Capítulo 9 #2
—Estoy acostumbrado. —Con una sonrisa, se pone en pie. Advierto que se le iluminan las venas, lo que me indica que está usando los poderes. Entonces, dice—: Espera aquí. Quiero presentarte a alguien.
Mientras se aleja, me levanto y me reajusto la parte frontal de la camiseta.
Tras oír las pisadas que retumban por la cámara principal, Kallister vuelve con un joven larguirucho que debe de tener mi edad.
Lo más probable es que fuera mono si no tuviera ese aspecto esquelético que le hace parecer un pájaro. El ceño fruncido tampoco ayuda.
—Wren, me gustaría presentarte a Hawkins Jost, el único incitador que conocemos en el Continente, aparte de ti.
Contemplo al chico, conmocionada. Nunca había conocido a otro incitador, lo que supongo que tiene sentido si solo somos dos.
—Hawkins podrá ayudarte a aprovechar el oro —añade Kallister.
Mi conmoción se convierte en confusión.
—No lo entiendo.
—Me lo imaginaba. Julian siempre pensaba que era la persona más lista del mundo —dice Kallister—. Seguro que creyó que podría enseñártelo todo, ¿no? Bueno, había algunas cosas que mi hermano no sabía. Es difícil saber cómo usar el oro para aquellos que no tienen.
—Sigo sin pillarlo —insisto—. ¿Qué es el oro?
—Es una frecuencia que solo poseen algunos Modos —me explica Kallister—. Se asocia con los poderes de manipulación.
Al advertir mi desconcierto creciente, Hawkins curva los labios en una mueca de desprecio.
—¿Sabes algo?
Al parecer, no. Kallister le dedica al chico un ceño fruncido y una mirada recriminatoria.
—Sé amable. No ha recibido la formación adecuada.
Sus palabras me molestan porque… ¡y una mierda! Jim sí que me formó como debía. ¿Y qué si no sabía cómo aprovechar ese estúpido poder misterioso que no tiene la mayoría de los Modos?
—Las habilidades de los Modificados se dividen en varias categorías —dice Kallister, paciente, tras girarse hacia mí—.
Las llamamos las tres familias de poderes: fundacional, emocional y manipulativa.
La primera hace referencia a los dones básicos, como la lectura de mentes, la telepatía, la premonición, la proyección, etc.
—¿La emocional se corresponde con las habilidades de los empáticos? —pregunto.
—Correcto. Los poderes manipulativos incluyen incitación, corrupción, persuasión…
—¿Persuasión?
Asiente.
—Un persuasor es capaz de introducir ideas en la cabeza de otra persona.
Es parecido a la incitación, pero la mente objetivo no suele darse cuenta de que se ha plantado una semilla en su cerebro.
Si un persuasor tiene habilidad suficiente, la otra mente pensará que la idea ha surgido de forma orgánica.
Arqueo las cejas. No tenía ni idea de que existiera esa habilidad.
—Antes había una Modo en la base que lo sabía hacer, Siggie.
—Suspira, arrepentido—. La perdimos en una emboscada en un distrito hace unos años.
Pero me estoy desviando del tema. Los poderes de manipulación dependen de una frecuencia poco habitual —continúa.
Hawkins permanece de pie a su lado, en silencio, con los brazos cruzados—.
La llamamos oro porque los manipuladores dicen que se manifiesta como el color dorado en su mente.
Me muerdo el interior de la mejilla, pensando en las motas doradas que flotaban tras mis párpados cuando incité al pelotón de fusilamiento en la ejecución del tío Jim.
—La frecuencia de oro es indetectable en la mente receptora.
Si se usa con otro Modo, el objetivo no recibirá una descarga eléctrica.
El sistema de alerta interno no se activa y la mayoría de las veces la otra mente no es consciente de la intromisión.
Un incitador poderoso, como el presidente Severn, logra forzar la voluntad de otra persona, secuestrar su sistema motor, sin que esta sepa siquiera que está ocurriendo.
