Paloma caída (Élite plateada 2) Capítulo 24 #2
45%

Capítulo 24 #2

—Necesito un francotirador —dice Saint—. Y Darlington es una de las mejores.

Una oleada de placer me inunda el pecho. Al menos alguien se ha dado cuenta de que puedo ser un buen activo.

Teriq se encoge de hombros y se dirige a los agentes seleccionados.

—Equipo de extracción: en la sala de guerra dentro de una hora. Os daremos los detalles ahí.

Mientras el grupo se dispersa, las charlas inundan de nuevo el comedor. Permanezco ahí de pie, aún sorprendida porque Saint me haya dado una oportunidad. Por primera vez desde que llegué a la Daga, alguien que no es ni Gray ni Xavier me ha puesto el sello de aprobación, de reconocimiento.

Sin poder evitarlo, intercepto a Saint en la puerta. Pero pierdo los nervios y me quedo ahí plantada como un pasmarote, mordiéndome el labio.

—¿Sí? —Espera.

—Ah, joder.

No sonríe, pero juraría que se le curvan las comisuras de los labios.

—Vale…

—Perdón, quería darte las gracias. Te agradezco que me des esta oportunidad.

Saint asiente y cruza la puerta. Cuando Gray se coloca ante mí y me guiña un ojo, le siseo al oído:

—¿Has sido tú?

—No. —Se encoge de hombros—. Saint elige a sus propios equipos.

El zumbido de voces en la sala de guerra se atenúa cuando Teriq y Saint comienzan la reunión. Estoy sentada al lado de Neema, cuyo lenguaje corporal rezuma una acritud apenas velada. No cree que deba formar parte de la misión. Eso está claro.

—Según nuestras fuentes, el general Redden ha aprobado el traslado de prisioneros Modificados que están cumpliendo una sentencia de trabajos forzados en la mina de sal del Cañón Helado.

En dos días, reubicarán a algunos en la mina del distrito K, pero creemos que los que se queden atrás tendrán que enfrentarse al pelotón de fusilamiento.

—La voz de Teriq se torna lúgubre—. Ahora mismo hay cuarenta y dos Modos en el Cañón Helado. Vamos a sacarlos esta noche.

¿Esta noche? Advierto la conmoción en algunas expresiones y me alegra ver que no soy la única sorprendida. No vamos a tener tiempo suficiente para planear un rescate a prueba de fallos.

Teriq se gira hacia la pantalla holográfica que ocupa una pared entera a sus espaldas, donde se proyecta un mapa del Cañón Helado y las instalaciones mineras.

Nos guía por él. Los puntos rojos indican las torres de los guardias.

Las líneas del mismo color, el camino de aquellos que vigilan el perímetro.

Señala una sección amarilla cerca de un túnel en el extremo oriental de las instalaciones y nos explica que representa un campo de fuerza.

—Según los datos que tenemos, lleva un tiempo sin estar operativo —dice—. Se necesita demasiada energía para mantenerlo activo. Por este túnel pasan los camiones con los suministros. El resto del tiempo, permanece vacío.

Saint da un paso al frente.

—Nos vamos a dividir en dos equipos: extracción y distracción.

De la primera se encargará el equipo de Teriq.

Pronto os darán toda la información. De la segunda, los que estáis conmigo.

—Mira hacia el extremo de la mesa que ocupamos los cinco a los que ha elegido—.

El equipo de distracción se infiltrará en el cañón a través de los acantilados orientales.

Vamos a dejarnos caer en ellos con paracaídas.

Luisa nos llevará al área de aterrizaje, donde nos reuniremos con Declan, de la base de la Zarzamora, quien tendrá preparado un medio de transporte.

Declan fue mi primer contacto de la red cuando llegué a Santuario e intenté salvar al tío Jim de la ejecución. Me cayó bien. Parecía competente.

—El equipo de distracción se dividirá en dos: ataque y señuelo. —Saint centra los ojos en Neema y en mí—. Darlington, Sharma, estaréis en esta última sección con Declan. Los demás os quedaréis conmigo.

Genial, me toca con Neema. Por su ceño fruncido, entiendo que está tan poco entusiasmada con que formemos parte del mismo equipo como lo estoy yo.

Saint pasa un dedo por la pantalla holográfica y las partículas de color blanco verdoso parecen bailar por el aire.

