Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 8 #5
92%

Capítulo 8 #5

―Disculpe, excelencia, pero esto es una conversación privada ―lo invitó el conde a marcharse.

―¿Nos conocemos? ―preguntó Nicky al hombre cuando lo miró con atención. Ese rostro le era familiar…

―No pretenderá que venga a Londres a hacer mi mejor oferta de matrimonio y no conozca a mis rivales en el juego… ¿No le parece?

―Aquí no hay rival alguno. Simplemente, la dama es la hermana de mi mejor amigo y…

―Eso tengo entendido ―lo cortó Ashwood.

―… como amigo de la familia, me preocupa que una joven dama casadera esté en un lugar tan poco apropiado con la única compañía de un hombre al que no conoce.

Vamos, Brenda. ―El duque le tendió la mano para que ella saliera de detrás del maldito bastardo que se había atrevido a llevársela a la oscuridad de la noche.

Brenda salió de la protección de su lugar. Miró a uno y a otro.

―Estoy bien ―señaló mirando a Nicky―, por favor, regresa al salón, todavía no he terminado de hablar con lord Ashwood.

El duque no se lo pensó dos veces y la agarró del brazo para llevársela de allí.

Ella no iba a entregar sus favores a nadie que no fuese él.

El hombre de las cavernas que habitaba en su interior había salido a la superficie.

Ella no tenía derecho a acecharlo, a hacerle disfrutar de sus intentos y encantos, y luego marcharse con el primer tarambana que apareciese.

Ese gesto no agradó lo más mínimo a Jonathan, que, rápidamente, se interpuso en el camino de ambos.

―Me temo que no puedo consentir que se lleve a la dama, cuando ella le ha indicado que tenemos todavía pendiente una conversación.

―Y yo me temo que no comprende que esta mujer me pertenece. ―El corazón de Brenda brincó, bailó y dio palmadas de alegría.

―¿Cómo dice? ―Ashwood mentiría si no confesase que era la situación más interesante en la que se había visto envuelto en los últimos años.

―La dama es mía, puesto que se me fue concedida en matrimonio.

―¡Ah! ―Ashwood colocó los brazos a su espalda al tiempo que levantaba la cabeza―. Me temo que eso ya no es cierto.

―¿Se atreve a cuestionar mi palabra? ―saltó el duque enfurecido.

―No solo me atrevo, sino que niego que esa bella mujer ―la señaló a ella― le pertenezca.

―¿Cómo se atreve? ―Si no le pedía disculpas de inmediato, ese hombre acabaría tumbado en el suelo, porque él estaba ya levantando su brazo para darle su merecido.

―Me atrevo porque, según me ha explicado lord Latimer, usted rompió el contrato que lo vinculaba a ella y le exigió al barón que hiciera lo mismo, cosa que, por supuesto, él hizo.

En su misiva, tal y como me relató mi buen amigo Gordon ―él usó el nombre de pila para demostrar que no iba de farol―, le indicaba que bajo ningún concepto consideraría a la dama digna de un matrimonio con usted, y señalaba en su carta que sería la última mujer con la que decidiría casarse, aún a riesgo de levantar la ira de su mejor amigo.

Ni aunque su vida o fortuna dependiese de ese enlace usted la tomaría por esposa, ni aunque su amistad con él terminase en el momento de su negativa, reconsideraría su postura.

Me parece que la llamó mercancía de segunda mano…

―Lord Ashwood no se sintió demasiado caballero habiendo recitado todas estas atrocidades delante de la mujer, no obstante, era lo que debía hacerse.

―¿Por qué demonios compartiría Latimer una información tan privada con usted?

―Nicky estaba estupefacto. De acuerdo que la misiva fue escrita minutos después de que ella lo abandonase en su casa no queriendo ser su esposa y que él volcó ahí toda su congoja, rabia e ira, pero su amigo no tenía derecho a airear algo tan íntimo.

―Porque me temo que soy el hombre que va a rescatar a la dama.

―¿Rescatarla de qué?

―Cito las palabras de Latimer: «Mi hermana se ha visto asediada por un dragón estúpido que no la merece y necesita un príncipe que la rescate».

Nicky no se lo pensó dos veces. Levantó su puño en alto y trató de atizarle a ese mequetrefe. El supuesto príncipe frenó el ataque sin apenas esfuerzo. Ashwood mantuvo preso el puño derecho del duque.

―Me temo que no puedo consentir que dañe usted mi rostro, pues tengo una dama a la que conquistar.

―Esa dama es mía.

―Una lástima que ella no lo vea así… ―El hombre no iba a arrinconarse.

―¿Brenda? Díselo ―exigió Beauford al tiempo que no le quitaba el ojo de encima a su oponente.

―Tan ocupado estaba en usted mismo, excelencia, que no se ha dado cuenta de que la ha perdido… ―Ashwood soltó la mano del duque e inició el camino de regreso al salón de baile. Su actuación había sido magistral. La primera toma de contacto podría ser catalogada como de éxito rotundo.

Nicky se dio la vuelta para enfrentarla. No estaba. Brenda no estaba. En algún momento ella se había marchado del lugar y los había dejado solos.

¡Pues bien! Era lo que él quería, que ella lo dejase de una buena vez tranquilo… Al fin parecía haberlo conseguido… Ella se había marchado en lo que parecía una huida para no volver.

Nicky había conseguido su propósito, entonces, ¿por qué la victoria le sabía tan agria ?