Capítulo 54
U n ruido ensordecedor retumba por el búnker. Las luces sobre nuestras cabezas titilan, sumiendo la sala en la oscuridad durante unos segundos antes de volver a encenderse.
—¿Qué coño ha sido eso? —pregunta Mako, y todos se ponen en acción, cogiendo las armas.
Las paredes crujen y el polvo flota desde el techo como si fuera a colapsar en cualquier momento.
—No ha sido desde el interior —anuncia Declan con aspereza.
—Voy a comprobar el sistema de vigilancia.
Teriq y Adrienne salen a toda prisa de la habitación. Me apresuro tras ellos hasta la estación principal de control donde está ubicada la sala de vigilancia. Los demás ya están ahí, estudiando las pantallas parpadeantes que monitorizan todo lo que ocurre en la superficie.
—Hay demasiado humo —dice el hombre en la mesa de trabajo.
Examino las pantallas. Tiene razón. La imagen es demasiado borrosa. Pero se intuye movimiento. Unas figuras oscuras deambulan por el terreno. No se ve una mierda.
—Tenemos compañía —comenta Declan, sombrío.
Teriq comprueba las cámaras. Presiona varios botones y un mapa cobra vida en la pantalla holográfica.
—Esta es la zona civil —dice el líder de misión—. No podemos salir por donde hemos entrado, pero sí por aquí, por la otra trampilla que hay tras el ala clínica.
El estómago me da un vuelco al recordar que Poppy está aquí.
Mierda.
—Yo iré a la enfermería —propongo—. Ayudaré a Fiona con los civiles.
Teriq asiente y empieza a ladrar órdenes.
—Mako, acompaña a Darlington. Declan, Orin y Karra, quedaos con Ade y conmigo.
Oímos otra explosión y siento que la onda expansiva se extiende por debajo de nuestros pies.
—Han volado la trampilla principal —dice alguien.
—¡Joder! —ruge Adrienne.
—Vamos —ordena Teriq, y todos se ponen en marcha.
Mako y yo avanzamos por los pasillos del búnker mientras el sonido distante de las explosiones retumba a nuestras espaldas.
—¿Por qué van solo a por la trampilla principal? —pregunta.
—Quizá no sepan dónde está la ubicación de las demás —respondo, aunque yo también estoy confundida.
Si es la sección Plata, suelen tener todos los datos. Nunca empezarían una misión sin haberla meditado bien y jamás cubrirían una única entrada. Pero da igual si es un error o es intencionado, voy a fingir que es lo primero y voy a intentar aprovecharlo.
Las sirenas de emergencia cobran vida de repente.
No sé si alguien las ha encendido o si se activan de manera automática, pero ese sonido ensordecedor es suficiente para disparar la ansiedad de todos.
El agudo quejido me empuja a apretar los dientes y me pone de punta cada terminación nerviosa. Joder, ¡qué molesto!
Las luces titilan sobre nuestras cabezas mientras corremos.
Avanzo con el fusil en la mano. Mako se adapta a mi ritmo.
Estoy en bastante buena forma, pero el humo comienza a envolvernos y se me cuela en los pulmones al esprintar hasta el otro extremo del búnker.
Estamos a punto de llegar cuando las luces se apagan de nuevo, sumiendo el pasillo en la oscuridad.
Vuelven a activarse, pero los fluorescentes emiten tal zumbido y silbido que parece que van a explotar en cualquier momento.
Oigo gritos que se filtran a través de las paredes. Chillidos. Espero que estén evacuando los barracones y que todos vayan al área civil.
Inhalo humo y polvo, y me sobresalto al oír otra explosión, que me inquieta por su cercanía.
Cuando llegamos a la enfermería, las sirenas se funden con las voces de los civiles y el ruido seco de las pisadas de los que corren de aquí para allá.
Nos topamos con otro agente de campo, que levanta el fusil cuando nos acercamos corriendo hacia él.
—Estamos aquí para ayudar con los civiles —le digo al hombre.
El alivio le inunda la expresión.
—La trampilla de emergencia está por ahí —dice antes de gritarle a un grupo de jóvenes—. Vamos, moveos —ordena antes de centrar los ojos en mí—. Hay un garaje en la periferia del bosque. Con al menos tres furgonetas.
Asiento.
—Ayudaré a Fiona con la evacuación.
En la sala no hay electricidad, excepto por las luces de emergencia, por lo que lo único que veo es un brillo verdoso que le cruza la cara a la sanadora en medio de la oscuridad.
Mantiene a todos tranquilos, a pesar del caos, dirigiendo con firmeza a los civiles para que salgan de la enfermería.
Está intentando ayudar al anciano a levantarse de la cama, ordenándole entre gritos a Poppy que traiga una silla de ruedas.
—¡¡¡Wren!!! —grita Fiona y, por una vez, parece alegrarse de verme.
El humo ha invadido la habitación. Deben de haber hecho estallar algo del interior del búnker. La neblina ahora se está filtrando por los pasillos, llevando consigo el hedor acre del fuego.
Oigo disparos. Están lejos de mí, pero son lo bastante preocupantes como para que contacte con Adrienne.
Adrienne, ¿os están atacando?
No contesta y temo que esa pueda ser la respuesta a la pregunta.
—Tienes que sacar a Poppy de aquí —dice Fiona, apremiante.
