Paloma caída (Élite plateada 2) Capítulo 55 #2
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Capítulo 55 #2

—Pero esta noche lo he hecho con una persona. Le he parado el corazón.

—Me has salvado la vida —le recuerdo—. Si te sientes culpable por haber matado a ese hombre…

—No te he salvado la vida —me interrumpe Poppy—, estuve a punto de matarte.

—¿De qué estás hablando? ¿Esta noche?

—No, eh… —Se le desmorona la expresión—. La noche de la luna roja, fui yo quien te envenenó la bebida.

Me sobreviene una oleada de conmoción.

—¿Qué?

—Fue un accidente —gime—. Usé la planta de la que me hablaste. Cazuta. Molí la raíz, la herví y se la eché a mi madre en la bebida. —Ladea la cabeza con una expresión de auténtica inquietud—. ¡Me dijiste que causaba dolor de estómago!

Se me corta la respiración.

—Ay, mierda. ¿Intentaste que se pusiera enferma?

Poppy palidece.

—Solo quería que se marchara pronto de la fiesta para poder pasarlo bien y respirar durante cinco malditos minutos.

—Poppy…

—Fingí que le rellenaba la botella y se la devolví, pero Teriq la llamó y la dejó en algún sitio.

Traté de recuperarla. Sin embargo, Lu me la quitó de las manos.

Dijo que era demasiado joven para tomar grange .

—Poppy jadea con tanta fuerza que apenas puede hablar—.

No sé cómo llegó hasta ti, pero, en cuanto te desmayaste, supe que había sido culpa mía.

Asiento, dejando escapar un gran suspiro. No consigo enfadarme ante su confesión. Fue un accidente y es evidente que ya se está torturando bastante por él.

—Dijiste que solo le dolería el estómago —repite Poppy con un velo de lágrimas reprimidas perlándole las pestañas.

—Así es —susurro—. La cazuta, sí. Pero utilizaste la planta equivocada, Poppy. Es un error normal. Ambas flores parecen casi iguales, pero la raíz de corazón tiene una raíz roja mientras que la cazuta, marrón.

Pestañea rápido, intentando alejar las lágrimas.

—Me quedé ahí, viendo cómo mi madre trataba de sanarte. Pensé que ibas a morir y que era culpa mía. Perdóname. Me siento fatal.

—Poppy, no pasa nada.

—No es cierto. Estuve a punto de matarte.

—Pero no lo hiciste. Además, no actuaste con malicia. —Lo que, a decir verdad, me alivia. Ahora ya no necesito mostrarme recelosa cada vez que tomo un líquido.

—He querido decírtelo muchas veces, pero no dejaba de acobardarme porque sabía que me odiarías.

—No te odio —le prometo.

Deja escapar un suave gemido, una mezcla de sollozo y suspiro de alivio. La agarro de la mano de nuevo y se la sujeto con firmeza, pero solo me lo permite durante unos segundos antes de apartarla.

—¿Puedo darme una ducha? —musita. Parece agotada.

—Claro. Si no te importa, esta noche compartiremos la cama. El sofá no es muy cómodo.

Cuando la puerta del baño se cierra a sus espaldas, me quito la ropa sucia. Me he enfundado ropa interior limpia y una camiseta de manga larga cuando me aparece una notificación en el intercomunicador.

«PRESÉNTATE EN LA SALA DE GUERRA».

—Siéntate, Wren —dice Kallister.

Miro a mi alrededor, inquieta al ver a tan pocas personas sentadas a la mesa. Kallister ocupa su puesto en la cabecera, lo más lejos posible de Adrienne. Aparte de ellos dos, están presentes Karra y Gray.

Me siento al lado de este último, quien me coge de la mano bajo la mesa y me la aprieta. Ojalá tuviera telepatía para poder preguntarle a qué me voy a enfrentar.

—Háblanos sobre lo que ha ocurrido esta noche —continúa Kallister, pero no se dirige a mí, sino a Adrienne.

Con voz acartonada, relata todo lo que ha sucedido en la base de la Zarzamora, desde la explosión al ataque, pasando por la captura de Teriq y la traición de Evlynne.

Cuando me toca, me aclaro la garganta y explico que Teriq nos ordenó a Mako y a mí que ayudáramos a Fiona a despejar la enfermería y evacuáramos a los civiles por la trampilla de emergencia.

Cuando describo el tiroteo en el que hirieron a Fiona, Kallister centra su mirada mordaz en Adrienne, quien se la devuelve, inexpresiva.

Me siento mal por ella. La ira de Kallister es palpable y dirige cada una de sus ondas hacia la mujer pelirroja al otro lado de la mesa.

—¿Y en la trampilla principal? —pregunta con voz tensa.

Adrienne empieza a hablar, pero levanta una mano para acallarla.

—Colfer —dice, dirigiéndose a Karra. Después de que describa cómo irrumpieron las tropas de la sección Plata en el búnker, pregunta—: ¿Estuvo allí la Élite?

Se me corta la respiración. Cuando Gray se endereza a mi lado, sé que nota la tensión de mi cuerpo, pero no cambia de expresión, manteniéndola ilegible.

