que Gray se haya marchado sin hablar conmigo.
Y me decepciona que Kallister vaya a disolver la Autoridad por estar tan ansioso de poder como todos en este estúpido Continente.
Cross tenía razón. Es imposible salvarlo, joder.
Inspiro hondo para tratar de calmarme, pero el ambiente está demasiado cargado. Necesito aire fresco.
Al girar la esquina hacia el ascensor, advierto movimiento. Una cabellera rubia. Una pierna cubierta por un pantalón chino.
Durante un segundo, creo que es Gray, pero llego al final del pasillo justo a tiempo para ver a Kallister desaparecer por la cámara de descompresión.
La desconfianza me recorre el cuerpo. ¿Por qué se está yendo de la base a estas horas?
Camino más rápido y entro en la cámara de descompresión.
La puerta sisea al abrirse y da paso a un hangar vacío, por lo que me dirijo hacia el camino que serpentea entre la densa arboleda.
Advierto a Kallister a unos veinte metros ante mí, una silueta negra recortada sobre el cielo.
El sol se ha puesto hace una hora, de ahí que sea difícil ver el sendero, pero camina con paso rápido y firme. Sin duda, es un hombre con una misión.
Ahora estoy totalmente alerta. Dejo que entre nosotros haya cierta distancia antes de seguirlo, avanzando por la pared irregular del acantilado.
Sé adónde se dirige. Es el mismo camino que lleva a la cueva de daguita blanca.
Allí donde le gusta llevar a cabo las conversaciones privadas porque en ella nadie puede usar sus habilidades.
Cuando llego a la cima del peñasco unos minutos después, capto el suave murmullo de voces que se filtran por la entrada de la cueva.
Me aplasto contra la pared de piedra y me arrastro hacia la boca de la caverna, fundiéndome con las sombras.
—Ahora que hemos apartado a Adrienne, será más fácil que autorice tus misiones. Ya no habrá votaciones, ni estarán esos gilipollas sin carácter controlándolo todo.
Kallister.
Sus palabras me producen un relámpago de confusión. ¿Misiones? ¿De qué misiones está hablando?
Presiono la espalda contra la pared y contengo el aliento, a la espera de la respuesta.
—A Gray no le gustará. No tiene agallas suficientes para apoyar lo que estamos haciendo.
Hawkins. Ese ha sido Hawkins.