Capítulo 32 #2
—No demasiado. Iba un par de cursos por detrás de nosotros. Pero, por lo que vi, era peleona.
Reanudo la lectura, pero me cuesta concentrarme en estos trabajos escolares que no sirven de nada. He estado evitando leer los interrogatorios, pero, si quiero entender de verdad a mi madre y por qué actuó como lo hizo, quizá sea hora de pasar a los documentos más importantes.
Me siento tentada a empezar, pero el interrogatorio tiene unas doscientas páginas y no creo que a Kallister le haga gracia que me quede aquí toda la noche.
Dejo a un lado la tableta y me humedezco los labios secos.
—No logro entenderlo.
—¿Qué?
—Si yo le importaba o no a mi madre.
Una línea tensa le mancilla los labios.
—¿Qué te hace cuestionarte algo así?
—Sé que hizo todo lo posible para protegerme. Joder, lo más probable es que robara los huesos de otro niño y les prendiera fuego para ocultarme. Pero ¿quería protegerme de verdad o solo trataba de salvarse el culo?
—¿Por qué no ambas opciones?
—Puede ser. No recuerdo el incidente sobre el que me habló Jim, la razón por la que le pidió que me llevara lejos.
Debió asustarse cuando la incité. Sigo tratando de ponerme en su piel.
Su hija de cinco años manifestó un poder por el que nos matarían a las dos.
Podría haberme entregado a la Compañía, pero no lo hizo, lo que significa que una parte de su ser debía quererme, ¿no?
—Claro que tu madre te quería.
La emoción me inunda el pecho.
—¿De verdad lo crees?
—No me parece que Marina fuera despiadada —continúa—.
Creo que era capaz de querer. A tu padre lo amaba con locura.
Y a Julian. No creo que puedas fingir algo así.
Pero, como te he dicho, tenía una opinión muy firme.
Todos tenemos nuestros propios códigos morales y el de tu madre la llevó a servir a Merrick Redden.
Niego con la cabeza.
—No entiendo cómo podía Jim seguir queriéndola después de eso.
—No puedes controlar tus sentimientos.
—No, supongo que no.
Se produce una breve pausa. Observo cómo Kallister se inclina sobre la mesa para dejar la tableta. Se incorpora y cruza una pierna sobre otra, observándome con interés.
—¿Qué puedes contarme sobre Lydia?
Pestañeo ante el repentino cambio de tema.
—¿Te refieres a Lyddie? ¿De Velde?
—¿Así se hace llamar? —Cuando asiento, dice—: Muy bien. ¿Qué puedes contarme sobre Lyddie?
—Que me traicionó —contesto, sombría.
Kallister se muestra impasible.
—Sí, suele ocurrir en este mundo. ¿Qué más?
—Estaba trabajando para Travis cuando hui de la ciudad. Creo que mencionó que su padre formaba parte del servicio de inteligencia del Comando.
—Alexander de Velde. Es coronel. Y su madre, Catherine de Velde, es la jefa de biotecnología. ¿Te habló Lyddie de ella?
—No mucho. Y nunca conocí a sus padres. Se suponía que iba a hacerlo la noche del Aniversario. Se encontraban los dos allí. Pero estaba ocupada colocando las cargas para Adrienne y ayudándola a escapar después de que le corrompiera la mente al general…
Me interrumpo al recordar las acusaciones de Cross sobre que Adrienne estaba corrompiendo a los habitantes de los distritos. Solo se lo he contado a Xavier, pero esa idea tan inquietante me pesa sobre los hombros.
—¿Lo hace a gran escala? —me descubro preguntando.
Una arruga le cruza la frente.
—¿Adrienne?
—Sí. Lo pensé el otro día —miento—. Me da la impresión de que en el hospital del distrito que mencioné cuando llegué no solo había Modos fragmentados. Quizá algunos tenían la mente corrompida.
Su expresión se torna tensa.
—Se lo pregunté a Adrienne, pero dijo que solo usaba la corrupción cuando era una absoluta necesidad, como en el caso del general. Insistió en que nunca lo había hecho a gran escala. ¿Es cierto?
—La Autoridad votó la corrupción del general. Por unanimidad. Y puedo asegurarte que, si la corrupción en masa de inocentes se hubiera llevado a votación, no habría sido una decisión unánime, ni de lejos. Yo nunca permitiría algo así y confío en que los demás tampoco.
Una oleada de alivio me recorre el cuerpo.
—Entonces, no estáis haciendo nada de eso, ¿no?