—No lo sé —contesta Karra—. Estaba demasiado ocupada intentando que no me mataran.

—No creo que la Élite entrara en el búnker —intervengo—, pero estaban cerca, eso está claro. Acabé con uno antes de que Pop­py y yo lográramos huir.

Noto los ojos de Gray fijos en mi sien, pero no me giro para mirarlo.

—Suelen reservar a la Élite para las operaciones de incógnito —dice Gray—. A mí me parece que esto ha sido un ataque a gran escala.

—Lo ha sido —concuerda Karra con voz monótona—. Sin embargo, no creo que la orden fuera matarnos, sino capturarnos.

Adrienne asiente.

—Reconocieron a Teriq. Supongo que tienen archivos de todos nosotros.

Le sostengo la mirada a Kallister.

—¿Qué ocurrió con los civiles de la Zarzamora? Nadie me ha dicho si Mako está bien.

—Lo está —farfulla Kallister, y el alivio revolotea por mi interior—. Llegamos a un acuerdo con Jasper, quien ha convencido a la líder de la Hondonada para que acoja a los civiles.

—¿Kitty está de acuerdo? ¿Cuántos han conseguido salir del búnker?

—Sesenta y dos personas.

Se me revuelve el estómago. Recuerdo que Adrienne me dijo que había doscientos civiles viviendo en esa base. Eso significa que han capturado o matado a más de la mitad.

—No estamos seguros de a cuánto asciende el número de víctimas —musita Adrienne, como si me leyera la mente—. Conté unas veinte.

Kallister tensa los labios.

—Espero que se lleven al resto como prisioneros, que no los pongan contra una pared y los fusilen. Supongo que todo depende de lo que decida tu buen amigo Travis Redden, ¿no?

El veneno puro que le impregna la expresión me pilla desprevenida. No obstante, Adrienne no se estremece.

—Veo que no dejas de ignorar que una de las nuestras es la culpable de que se produjera la emboscada —comenta con frialdad.

Gray crispa los dedos sobre los míos. Tiene la otra mano convertida en un puño, presionada contra la rodilla. Evlynne era amiga suya.

Al otro lado de la mesa, Karra no trata de ocultar lo mucho que le angustia lo que ha pasado.

—Evlynne nunca haría algo así.

—Pues lo ha hecho —replico—. Se vinculó conmigo antes de desaparecer.

Todos giran la cabeza en mi dirección, con los ojos entor­nados.

—¿En serio? —pregunta Kallister—. ¿Qué te dijo?

—Que lo sentía.

Estoy a punto de confesar el resto de la conversación, que Fisher es hijo de Travis Redden, pero reprimo el impulso en el último segundo.

En otras circunstancias, quizá diría algo, pero la tensión entre Kallister y Adrienne lo opaca todo ahora mismo. Esta información es demasiado sensible. Me parece que por el momento debería guardármela.

—Que lo sentía —repite Gray—. ¿Y ya está?

Asiento, y la sala se queda en silencio unos segundos.

—Lo que haya hecho Evlynne es irrelevante ahora mismo —replica al final Kallister, y niega con la cabeza al mirar a Adrienne—.

Te dije que esperáramos para llevar a cabo esta misión.

Que era una estrategia estúpida colaborar con el enemigo.

Esta noche había tres miembros de la Autoridad en la Zarzamora.

Ahora uno de ellos está muerto y otro, convertido en prisionero.

Has puesto en riesgo a nuestros líderes, Adrienne.

Has puesto en riesgo a todas las personas de ese búnker.

A Adrienne se le contrae un músculo de la mandíbula ante la reprimenda.

—He estado mordiéndome la lengua —continúa diciendo Kallister, recordándome mucho al tío Jim por su tono implacable y la frialdad de sus ojos—.

Voté a favor de trabajar con Redden para derrocar a su padre, pero te avisé de que no tenía intenciones de cooperar con nosotros a largo plazo.

Estaba usándote por tu poder para poder corromper al antiguo general.

Te utilizó y te engañó, actuando como si fuera posible llegar a un acuerdo de paz.

He leído entre líneas desde el principio y me decepciona, Adrienne, que te hayas tragado sus gilipolleces.

A la mujer se le hunden las mejillas como si estuviera rechinando los dientes.

—No me hables como si fuera una niña, Kallister.

Él la ignora y sigue hablando:

—Ahora, gracias a ti, tenemos un consejo compuesto por tres personas. Tu falta de liderazgo y tus prisas nos han puesto en esta posición. Por mucho que lo odie…

—Sí, se nota que odias cada segundo de esta escenita —lo interrumpe, con la voz rebosante de sarcasmo.

—Voy a invocar la orden cinco.

Gray tensa los hombros mientras Karra adopta una expresión de sorpresa. Por mi parte, solo siento confusión.

—¿Qué significa eso? —pregunto antes de poder contenerme—. ¿Qué es la orden cinco?

Adrienne suelta una carcajada sin rastro de diversión.

—Significa que va a convocar una votación para disolver la Autoridad.