Paloma caída (Élite plateada 2) Capítulo 33 #2
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Capítulo 33 #2

Se produce una pausa. Kallister desvía la mirada hacia Adrienne. Es evidente que se muestra reticente a contestar; su respuesta no va a ser muy popular. Tras encogerse de hombros, Adrienne dice:

—Tierra Fe.

La propuesta se recibe con un puñado de protestas en voz alta y maldiciones llenas de rabia.

—Esa gente está fatal de la puta cabeza —comenta alguien—. No se van a unir a nuestra causa. Piensan que somos demonios procedentes del infierno. Literalmente.

—Aun así, comercian con nosotros —indica Adrienne—. Si crees que alguien es un demonio, ¿de verdad intercambiarías licor del valle y suministros médicos con dicha persona?

Tiene sentido.

—Esta es la cuestión con los devotos —dice, poniendo los ojos en blanco—. Si habéis estudiado la historia, sabréis que un tema que siempre surge en relación con la religión es la hipocresía.

Se oyen algunas carcajadas.

—No estamos preparados para hablar con ellos aún —asegura—. Solo lo mencionamos porque creemos que en el futuro será necesario llevar a cabo una misión en Tierra Fe. Pero dejemos ese problema para más adelante. Ahora mismo vamos a organizar un encuentro con Jasper en la ciudad.

Gray da un paso al frente.

—Yo seré líder de misión en esta ocasión. Jas ha aceptado que nos reunamos dentro de dos días. Ha insistido en que nos veamos en Santuario.

—¿Por qué no viene él? —farfulla Evlynne.

—Porque es un tocapelotas. Dice que está cerrando un negocio delicado y que no puede marcharse ahora mismo; tenemos que ir nosotros. Voy a crear un equipo de seguridad de cuatro personas. Necesito francotiradores.

El corazón me da un vuelco.

—¿Quién se apunta?

Esta vez, al contrario de lo que ocurrió para la misión del Cañón Helado, no todos levantan la mano. Me imagino que algunos no están dispuestos a arriesgar su vida por Jasper Reed.

Yo, por supuesto, sí me presento voluntaria. Gray pasea los ojos por la multitud y selecciona a Mako y Orin, así como a una mujer de veintitantos llamada Shonee. La he visto disparar y es buena.

—Y Darlington —concluye, provocándome una descarga de felicidad.

—Y yo —anuncia Xavier con aspereza.

Las risas sobrevuelan la multitud.

—Y una mierda —le dice Evlynne—. No vas a formar parte de una misión.

—Iré donde ella vaya. —Xavier mueve la cabeza en mi dirección.

Cuando le dedico una mirada de advertencia, niega.

Su tono no acepta discusión al añadir—: No dije nada cuando participaste en la operación en la mina de sal, pero esto es en Santuario.

No vas a ir a la ciudad sin mí, Wren. Es demasiado peligroso.

Me sostiene la mirada y oigo aquello que no está diciendo: «Cross me dijo que no debía dejar que te pasara nada malo».

Ahora ya da igual lo que quiera Cross. Dudo que se molestara con Xavier por no cumplir esa promesa. Ni siquiera me habla.

Pero lo pillo. La misión en Santuario será arriesgada. La ciudad está a rebosar de drones de vigilancia y ahora hay puntos de control en cada zona.

—No puede ir —replica Evlynne, hecha una furia. Mira a su alrededor—. ¿Por qué nadie se está oponiendo?

—Conozco la ciudad —dice Xavier, con los ojos fijos en Gray—. Conozco los puntos ciegos. Puedo hacer que entréis y salgáis sin que os detecten. Soy una buena baza, Blake. Lo sabes.

—Eres un Primario —contesta Evlynne antes de que pueda hacerlo Gray—, un teniente del Comando. Nadie confía en ti ni debería.

—Ev —dice Gray—. Puedes cambiarte por Shonee si eso te hace sentir mejor.

Sus ojos grises arden de ira.

—Nada me va a hacer sentir mejor, pero sí, lo haré.

Aunque no nos han dado la orden de marcharnos, se dirige a la puerta con largas zancadas. Gray la intercepta, tocándole el brazo.

Su voz es apenas audible, por lo que no sé lo que le dice, pero advierto la forma en la que le acaricia la piel antes de ejercer una suave presión. Evlynne se desprende de él.

—No, que te follen. No intentes calmarme.

Pasa a su lado, hecha una furia, y sale por la puerta.

—¿Todas las reuniones son así de emocionantes? En el Comando nunca había tantas rabietas —me susurra Xavier al oído, y tengo que tragarme una carcajada.

Más tarde, me encuentro en la sala común con Xavier y Poppy. Están jugando a las cartas mientras leo la información sobre el encuentro con Jasper. Estoy ansiosa por llevar a cabo la misión, no quiero esperar dos días.

A mi lado, Xavier se queja de la racha ganadora de Poppy mientras la adolescente reúne todas las cartas, engreída, y anota otra victoria en la tableta donde están registrando la puntuación.

Reprimo una sonrisa al verlos debatir. Al final, Xavier ha conseguido lo que quería: convencer a una única persona de la base para que le coja cariño.

Por desgracia para él, nunca se la llevará a la cama, pero…

, bueno, ya ha tenido bastantes conquistas para toda su vida, tanto hombres como mujeres.

Una amistad platónica con una adolescente no le vendrá mal.

—Haces trampas —la acusa.

—¡No es verdad! —protesta Poppy antes de repartir otra mano ganadora.

—Eres una puta mentirosa.

—Solo tengo suerte. Con las cartas.

Mientras Xavier le hace una peineta, los ojos de la chica se centran en su muñeca, donde aún tiene el localizador. Nadie ha propuesto aún que se lo retiren.

—¿Te lo van a quitar? —pregunta Poppy con curiosidad.

El teniente suelta un bufido.

—No lo sé, pregúntaselo a tu mami.

—Mi madre pasa de mí.

Una sombra se yergue sobre la mesa. Saint.

—¿Puede apuntarse uno más?

De inmediato, la cara de Poppy enrojece cinco tonos, lo que me recuerda al día que negó con vehemencia estar enamorada de él. No la culparía si lo estuviera. Con esos ojos de color verde oscuro y la cara cincelada, Saint está muy bueno. No al nivel de Cross, pero…

¿Qué estás haciendo aquí?

Pestañeo. Durante un segundo, pensaba que había escuchado la voz de Cross. Supongo que siempre lo tengo en la cabeza.

Es tarde .

No, está pasando otra vez. La nueva y perpleja habilidad de la que me había olvidado hasta este momento. Porque sí que es Cross.

Espero que no te importe. Solo quería ver qué tal estabas .

El cuerpo se me queda frío. Porque esa… es Lyddie.