—La Autoridad nunca ha aprobado una misión así, no. —Hace una pausa durante un segundo, con aspecto inquieto—. No creo que Adrienne hiciera algo así sin nuestro consentimiento, pero… —Se detiene de nuevo antes de negar con firmeza—. No, no lo haría.
Suelo estar de acuerdo con él. No creo que Adrienne sea capaz de algo así, pero… la duda sigue presente.
—Bueno, perdona, nos estamos desviando del tema. ¿Por qué me has preguntado por los de Velde?
Kallister se encoge de hombros.
—No estoy seguro. Quizá no sea nada, pero hemos oído rumores.
Rumores. La Autoridad siempre oye rumores y nunca está dispuesta a compartirlos. De hecho, por mucho que diga que comparte la información con total libertad, parece reservarse la mayoría de los datos.
Estoy a punto de insistir cuando una voz desconocida se filtra en mi mente.
No son inocentes, hermano .
Me sobresalto, sorprendida. ¿Ese era… Travis Redden?
—¿Va todo bien?
Pestañeo.
—Perdona, estaba en mi mundo. Debe de ser el cansancio.
—¿Quieres tomar un café? —me ofrece Kallister.
—Sí, gracias.
Apenas ha salido de la habitación cuando vuelvo a oírlo. Esta vez, sé que no es una alucinación.
Incluso nuestro padre sabía que podrían sernos de utilidad.
Es Cross. El corazón se me instala en la garganta. Está a salvo. Y con su hermano. No se marchó, al fin y al cabo.
Al darme cuenta de eso, me quedo conmocionada.
Más de lo que debería. Pero no logro olvidar la expresión devastada de su rostro cuando me dijo que estaba cansado, que el mundo no tenía salvación y que se iba a rendir, que no iba a seguir intentando arreglar el sistema desde el interior.
Si lo sentía de verdad, ¿por qué volvió?
No dejes que el bombardeo de la base o el ataque en el Cañón Helado te nublen el juicio , dice Cross.
No se parece a la telepatía, sino… a lo que ocurre cuando alguien proyecta una imagen en tu mente. Noto la misma sensación incómoda tras los ojos. Pero en mi cabeza no aparece visión alguna y, por lo que sé, Cross no puede proyectar.
¿Habrá sido otra conexión espontánea, como cuando nos vinculamos telepáticamente de niños?
El pulso se me acelera mientras una conversación entera se reproduce en mi cabeza. Cross está furioso. Percibo cómo su ira vibra por todo mi cuerpo. Travis está molesto.
Ya no es la Compañía de nuestro padre. El general era demasiado tolerante.
Quería usarlos como mano de obra, sí, pero en mi opinión no sirven ni para eso.
Son un puto peligro. Quizás te haya devuelto la sección Plata, pero solo tengo que chasquear los dedos para arrebatártela de nuevo.
Si dices en serio lo de volver al redil, necesito que te aclares las ideas .
¿Volver al redil? La conmoción me sobrepasa. ¿Qué cojones estás haciendo, Cross?
No solo ha vuelto, sino que se ha metido de lleno en la boca del lobo.
Lo estoy intentando, hermano, pero no me voy a quedar de brazos cruzados mientras matáis a esa gente. Lo que está haciendo Roe es asesinato. Y punto. Esas personas no hicieron nada malo.
Tal vez no, pero el resto necesitaba aprender una lección. A veces, la única manera de enseñarla es mostrar lo que les pasará si vuelven a crear el caos en los distritos. Necesitan servir de ejemplo.
Entonces, ¿ese es tu plan, ejecutar a todos los Aberrantes que encuentres?
Sí, hermanito. Porque solo son útiles si están controlados y, ahora mismo, están causándonos demasiados problemas. Por eso, si vas a formar parte de este nuevo régimen, entonces…
Silencio. Las voces se detienen sin previo aviso, dejándome desesperada, preguntándome cómo volver a oírlas.
—¿Seguro que estás bien? —Kallister reaparece con dos tazas de estaño humeantes.
Dudo. La Autoridad dejó claro durante mi revelación que tenía que contarles cada nuevo poder que tuviera, pero de ninguna manera voy a hablarles de esto a no ser que sepa qué demonios es.
—Sí —digo, aceptando el café—. Gracias.
Trato de volver a centrarme en el archivo de mi madre, pero la mente me va a mil kilómetros por hora.
Estoy deseando vincularme con Cross y conseguir respuestas, pero no es una conversación que pueda tener delante de Kallister, así que me obligo a esperar hasta más tarde.
No obstante, cuando llega el momento, no consigo respuesta alguna.
Cross sigue rechazando vincularse conmigo.