Capítulo 27 #2
La rabia se me acumula en el estómago, hirviendo con más fuerza y ardiendo con más violencia a medida que los prisioneros se enfrentan al pelotón de fusilamiento.
Por mucho que desee apartar la mirada, negar lo que está ocurriendo, no puedo hacerlo.
Caen uno a uno hasta que la plataforma es un mar de cuerpos y sangre.
La sustancia oscura y viscosa se filtra por los extremos de madera como largos témpanos rojos.
Travis observa cada ejecución con expresión impasible. No obstante, Roe no logra ocultar su deleite. Su satisfacción. Nos detesta. Nunca ha sido un secreto.
Respiro hondo de nuevo, tratando de aferrarme a los últimos retazos de serenidad que consigo reunir antes de que una oleada violenta de ira los drene.
A mi alrededor solo veo rostros impregnados de pena. De rabia. Ojos llenos de odio al observar cómo Travis y sus oficiales supervisan dieciséis asesinatos entre los vítores alocados del público. Estas personas, las que celebran la muerte y la crueldad, son igual de perversas que su líder.
Por fin, el pelotón de fusilamiento baja los fusiles y desaparece, dejando a su paso dieciséis cadáveres.
Cross me mantiene lejos de su mente durante toda la mañana. Cuando llega el mediodía, las náuseas me atenazan el estómago. Ha dicho que lo habían detenido. ¿Significa que lo han encarcelado de nuevo? ¿Que lo han encerrado en una sala de interrogatorios? Maldita sea, ¿por qué no se conecta conmigo?
Estoy saliendo del campo interior de tiro con Xavier, de camino al comedor para el almuerzo, cuando por fin noto una presión en la mente. Cross. El alivio me recorre el cuerpo cuando acepto su petición.
¿Te han hecho daño? , pregunto, inquieta.
No, me han soltado. Por el momento .
Por fin puedo respirar de nuevo.
Vale. Bien… Espera, ¿qué significa «por el momento»?
Mi hermano me ha convocado para una reunión mañana por la mañana. Los dos solos. Dijo que, al acabar, sabremos en qué punto nos encontramos.
¿Y eso qué quiere decir?
No lo sé, pero no me gusta.
A mí tampoco. Ha asesinado a dieciséis personas en directo. No le importará matar a una más. Una nueva descarga de miedo me constriñe la garganta. Cross, necesito que salgas…
No, lo que necesitas es escucharme , me interrumpe. ¿Crees que podríamos vernos esta noche? Tenemos que hablar.
¿Por qué no ahora?
No, estoy liado con una cosa. ¿Recuerdas el aeródromo que visitamos durante la formación para la sección Plata, la pista de aterrizaje en el distrito E, la que estaba inutilizada? Reúnete conmigo allí. A medianoche.
No sé si podré conseguir que me lleven…
Inténtalo.
Xavier y yo nos acercamos al comedor, donde advierto que Teriq y Gray se están dirigiendo a la puerta. Me apresuro hacia los dos y logro interceptar al segundo antes de que cruce el umbral. Lo cojo del brazo.
—¿Podemos hablar a solas un segundo?
Con el ceño fruncido, deja que lo lleve a un rincón aislado para no bloquear la entrada.
—¿Qué pasa?
—Necesito otro favor.
De inmediato, se le oscurece la expresión.
—Hay que joderse.
—Por favor. —Me muerdo el labio—. Necesito que me lleves al distrito E esta noche.
—¿Esta vez no tienes que ir al burdel? —Gray ha adoptado un tono más hosco, con una crueldad que nunca había utilizado.
—Por favor, ¿puedes llevarme a medianoche? No te lo pediría si no fuera importante. Urgente, incluso.
Se queda callado durante unos instantes. La tensión de su lenguaje corporal me informa de que no quiere hacerlo. Pero entonces me sorprende asintiendo con brusquedad.
—Tienes suerte. Debo llevar a Declan de nuevo a la base de la Zarzamora.
Una chispa de esperanza se enciende en mi interior. Recuerdo que dijo que la base está en el distrito H, al sur de E.
—Íbamos a marcharnos más temprano, pero puedo retrasarlo hasta cerca de la medianoche.
—Gracias. —Complacida, le doy un ligero apretón en el brazo, pero se deshace de mi mano y se aleja.
Por la noche, cogemos el híbrido. Declan se sienta con Gray en la cabina de mando mientras yo ocupo un asiento reclinable tras ellos. No he visto a Declan desde que lo llevaron a la enfermería, débil y jadeante. Ahora parece gozar de una salud perfecta.
—¿Has sufrido algún daño permanente en el corazón? —le pregunto.
—No, Fiona me ha hecho varios TAC y estoy como nuevo.
—Me alegro.
Se gira en el asiento.