—El objetivo del equipo encargado de la trampa es colocar cargas en la boca del túnel aquí. —Dibuja una X en el mapa—. Darlington, cubrirás a Declan y Neema mientras sitúan los explosivos.

Asiento con un «sí, señor» silencioso.

—El equipo de ataque creará una distracción mayor —continúa Saint—.

En la zona de aterrizaje nos esperará un camión, camuflado para parecer que transporta suministros.

Necesitamos acercarnos lo suficiente al perímetro de seguridad y, allí, hacer ruido, desatar movimiento.

El objetivo es crear una laguna en la seguridad de los barracones atrayendo a los guardias a la propia mina; necesitan creer que nuestra intención es volarla por los aires.

Orin interviene con las espesas cejas arqueadas.

—¿Y por qué no lo hacemos?

—Porque es una de las dos minas de sal operativas en el Continente —contesta Teriq—. Es decir, es un recurso que no nos podemos permitir perder.

—¿A qué clase de seguridad nos estamos enfrentando? —pre­gunta Henley, quien está reclinado en la silla, perezoso e impasible, como si estuviera jugando a las cartas con unos amigos.

—Hay un equipo de asalto formado por seis soldados que se pasean por el perímetro a lo largo de su turno de tres horas.

Entraremos justo después del cambio de turno.

Así ganaremos algo de tiempo. —Saint dibuja una línea en el mapa, cerca del túnel—.

Y esto va para el equipo señuelo: según nuestras fuentes, no suele haber más de dos guardias situados en la entrada del túnel de suministros y ninguno en la salida porque siempre han dependido del campo de fuerza, así que no se han molestado en aumentar la seguridad después de desactivarlo.

Los guardias del túnel rotan cada hora, pero, por lo que nos han contado, no suelen estar demasiado alerta.

—¿Qué intensidad tendrá el ataque? —pregunta Henley.

—La que se necesite —contesta Saint—. Queremos que los guardias se centren en nosotros. Cuanto más ruido hagamos, más tiempo le conseguiremos al equipo de extracción. Luisa nos proporcionará apoyo aéreo.

—Mientras el equipo de Saint crea las distracciones —interviene Teriq—, el de extracción se pondrá en movimiento.

Llevamos años recibiendo información de los prisioneros del campo, por lo que sabemos cómo se organiza la Compañía en él.

La seguridad la lleva a cabo la sección Cobre, lo que nos beneficia.

Nuestra formación es superior en todos los sentidos.

Su ventaja está en esa rutina de turnos constantes.

No se equivoca. Al Comando se le da bien mantener la concentración de sus guardias. Lo vi de primera mano en la sección Plata.

—Mientras el equipo de distracción lleve a cabo su misión, el de extracción se colará en los barracones del oeste.

—Pasa una mano por la pantalla y el mapa se disuelve antes de que en su lugar aparezca una imagen de las dependencias de los prisioneros—.

Los de las mujeres están aquí. Y los de los hombres, aquí.

—Dibuja una X sobre cada punto antes de trazar una línea hacia otra zona del mapa—.

Están a quinientos metros del lugar por el que entraremos y a tres kilómetros y medio del área de recogida.

—¿No hay plataforma? —pregunta alguien con el ceño fruncido.

—Me llevaré el avión de transporte —dice Gray—. Aguantará esa carga y no necesita plataforma de aterrizaje.

—Tenemos contactos ahí dentro que harán que los prisioneros estén en sus puestos cuando lleguemos —continúa Teriq—. Los barracones se cierran de noche, por lo que necesitaremos acceder a los cerrojos y abrirlos. Ryker puede hacerlo en remoto.

—No del todo —le corrige el encargado de tecnología que Teriq ha elegido para su equipo—. Necesitaré estar a doscientos metros.

El líder de misión asiente.

—Hablaremos a través de intercomunicadores encriptados. Ryker los configurará todos. Me coordinaré a través de la telepatía con nuestros contactos entre los prisioneros, Bowe y Morlee.

Levanto la mano.

—¿Morlee Hadley?

Teriq me mira.

—¿La conoces?

—Es de mi distrito. Su hijo era uno de los instructores en el programa. —Desvío los ojos hacia Gray—. Matt Hadley.

—Menudo traidor —musita alguien. Todo el mundo sabe que denunció a su propia madre ante el Comando cuando descubrió que era una Modificada.

—Morlee y Bowe prepararán a todos para que se pongan en movimiento en cuanto se lo indiquemos —dice Teriq.

