Capítulo 35
R econozco esta parte de la ciudad. Es el sector industrial donde llevamos a cabo varias misiones de prueba durante el programa de la sección Plata, repleto de fábricas imponentes, extensos almacenes y altas chimeneas que desprenden volutas de vapor por el aire nocturno.
Por lo general, suele ser una zona ajetreada, pero ahora es casi medianoche y está desierta.
Hay mucha niebla, y el aire primaveral está cargado de humedad. Me parece divertido que todos finjan que tenemos cuatro estaciones cuando hace décadas que el otoño y el invierno no hacen su aparición en el Continente. Nuestro clima pasa de temperaturas suaves y primaverales a veranos tórridos.
Vamos a llevar dos vehículos para nuestro encuentro con Jasper Reed.
Por el intercomunicador, Gray nos pide que vayamos a la izquierda con el coche hasta situarnos entre dos almacenes.
El departamento de inteligencia de la Revolución envió un dron hace unas horas para identificar los mejores puestos, en los que nos colocaremos los francotiradores.
Es decir, Mako, Orin y yo. La guardaespaldas personal de Gray será Evlynne.
El mío es Xavier, quien ha insistido en pegarse a mí como una lapa, pero de esas pesadas que no te puedes quitar ni con agua caliente.
Mientras Gray y Evlynne se desvían en el otro vehículo, Mako detiene el nuestro para que salgamos Xavier y yo.
—Esta es tu parada, Wrenny.
Le dedico una sonrisa mientras me cuelgo del hombro la funda del fusil.
Xavier y yo nos bajamos del coche y subimos por una escalera de metal oxidada hasta la parte superior del almacén de dos plantas que nos han asignado.
Aunque estamos en mitad de la noche, sé que las máquinas siguen operando porque oigo sonidos chirriantes que hacen eco desde edificios distantes.
Cuando respiro hondo, el aire huele a aceite y óxido.
Nos subimos al tejado y ocupamos nuestras posiciones. Cerca hay una tubería agrietada de la que surge vapor que, por un segundo, me nubla la visión, por lo que debo cambiarme de sitio para no tenerla delante. Estoy a punto de sacar el fusil cuando escuchamos la voz de Gray en el auricular.
—Cambio de planes. Darlington, Ford, venid conmigo. Vais a ocupar el puesto de Ev.
La protesta enrabietada de Evlynne no tarda en seguir a sus palabras.
—¿Qué cojones, Gray?
—Lo ha pedido Reed.
—¿Por qué? —Me uno a la conversación, aturdida de verdad. ¿Por qué iba a pedir algo así? Ni siquiera lo conozco.
—Quiere saludar al teniente. —dice Gray entre dientes.
Giro la cabeza hacia Xavier, quien activa su propio auricular.
—¿Qué puedo decir? —comenta, arrogante—. Todo el mundo me quiere.
—Cállate —musitan tres voces distintas.
—Bajad —nos ordena Gray—. Ya.
Evlynne no está contenta porque la hayan relegado al puesto de francotiradora. Cuando descendemos por la escalera, la encontramos a los pies con una expresión asesina.
—Si le ocurre algo a Gray… —nos advierte.
—No le pasará nada —le prometo.
Sube por la escalera con el fusil mientras nosotros nos dirigimos al vehículo que nos espera. Cuando llegamos al otro almacén, dejo en el asiento trasero mi fusil de largo alcance para coger el de asalto que me pasa Gray.
Xavier pasea la mirada entre los dos con el ceño fruncido.
—Si esperáis que entre en la guarida del traficante sin llevar armas, estáis como una puta cabra.
Gray saca la pistola de la cintura y se la tiende a Xavier.
—¿Contento?
—Eufórico.
Una vez estamos fuera, Gray guía el camino.
Al colarnos por un callejón entre dos almacenes, el terreno bajo nuestros pies pasa de ser cemento húmedo y embarrado a gravilla.
La mayoría de las puertas que veo están cerradas y oxidadas.
Las ignoramos hasta detenernos ante una que no tiene ningún indicador.
Es de grueso acero, de color gris pizarra.
A pesar del óxido, las bisagras parecen nuevas.
Gray acerca los nudillos a la puerta para dar un golpe lento seguido de dos rápidos.
Los segundos pasan antes de que la puerta se abra con un grave gruñido y aparezca un hombre.
Es bajo y recio, con una expresión severa devorada por una barba oscura y mucho pelo.
Tiene esa clase de ojos llenos de desconfianza que necesitas para sobrevivir en los bajos fondos de Santuario y estoy bastante segura de que no ha sonreído ni un día en su vida.
Gray lo saluda con la cabeza.
—Shamus.
—Blake.
Nos deja pasar y la puerta se cierra con otro chirrido.
El olor mentolado de la euca y el tabaco se aferra a su abrigo oscuro.
Es lo único que huelo mientras lo seguimos hacia las profundidades del almacén, que está iluminado por pálidas bombillas que titilan sobre nuestras cabezas.
Las sombras bailan sobre las cajas de madera que están apiladas contra una pared hasta el techo.
—El paraíso del contrabandista —le susurro a Xavier.
Suspira.
—Llevábamos años buscando su escondite, pero Reed tiene un buen sistema. Mueve el producto tan rápido que la Élite Plateada siempre aparecía demasiado tarde.
