Capítulo 26 #2
No puedo resistir la tentación de robarle un último beso. Rozo los labios con los suyos, tratando de grabar en mi alma su tacto y gusto. Luego, me dirijo a la parte trasera y desaparezco entre las sombras.
—¿Dónde estás? —me pregunta Luisa al oído—. He recogido a Declan y a Archer.
—Treinta segundos —respondo.
Logro llegar al punto secundario de recogida, agradecida de que Luisa haya aceptado volver a por nosotros. Cuando el avión aparece ante mí, acelero hacia la seguridad de la aeronave que me espera.
—Ya estoy —les informo antes de abandonar la moto del Comando, al mismo tiempo que la rampa de carga baja ante mí.
Corro para subirme a bordo y, unos segundos después, la rampa se eleva y la puerta se cierra.
Me siento tan aliviada que me encuentro mareada.
Tana ya está atada con el arnés a su asiento.
Declan también. Está pálido y sudoroso, hiperventilando más incluso que antes.
Me siento al lado de mi amiga y me coloco las correas antes de centrar una mirada llena de preocupación en Declan.
—¿Qué le pasa? —pregunta Tana.
—Creo que le está dando un ataque al corazón. Lo ha negado, pero estoy bastante segura de que ha tocado un campo de fuerza con alguna parte del cuerpo. Luisa —digo, dirigiéndome a la cabina—, ¿puedes asegurarte de que Fiona esté lista para atender a Declan en cuanto aterricemos?
—Ya la he informado. Está preparándose.
Cuando me vinculo con Cross para contarle que estoy en el aire, su alivio es palpable.
Aléjate de los distritos durante un tiempo , me recomienda. Travis querrá un derramamiento de sangre por esto.
Siento una punzada de preocupación, pero trato de ocultar mi reacción porque noto los ojos de Tana fijos en mí.
No te irá a culpar por esto, ¿verdad?
Ya lo hace , responde, tenso. Pedí que me asignaran esta misión al enterarme de la reubicación, me ofrecí a facilitar el traslado y a asegurarme de que se llevaba a cabo sin complicaciones. ¿Y horas más tarde una unidad de la Revolución desbarata todo el plan? Travis no cree en las coincidencias .
Joder. ¡Joder! No se me había ocurrido siquiera que pudiera poner a Cross en peligro al pasarle la información a la Autoridad.
¿Puedo ayudar con algo?
No, palomita. Ponte a salvo. Solo eso.
Los treinta minutos que dura el vuelo son los más largos de mi vida.
Estoy con los nervios a flor de piel, esperando en todo momento que aparezca la flota aérea del Comando y nos ataque, pero sobrevolamos las Tierras Oscuras sin problema alguno.
Tana permanece en silencio durante la mayor parte del vuelo.
Solo cuando estamos cerca de la montaña noto cómo intenta vincularse conmigo.
¿Con quién estabas hablando?
Su tono desconfiado hace que me dé un vuelco el estómago. Abro la boca para mentir, pero no consigo hacerlo. La he engañado por omisión en alguna ocasión, pero nunca a la cara con una pregunta tan directa.
Advierto que nota mi dilema interno y percibo en sus ojos un ápice de desdén.
Te ha ayudado alguien . Sigue con la mirada fija en mí. Abriste la puerta de la celda porque te dieron un código. Uno de ellos .
Por fin, logro reunir el valor para contestar.
Si ha ocurrido como dices, ¿qué más da? Ahora eres libre .
Gira la cabeza y mira al frente, quedándose en silencio de nuevo. Cuando la montaña se abre ante nosotros y descendemos hacia la pista de aterrizaje, la tomo de la mano. Se tensa.
Sé que me odias , le digo en silencio. Pero me alegra que estés a salvo .
La expresión de Tana se suaviza y su voz se cuela en mi mente.
No te odio . Hace una pausa y observo cómo la consternación en sus ojos marrones se vuelve a convertir en desaprobación. Pero si estás trabajando con uno de ellos, si te fías de ellos… Nunca te odiaría, Wren, pero no sé si puedo confiar en ti .
Un equipo de bienvenida nos espera en el hangar cuando aterrizamos, pero no todos nos acogen con los brazos abiertos. Mientras Fiona y Teriq llevan a Declan a la enfermería a toda prisa, capto movimiento en la periferia de mi visión justo cuando Evlynne se abalanza hacia mí.
Es como si me atropellara un camión. La fuerza hace que me castañeen los dientes y caiga de culo. Su puño está a punto de aterrizar en mi cara, pero lo esquivo justo a tiempo.
—¡¿Qué le has hecho a Neema?! —grita Evlynne, lanzándose contra mí de nuevo.
Alguien la sujeta y la aleja de mí. Es Saint. Le rodea el torso con el brazo, pero la chica ya no se resiste, solo respira con dificultad. En sus ojos grises advierto el brillo de la locura, pero también del dolor. Del duelo.
Levanta los ojos hacia Saint y se le contorsiona la expresión.
—Te dije que no te la llevaras. Por culpa de esta puta inútil, Neema ha muerto.
—Neema chocó con un campo de fuerza. —Le sostengo la mirada al líder de misión, esperando que perciba en ella mi sinceridad—. La información que nos dieron no era correcta. El campo de fuerza estaba activado.
—Lo sé —contesta, sombrío—. Declan nos lo ha contado.