Vaya, no me extraña que se temiera tanto a Tack Severn. Cada vez que he incitado, la otra mente se ha resistido con mucha fuerza.
—Pero, si tienen un escudo muy fuerte… —empiezo a decir.
—No funcionan —me interrumpe Hawkins.
—¿Qué no funcionan?
—Los escudos —dice, cortante—. Nadie puede protegerse contra una actividad que utilice el oro.
Hostia puta.
—¿Tú ves oro al incitar? —me pregunta Kallister.
—Sí.
—Y, cuando lo atraes hacia ti…
—¿Qué quieres decir con atraerlo hacia mí? —Arrugo la frente—. No atraigo nada hacia mí. Solo… repito la orden una y otra vez.
Hawkins suelta una carcajada brusca.
—¿Y qué tal te está yendo?
Frunzo el ceño ante su sarcasmo.
—Pues…
Me interrumpe de nuevo, girándose hacia Kallister.
—No sabe incitar.
—Es lo que he intentado decirle a todo el mundo —musito, y se me eriza la piel por la ofensa—. No sé cómo hacerlo. Ocurre de forma espontánea.
Hawkins sigue centrado en Kallister.
—Tiene acceso al oro, pero no lo aprovecha.
—Entonces, enséñale a aprovecharlo —replica Kallister, quien parece molesto.
—¿Y qué consigo a cambio?
—¿Qué quieres?
¿En serio están negociando?
—Tabaco sintético la próxima vez que Reed vuelva tras una operación —dice Hawkins después de pensarlo un momento.
—Vale, pero enséñale.
—Necesitaré una rata.
—Gray se ha presentado voluntario.
Paseo la mirada de un hombre a otro mientras trato de encontrarle algún sentido a lo que están diciendo, pero su intercambio veloz acaba con Hawkins saliendo de forma abrupta del recoveco.
—Empezaremos mañana —suelta sin girarse, dejándome con la duda de qué cojones acaba de pasar.
La vida en la Daga es parecida a la de la base del Comando.
Todos tienen una tarea asignada. Todos entrenan.
Todos se mantienen ocupados. Gray me dijo que quizá conseguiría un puesto en el campo de tiro, pero nadie ha dicho nada al respecto aún y mi intercomunicador guarda un silencio deprimente el resto del día mientras me muero de aburrimiento en mi habitación.
Después de terminar en el Templo esta mañana, Kallister dijo que tenía que asistir a una reunión y desapareció.
Intenté explorar por mi cuenta la planta de Operaciones, pero descubrí que era incapaz de activar la mayoría de los escáneres de retina y pulgar.
No me dejan acceder todavía a muchas de las áreas y, cuando he intentado volver al Templo, el ascensor no me ha permitido llegar a la PB.
Para empeorar la situación, echo de menos a Cross. Añoro el calor de sus besos recorriéndome el cuello, sus manos fuertes y hábiles cogiéndome de la cintura o enredadas en mi pelo.
Necesito oír su voz, así que contacto con él casi sin quererlo.
¿Estás bien, palomita?
Sonrío. Ahora todas nuestras conversaciones empiezan así.
Todo bien.
¿Qué pasa? Me conoce demasiado.
Nada, bueno, algo hay, pero no es importante. Se ha corrido la noticia de que puedo incitar y ahora algunas personas me tienen miedo .
Bueno, das un miedo de la hostia, la verdad.
¡No es cierto! , protesto.
A mí sí . Ya no está de broma y la emoción le ha agravado la voz.
¿Por qué te doy miedo?
Porque haría lo que fuera para mantenerte a salvo .
Una descarga de calidez me recorre el cuerpo. Sé exactamente a qué se refiere.
¿Qué has estado haciendo hoy? , pregunta, cambiando de tema.
He practicado con Kallister.
¿Uno de los líderes?