Capto un retazo de su hija entre el humo que satura el aire.
—Declan dijo que había otra trampilla por ahí, ¿no?
Fiona asiente.
—Guía a todos hasta allí. Necesito ayudar a Noel.
—Mako y yo nos ocupamos —le aseguro, haciendo un gesto con la cabeza hacia el gigante que está guiando a los civiles fuera de la sala.
—Poppy no puede seguir aquí. Llévatela antes de que sea demasiado tarde.
—No voy a dejarte sola —protesta su hija, que llega a tiempo para oír esas palabras, empujando la silla de ruedas.
—Yo me encargo de él —dice Fiona, rodeando a Noel con los brazos—. Id hacia la trampilla. ¡Ya! Si han entrado en el búnker, no queda mucho tiempo.
—Mamá —le suplica Poppy con los ojos muy abiertos por el terror.
—Darlington. —Una voz crepitante surge de mi intercomunicador—. El Comando ha venido con toda la artillería pesada. Hay una unidad de la sección Plata bajando por la trampilla principal.
Los disparos me estallan en los oídos y, durante un segundo, creo que nos están atacando hasta que entiendo que procede del intercomunicador de Teriq.
—¡Abajo! —le oigo gritar mientras trato de recuperar la lógica entre tanto caos. Por fin, vuelve a dedicarme su atención con brusquedad—. Mako, Darlington, sacad de aquí a los civiles y llevadlos a las furgonetas. Esperamos un tiroteo intenso.
—¿Cómo nos han encontrado? —pregunta Fiona mientras ayuda al anciano a sentarse en la silla de ruedas.
—No tengo ni idea —contesto—, pero ya están aquí y necesitamos ponernos en marcha.
—Mamá… —empieza a decir Poppy, pero Fiona la interrumpe.
—Wren —interviene la sanadora—. Por favor. Llévatela. Os seguiré.
Dudo. Luego, niego con la cabeza.
—No, ven con nosotras. No voy a dejar a nadie atrás.
Fiona pasea la mirada entre el humo.
—Quizá haya más personas que necesiten ayuda.
—Poppy te necesita.
Ahora le toca a ella titubear. Mira a su hija y la frustración se convierte en resignación.
—Muy bien, adelante.
El alivio me inunda el cuerpo cuando salimos juntas de la enfermería, con Fiona empujando la silla de ruedas.
Al final del pasillo encuentro a Mako, que está ayudando a varias personas a subir por la escalera de la trampilla.
Espero que se abra directamente a ese garaje con los vehículos de emergencia. Si no, tendremos problemas.
—Vamos —le grita Mako a la siguiente persona.
Le alivia verme—. No parece que conozcan esta salida —me informa—.
Teriq está controlando las cámaras y toda la sección oeste, que está sobre nosotros, permanece despejada.
Intentarán disparar cuando la gente empiece a salir, pero aún tenemos tiempo.
Teriq dice que saquemos a todos los que podamos.
—¿Y qué pasa con los que están en la trampilla principal?
Mako me dedica una mirada lúgubre.
—Están sufriendo un ataque a gran escala. No podemos ayudarlos.
Uno a uno, animamos a los civiles a subir por la trampilla. Fiona ayuda a Noel a levantarse de la silla de ruedas y el anciano se tambalea sobre los pies. Está muy débil. No sé por qué estaba en el ala clínica, pero sea cual sea la enfermedad lo hace resollar enbusca de aliento.
El hombre estudia la escalera.
—No puedo subir hasta ahí arriba.
—Yo me encargo, hermano —dice Mako, estirando los brazos hacia el anciano—. Súbase a mi espalda.
—No quiero que me lleves —protesta Noel.
Mako no admite discusión. Se apresura escalera arriba con el hombre aferrado a sus anchos hombros. Debe de haberle pedido a alguien que se ocupe de Noel porque, un momento después, baja por los escalones antes de que sus botas aterricen con pesadez en el suelo.
Todo el búnker parece temblar. Casi veo cómo vibran las paredes. El polvo inunda el aire y el sonido de los disparos se vuelve más estrepitoso, reverberando entre los muros. Hemos ayudado a los últimos civiles a ascender por la escalera cuando Teriq vuelve a contactar con nosotros.
—El enemigo se está acercando a vosotros. Salid de ahí ¡ya!
Las pisadas retumban en la distancia, provocándome una descarga de miedo. Mientras el denso humo me empaña la visión, tenso los dedos en torno a la pistola.
—Vamos, Poppy —le ordeno.
La adolescente apenas ha puesto un pie en el primer peldaño cuando las balas nos llueven desde el extremo del pasillo.
Por puro instinto, me inclino hacia un lado, cojo a Poppy del brazo y tiro de ella para colocarme de escudo.
Fiona se desvía hacia el lado contrario del pasillo y desaparece de nuestra vista.
Ha llegado el Comando. Mierda.
—¡¡¡Agáchate!!! —le grito a Poppy cuando las balas silban sobre nuestras cabezas.
Levanto el fusil y empiezo a disparar tan cerca que me pitan los oídos. Cuando una sombra se abalanza sobre nosotros, la adrenalina me zumba en las venas y estoy a punto de reventarle la cabeza, pero por suerte reconozco los hombros enormes de Mako en el último momento.
—Cúbreme —le pido—. Necesito sacar a Poppy de aquí.
—Yo me encargo —responde.