—Jas está ahí atrás. —Shamus tiene una voz profunda de barítono, áspera.
Caminamos entre las filas de cajas hasta una zona polvorienta en la parte trasera del almacén. Veo un escritorio con una pantalla holográfica y una tableta, además de una enorme silla de cuero en la que se sienta Jasper, quien parece sentirse demasiado cómodo en la sombra.
Sonríe al advertir nuestra presencia y se reclina en el asiento.
—Me alegra verte, teniente.
—Lo mismo digo. —Xavier mira a su alrededor con los ojos chispeantes—. ¿Tienes algo de contrabando que pueda probar? A poder ser, un buen vaso de licor del valle.
—No, nada interesante. Es todo comida enlatada, pero te lo haré saber cuando nos llegue el siguiente envío.
—¿En serio? —Gray pasea los ojos de uno a otro—. ¿Para esto has pedido ver a Ford, para hablar de contrabando? Entiendes que es tu enemigo, ¿no?
—Todo el mundo es mi enemigo, así que… —responde, encogiéndose de hombros—. ¿Qué haces tú aquí, Gray?
El aludido va directo al grano.
—Necesitamos un favor.
—No hago favores, solo tratos. Y solo llego a acuerdos cuando soy el que sale mejor parado.
—Créeme, este te va a beneficiar. Queremos una audiencia con los líderes de los campamentos de Fe y sabemos que puedes hacer las presentaciones.
—¿Por qué iba a hacer algo así? Son mis mejores clientes. —Jasper pone los ojos en blanco—. ¿Qué puedo ganar a cambio de poner sus vidas en peligro y destapar su ubicación?
—Para empezar, estarías ayudando a acabar con la Compañía. Y, si lo lográramos, la Autoridad te ofrecería un puesto en el consejo.
—No, sabes que no quiero formar parte de vuestra causa. Estoy ocupado.
Xavier suelta un bufido entre dientes, con lo que se gana un oscuro ceño fruncido de Gray.
—Estamos hablando de una posición de mucho poder, Jas, una oportunidad de estar en las altas esferas, no solo en Santuario, sino en todo el Continente. Cuando derroquemos a la Compañía, necesitaremos crear un mundo nuevo. ¿No quieres formar parte de eso?
—Querría si la victoria estuviera garantizada. Prefiero esperar y ver hacia dónde se inclina la balanza.
—¿No estás cansado de ser un capullo autocomplaciente?
—¿Insultar a la otra parte es una táctica de negociación?
—Con una carcajada, Jasper alarga la mano hasta una caja de latón y saca un cigarrillo que se coloca en la comisura de los labios.
Lo balancea en su boca mientras busca un mechero—.
Dime, ¿cómo planeáis llegar a este nuevo mundo, Gray? ¿Cómo vais a «derrocar» a la Compañía?
—Uniendo a todas las personas posibles. La red se extiende por todos los distritos y todos los niveles de la Compañía, pero no somos suficientes. Necesitamos aliados. A los Fieles. Hay decenas de miles de ellos viviendo en las sombras. Si quisieras, podrías defender nuestra causa ante ellos.
Jasper le da una larga y lenta calada al cigarrillo, estudiándonos.
—¿Sabéis? —dice—. Cuando era un crío, mis padres solían contarme cuentos. Al menos, mi madre. Mi padre no creía en esas gilipolleces. —Suelta una nube de humo que flota hacia nosotros—. Adivinad a quién me parezco.
Gray deja escapar un suspiro de irritación, lo que le provoca una carcajada a Jasper.
—Mira, no voy a poner en peligro todo mi imperio por un puñado de Modos con aires de grandeza.
Y no creo ni por un segundo que vaya a tener un puesto en ese nuevo régimen.
Adrienne es una zorra fría como una piedra.
Quizá me coma la polla cada vez que estoy en su base, pero no soy lo bastante tonto como para pensar que no me la cortaría en un abrir y cerrar de ojos.
Reprimo una sonrisa mientras Xavier suelta una risita.
—Ha acordado conseguirte la inmunidad total —le asegura Gray—. No te enfrentarás a ninguna consecuencia por lo que has hecho en Santuario o por lo que hagas bajo ese nuevo liderazgo. Imagínatelo, Jas… Protección, un puesto en nuestra mesa. No tendrás que seguir arrastrándote por las sombras.
—¿Y si me gusta ser un criminal?
—Entonces, conseguirías el control del mercado negro en el momento en el que cayera la Compañía —intervengo.
Cuando Gray se gira hacia mí con el ceño fruncido, encojo un hombro—.
¿Qué? Yo tampoco soy tonta. Da igual quién gobierne, el mercado negro siempre existirá.
Armas, suministros. Siempre habrá gente que desee obtener material de contrabando.
—Jasper tiene sus ojos fijos en mí, y yo le sostengo la mirada llena de diversión—.
Sigue haciendo lo que quieras y miraremos hacia otro lado.
—Sabía que me caías bien —dice con una sonrisa radiante.
—Entonces, ¿nos ayudarás a reunirnos con los Fieles? —pregunto.
Jasper se echa a reír.
—No.
Gray suspira. El suelo cruje bajo las botas del contrabandista cuando se pone de pie para dirigirse a nosotros.