—Darlington, sobre lo que ocurrió con Neema… He oído que Evlynne la pagó contigo, pero no fue culpa tuya. Fue un fallo en la información que recibimos.
Se me forma un nudo en la garganta.
—Gracias.
Ni siquiera aterrizamos para dejar a Declan. No puedo evitar sonreír cuando lo veo saltar en paracaídas del avión después de que Gray anuncie que nos estamos acercando a la base de la Zarzamora.
Cuando nos quedamos a solas, siento que Gray me dedica miradas de soslayo. Sé que tiene preguntas sobre mi encuentro clandestino, pero no las dice en voz alta, solo vuelve a centrar los ojos verdes en el parabrisas.
La luna nos guía mientras volamos de nuevo en la oscuridad. Sigue sorprendiéndome su aguda intuición. Nunca se desorienta pese a la falta de horizonte y siempre confía en los aparatos que pilota.
Como la última vez, el aterrizaje es tan suave como la mantequilla. En esta ocasión, estamos en una pista rodeada de árboles por tres de sus lados. No veo señales de vida cuando oteo por la ventana. Cross dijo que me daría instrucciones cuando llegara.
Acabo de aterrizar , le informo. ¿Dónde estás?
A unos metros al oeste de tu ubicación. Ven a pie .
—¿Cuánto tiempo tengo? —le pregunto a Gray.
—Una hora escasa. Voy a inhibir la señal del avión, pero no me voy a arriesgar más tiempo del necesario.
—Entendido. No tardaré. Mantén el intercomunicador encendido.
Salto del avión y me dejo caer sobre el oscuro asfalto.
Voy en camino. ¿Qué tengo que buscar? Dame algún punto de referencia.
Lo sabrás cuando lo veas.
Vaya, ¡cuánto secretismo! Cerca del poste que indica que llevo recorrido un kilómetro, los árboles se abren a un terreno irregular y descubro ante mí una pequeña cantera rocosa.
No está en uso y lleva así un tiempo, a juzgar por las hierbas y las enredaderas que reptan por los restos del material viejo y estropeado.
Me siento expuesta y, por un momento, el miedo me constriñe la garganta mientras me pregunto si habré caído en una trampa. Luego, me deshago del pensamiento porque Cross nunca me traicionaría. No tengo dudas.
¿Dónde estás?
—Aquí —dice una voz grave y ronca.
Me giro y lo veo apareciendo por el lado de una estructura derruida que supongo que, en algún momento, fue un despacho, pero que ahora es un puñado ruinoso de vigas de madera.
A pesar de la incertidumbre en el ambiente y la ira aún presente tras el anuncio de esta mañana, corro hacia él.
Me coge, me pasa un brazo musculoso por la cintura y me aprieta contra sí con fuerza mientras me sujeta la nuca con la otra mano.
Noto sus labios contra el pelo y lo oigo inhalar con fuerza.
—Joder —es lo único que dice.
Siento exactamente lo mismo.
Cuando se retira, el tormento ha invadido sus ojos azules, que nadan en un mar de infelicidad. Le acaricio las mejillas y le paso el pulgar por los bordes afilados de la mandíbula, donde noto la aspereza de su barba de dos días.
—No puedes seguir aquí, Cross. No cuando tu hermano está matando a Modos a sangre fría.
—Lo sé.
El alivio me recorre el cuerpo. Pensaba que necesitaría mucho más para convencerlo de que desertara.
—Pero primero necesitamos hablar de otra cosa. Después de que nos reuniéramos en Paraíso, comencé a investigar sobre los planes de mi hermano. ¿Contrató a tres personas para que me vigilaran? —Cross suelta un bufido—. Se lo devolví haciendo lo mismo.
Logro esbozar una tenue sonrisa.
—Por supuesto.
—Llevo semanas observando a Travis y hay cosas que están ocurriendo en segundo plano y que deberías saber. Proyectos que nuestro padre había aprobado. Secretos que nos ocultaba.
—¿Qué clase de secretos? —pregunto, alerta.
—Aún estoy intentando descubrirlos todos, pero ahora mismo el asunto más importante es tu Revolución. ¿Recuerdas la sala de hospital que encontraste durante una misión, la que estaba llena de Modos fragmentados?
—¿Te refieres a los Modos con los que experimentaba la Compañía? Porque no se me ocurre otra razón para que esa habitación estuviera llena de congeladores con viales de sangre.
—Quizá. No sé nada sobre los experimentos. Si mi padre les pidió a los empleados de biotecnología que llevaran a cabo algún estudio, es un secreto que aún no he desenterrado. Pero eso no es lo que me preocupa.
Aplaco mi impaciencia.
—¿Por qué estamos hablando entonces de los Modos fragmentados?
—Por nada —musita—. No me estaba refiriendo a ellos, sino a los corrompidos.