—Una vez que la distracción cause efecto, los soldados de Bronce entrarán en pánico.

Según su respuesta, tendremos más o menos tiempo, de ahí que el primer paso sea crucial —co­menta Saint—.

Ryker bloqueará sus canales para que no sean capaces de pedir refuerzos, pero no podemos depender solo de eso.

Antes de retirarse, el equipo de ataque debe utilizar fuego de supresión para que parezca un atentado real.

El equipo señuelo colocará las cargas en el túnel y saldrá de allí cagando leches.

Repaso la secuencia en mi mente. Atacarlos con fuerza, distraerlos, retirarse y salir de allí. Parece fácil.

—¿Cuál es el plan B si la situación se tuerce? —quiere saber Neema.

Gray se ocupa de la pregunta.

—Si la distracción falla, abortamos misión. Retrocedemos y retirada.

—¿Y los prisioneros? —pregunto con el ceño fruncido.

Su respuesta es más brusca de lo que esperaba.

—No podemos salvarlos a todos, Darlington.

—Equipo de extracción —prosigue Teriq—, voy a mandaros la rutina de patrullaje de los guardias a los intercomunicadores. Estudiadla.

—También al de distracción —dice Saint—. El equipo señuelo debe asegurarse de memorizar el mapa del túnel para saber dónde se sitúan las cargas.

Levanto la mano, un poco avergonzada.

—No tengo permisos para acceder a todas las secciones en el intercomunicador.

Saint me dedica un rápido vistazo.

—Te daré acceso. Necesitáis conocer ese túnel como la palma de vuestra mano. Toda la operación depende de la velocidad y eficacia de las distracciones. Quiero que el equipo encargado de la trampa vuelva a la zona de extracción en cuanto coloque las cargas.

Teriq da una palmada que marca el final de la reunión.

—Nos pondremos en marcha a medianoche.

Noto la emoción en el aire cuando nos dan permiso para retirarnos.

Me paso las horas siguientes leyendo la información que me ha enviado Saint al intercomunicador.

Estoy en la sala común porque Xavier me acosará a preguntas si me quedo en nuestro apartamento.

Aunque me parece que la Revolución está perdiendo oportunidades al no utilizarlo; sería un activo muy útil en una misión de este estilo.

Sin embargo, no puede siquiera abandonar la planta de Personal a no ser que yo lo acompañe.

Cuando se acerca el momento de partir, me dirijo a la sala de equipación para colocarme el chaleco antibalas sobre el conjunto totalmente negro que me he enfundado un rato antes.

Al lado está la armería, donde me hago con varias fundas para cuchillos y una cartuchera para el brazo.

También saco un elegante fusil con visión nocturna y me estremezco al pasar los dedos por el cañón.

Saint arquea una ceja cuando casi ronroneo de placer.

—Ya te lo dije —comenta Gray—. Le ponen las armas.

—Es el fusil más sexi que he visto nunca —musito, acercando el ojo a la mira.

Tras armarnos y repasar los detalles de la misión varias veces, nos reunimos en el hangar. Estamos a unos minutos de elevarnos, como dice Gray. Me ha asegurado que es un término militar de la era pasada que se usaba en las fuerzas aéreas.

Una diminuta descarga de adrenalina me inunda las venas cuando me subo al pequeño avión de carga.

Luisa está en la cabina de mando, presionando botones y ajustando controles con seguridad.

Me encantaría estar en la misma aeronave que Gray y Teriq, pero es la primera vez que un líder de misión me elige para una operación, así que no me puedo quejar.

Me coloco en el asiento junto al de Henley, quien me dedica un guiño cuando se inclina sobre mi arnés.

—Necesitas apretártelo más —me asegura y tira de las correas con destreza.

—Gracias —musito.

Segundos más tarde, salimos de la Daga. El estómago se me convierte en un nudo cuando intento conectarme con Tana para avisarle de lo que está ocurriendo.

Ya lo he intentado varias veces, pero no lo ha aceptado.

Igual que ahora, lo que me provoca una oleada de frustración.

Estoy segura de que sabe que vamos hacia allí porque lo más seguro es que Morlee se haya encargado de preparar a los prisioneros, así que ¿por qué no me deja contactar con ella?

Llevamos unos minutos de vuelo cuando la voz de Teriq surge de nuestros auriculares.

—Hay un nuevo giro en los acontecimientos. Según los informes, Cross Redden está en la zona.