Sí . Hago una pausa. No te lo he contado porque sigo haciéndome a la idea, pero… es el hermano de Jim. ¡Su hermano gemelo!
Joder, eso debe dar yuyu.
La verdad es que sí .
¿Qué habéis estado practicando?
Quieren que domine la incitación .
El silencio me inunda la mente.
¿Lobo?
¿Es lo que quieres? , pregunta al final. No parece una reprimenda, solo curiosidad. ¿Dominarla? Porque me dijiste que es un poder que no deseabas usar.
Y no quiero, pero lo más probable es que deba aprender a controlarla para que deje de ocurrir de manera espontánea. Al menos, si consigo dominarla de forma consciente, podré elegir cuándo usarla. Dudo. ¿Tú la usarías? Si pudieras, ¿incitarías a alguien a que hiciera lo que tú quieres?
A diferencia de mí, no titubea.
Si mi vida estuviera en peligro, sí, usaría la incitación. Como lo que hiciste con Jayde. Matar o morir, ¿no?
Me… siento un poco hipócrita . La confesión se me escapa antes de que pueda reprimirla. Siempre hablo de lo importante que es la voluntad propia, de lo malo que es incitar a otra persona, pero ni siquiera dudé cuando incité a Jayde para que se disparara a sí misma.
Se te activó el instinto de supervivencia , dice con brusquedad. Es una reacción innata para permanecer con vida. La mayoría de las personas no lo reprime.
Lo sé, pero eso es lo peor. En ese momento tenía justificación, pero después he seguido sintiéndome como un monstruo porque, aunque fuera una cuestión de vida o muerte, sigue siendo como una violación.
No quiero ser la persona que es capaz de hacer algo así.
Odio la manera en la que se me quiebra la voz.
Nunca pensé que sería capaz de cruzar esa línea .
¿Habrías preferido que te matara ella a ti? Porque seguro que la respuesta es no. Cruza todas las líneas que creas necesarias. No me importa lo que tengas que hacer, pero quédate en este puto mundo conmigo, Margarita.
Pero es que no estamos juntos , replico. Yo estoy aquí, sola, preocupándome por si uno de tus hermanos te mata, deseando que estuvieras a mi lado cada segundo del día . Suelto un gruñido. La ciudad es demasiado peligrosa para mí y la Revolución, para ti. ¿Cómo cojones vamos a hacerlo?
Podríamos huir , me sugiere. Dejarlo todo atrás.
La idea me hace reír.
Creo que no es una opción.
Podría serlo.
Algo en su tono hace que me detenga.
¿De verdad? ¿Huirías? ¿Dejarías atrás a tu madre? ¿A tu unidad? ¿Permitirías que tus hermanos ganaran la guerra y redujeran el mundo a cenizas?
En una guerra no hay ganadores, palomita. Todos pierden a lo grande. Es lo que ocurre cuando a todo el puto mundo le faltan principios morales.
No creo que nunca lo haya visto con una actitud tan cínica. Ambos nos quedamos en silencio un momento, pero soy incapaz de ignorar la punzada de preocupación que me carcome las entrañas.
¿Estás bien? , pregunto porque no me ha parecido que lo esté desde que me fui.
Sí , me tranquiliza.
¿Dónde te encuentras?
En la base. Mirando a la pared. Echándote de menos.
Yo también te echo de menos .
El dolor me vuelve a atravesar el pecho. Cross y yo nos encontramos, comprendimos que éramos Lobo y Margarita y, justo después, me vi obligada a huir de la ciudad y dejarlo atrás. Bueno, él decidió quedarse atrás.
Me trago el nudo que se me forma en la garganta porque se parece demasiado al rencor. No estoy molesta con Cross. Ni enfadada. De verdad. Sin embargo, quizá una pequeña parte de mi ser, una parte diminuta y herida, no pueda olvidar que tuvo la oportunidad de venir conmigo y prefirió quedarse.