La rabia arde en mi interior cuando me giro hacia Evlynne.
—¿Lo ves? ¿Cómo cojones va a ser culpa mía?
—Quizá lo activaron porque sabían que ibais a estar allí.
Se está aferrando a un clavo ardiendo y, si no fuera por la angustia que se le plasma en la cara, mi indignación sería aún mayor. Sin embargo, contesto con un tono firme y calmado:
—Neema iba en cabeza. No tuvo tiempo de detenerse cuando advertimos que el campo de fuerza estaba activado. Declan podría haber muerto si no hubiera logrado apartarse en el último segundo. No fue culpa de nadie.
No sé si me cree, pero no vuelve a intentar atacarme. Se deshace del brazo de Saint y se dirige con largas zancadas hacia la cámara de descompresión.
A mi lado, Tana observa el hangar, insegura. Han llevado al valle a los demás prisioneros a los que hemos rescatado, pero ella se ha unido a nosotros en el último minuto y dudo que vayan a efectuarse más vuelos fuera de la Daga esta noche.
Le presiono ligeramente el hombro.
—Puedes pasar la noche en mi apartamento y mañana…
—No —me interrumpe Gray. Es la primera palabra que me ha dedicado desde que he bajado del avión—. Pasará la noche en la enfermería. Necesita que le hagamos una revisión médica. —Le dedica un gesto con la cabeza a Saint.
Abro la boca para protestar, pero el otro chico ya está guiando a Tana lejos de mí. Mi amiga mira hacia atrás, pero la tranquilizo diciendo:
—No te preocupes. Te buscaré por la mañana.
Si ella lo desea. Tras la conversación en el avión, no sé en qué punto está nuestra relación. La idea de que mi mejor amiga se esté preguntando si puede confiar en mí o no me carcome por dentro como un ácido corrosivo.
Cuando se han ido, Gray me dedica una mirada severa que no esperaba.
—Vamos.
Su frialdad me hace sentir incómoda.
—¿Adónde?
—A informar a la Autoridad.
—¿Ahora? Estamos en mitad de la noche. ¿No puede esperar?
—No, no puede.
—¿Por qué solo me lo dices a mí?
—Porque eres tú la que ha puesto en riesgo toda la misión y las vidas de sus compañeros de equipo para rescatar a su mejor amiga.
Asiento, tensa, aunque no me arrepiento de ninguna de mis acciones. Ya dejé que el Comando capturara a Tana en una ocasión. No iba a dejar que volviera a ocurrir. Si ninguno de los líderes quiere volver a trabajar conmigo por eso, que así sea.
En la sala de guerra, descubro que nos esperan todos los miembros de la Autoridad excepto Fiona.
Adrienne centra los ojos en Gray.
—Soy la apoderada de Fiona si necesitamos votar.
—¿Votar qué? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Si tus acciones tendrán consecuencias o no —replica Teriq.
Desde su asiento, Kallister me dedica una mirada compasiva, como si supiera la bronca que me espera. Teriq ha adoptado una expresión gélida. Y, por primera vez desde que lo conozco, Gray tiene todos los músculos de la cara tensos por la rabia. Sí, estoy metida en problemas.
—Formabas parte del equipo de distracción —dice Adrienne. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho y el pelo rojizo recogido en un moño muy tenso que le da un aspecto más intimidatorio de lo habitual.
—Sí —respondo con nerviosismo.
—Tu objetivo era situar las cargas que servirían como señuelo en el túnel de suministros de la parte oriental antes de retirarte, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces, ¿cómo acabaste llevando a cabo una puta misión secundaria en el cuadrante occidental de la mina?
Su tono condescendiente me provoca una descarga de irritación.
—Ya sabéis la respuesta. Estoy segura de que ya habéis escuchado las grabaciones de los intercomunicadores. Pero, si queréis repasar minuto a minuto lo que ha ocurrido esta noche…
—No necesitamos los detalles —me interrumpe, y un relámpago le cruza la mirada—. Solo nos gustaría saber por qué pensaste que podías arriesgar las vidas de otros Modificados para seguir tus propios planes.
—Eran planes compartidos —contraataco—. Fuimos allí para rescatar a los prisioneros, ¿no? Bueno, Tana era uno de ellos. Más aún, porque estaba en una prisión.
—¿Cómo lograste abrir la celda?
Adrienne hace la pregunta para desestabilizarme, pero gracias a la acusación de Tana durante el vuelo, ya he tenido tiempo de encontrar una excusa, por lo que no dudo siquiera.
—En la Élite Plateada nos dieron todos los códigos de seguridad. Cambian cada semana, pero probé varios y tuve suerte.
—Sí, una suerte de la hostia, Darlington. —Adrienne niega con la cabeza, desaprobatoria—. Nunca volverás a desobedecer una orden, ¿entendido?
—En teoría, pedí permiso. Y tampoco me hubiera molestado que me dejarais atrás.
—Saint le dijo que el avión se iría sin ella si no llegaba a tiempo —interviene Teriq, reticente.
—Y no arriesgué la vida de nadie más —añado.
—La de Declan —dice Kallister.
—Le pedí que se fuera. Podéis preguntárselo. Pero se negó —contesto entre dientes—. Como a mí, no le parecía bien dejar atrás a una Modo.
Adrienne tensa la mandíbula durante un segundo. Luego, dice:
—Márchate.