Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

―¡No pasó nada! ―Brenda estaba muy divertida contando la mentira.

La culpa era por entera de él que la estaba obligando a estas cosas―.

El hombre es incapaz de poder emplear su…

ya saben… y es por eso por lo que busca una cantidad de mujeres para que ellas puedan darse placer entre sí y que no echen en falta su…

ya me entienden… ¡Un desastre! Como comprenderán, yo no podía casarme con un hombre que no podría hacerme… ¡nada!

Ellas saltaron en murmullos. Brenda sonrió.

Estaban escandalizadas con la información.

Entre ellas hablaban de que habían oído ya a otras mujeres decir que era un patán en el lecho, un amante egoísta que no sabía tocar a una mujer.

Brenda se quedó con las ganas de explicar que esa parte también era verídica…

Pero optó por hacer lo más sensato:

―Por favor, les pido máxima discreción. No quisiera arruinar la reputación de un duque… ya me entienden… si llegase a saberse…. ―Las mujeres juraron que el secreto se iría a la tumba con ellas, y Brenda era consciente de que en menos de diez minutos el rumor ya habría dado la vuelta al salón.

Bien, la primera parte de su plan estaba hecha. Tocaba, pues, poner en marcha la segunda. Divisó al hombre más atractivo del salón y se dirigió hacia él. Le tocó el brazo para llamar su atención y cuando este, extrañado, la miró, ella batió sus pestañas, coqueta.

Ese hombre la dejó obnubilada. Pelo negro, ojos verdes, labios gruesos… un cuerpo de Dios. En verdad era más atractivo que Nicky. Y sí, esperaba que él se molestase bastante…

―¡Oh! Disculpe, creo que me he confundido, lord… ―Ella se llevó una mano a la boca para mostrar su espanto. Era una gran actriz…

―Ashwood, conde de Ashwood a sus pies.

―Mucho gusto, milord . ―No dejó de sonreír en ningún momento.

―¿Y quién es la bonita dama que se ha equivocado? ―Lo vio sonreír y se quedó perpleja. No debía haber ido a buscar al más apuesto del baile. Debió haber buscado otro que no fuera más apuesto que Nicky.

―Oh, milord ―ella sonrió ampliamente, porque sabía que lo haría rabiar a conciencia al verla hablar con ese hombre tan divino―, soy la señorita Brown.

―¿Es usted la hermana de Latimer? ―preguntó mientras se reía en silencio―. Mi buena fortuna no hace más que aumentar.

Ella dejó de sonreír. Eso sí que no se lo esperaba.

―En efecto, lo soy. ¿Puedo preguntar qué relación tiene con mi hermano?

―Digamos que son… negocios… ¿Puedo pedirle yo un baile a la dama más bonita de la fiesta?

Ella se puso seria. Su instinto de reportera le decía que ese hombre ocultaba algo… Por el rabillo del ojo vio que Nicky tenía su atención centrada en ella. Brenda se sonrió. Necesitaba al hombre para celarlo y era lo que iba a hacer.

―Por supuesto que sí, será todo un placer. ―Ella hizo una reverencia y él le agarró la mano.

Su mirada se cruzó con la de Nicky. Ella levantó una ceja acusadora.

Así que él podía ir de caza, pero ella debía quedarse quieta observándolo…

Lo vio fruncir los labios en un fino rictus que quedó blanco por la fuerza con la que él los apretaba, y le dieron ganas de echarse a reír.

¡Pero si ella era suya! Lo maldijo por obligarla a hacerle daño deliberadamente.

¡Él no iba a salirse con la suya! ¡De ninguna manera!

―¿Señorita Brown? ―La trajo el conde de Ashwood de nuevo al presente.

―¿Sí? ―Ella dejó de mirar en ese momento a Nicky y trató de centrar su atención en el hombre que tenía delante. Debía confesar que ver al duque con el gesto contrariado y los puños apretados le daba esperanzas.

―He venido esta noche con la única idea de verla a usted. ―Brenda trastabilló. Él la sujetó fuertemente por la cintura para que no cayese.

―Lo siento, no suelo ser tan torpe.

―La culpa es mía por haber sido tan directo.

―Lo cierto es que no esperaba una afirmación tan… ha sido ciertamente desconcertante, milord .

―Ashwood. Llámeme Ashwood.

―No creo que sea correcto. ―Ella rodó los ojos con su actitud, había hecho tantas cosas tan poco apropiadas, que bien podría llamar a ese adonis por su título… Aun así, hacerlo se sentía desleal hacia el duque.

―Insisto.

―Está bien. ―¿Qué? Brenda no quería contrariar a otro noble con su falta de etiqueta. Haber hecho enfadar a Beauford y Dacre ya era bastante con lo que acarrear, ¿no?

―Mi viaje a la ciudad está relacionado con usted. Como le he dicho, soy un conocido de lord Latimer.

―¿Me permite ser franca, milord ? ―Ella no tenía tiempo para más juegos. El que mantenía con el duque la tenía sobrepasada. No podía volver a centrar su atención en otro hombre más.

―Siempre que me permita a mí lo mismo.

―Desde luego. Es algo que agradeceré enormemente.

―Adelante, pues.

―Conozco muy bien a mi hermano. Pese a que está en el campo, él siempre me mantiene vigilada.

―Me consta que es así.

―Por favor, dígame a qué se debe su interés.

―¿Con franqueza?

―Por favor, insisto.

―¿Pese a que pueda ofenderla?

―Tengo la piel más dura de lo que aparento. Adelante, Ashwood.

―Prometa que terminará al vals conmigo, que no va a dejarme plantado.

―Me está asustando, milord .

―¿Lo promete?

―Le prometo hacer mi mejor esfuerzo para comprender lo que me vaya a relatar. ¿Trato hecho?

―Trato hecho. Verá, señorita, lo cierto es que le debo una cantidad indecente de dinero a su hermano por cuestiones que no vienen al caso.

―Siga.

Él suspiró. De perdidos al río. Mejor ir con la verdad por delante.

―Lord Latimer está dispuesto a olvidar la deuda si accedo a desposarla.

Brenda volvió a trastabillar. Esta vez ella no pudo continuar con el baile.

Él se temió que ella saliera despavorida y la agarró por la cintura, y la conminó a ir hacia las puertas francesas.

Necesitaban un lugar en el que hablar. Jonathan Greyfus no debió haber soltado de improvisto las novedades.

Se regañó a sí mismo por no haber tenido suficiente tacto con la dama.

Brenda se había quedado sin respiración.

¡Su hermano lo había vuelto a hacer! Ella misma cogería las armas de su padre e iría a verlo a su finca de campo para ordenarle a punta de pistola que dejase de usarla como a un simple peón.

¡Tan importante era para Gordon que ella adquiriese un título nobiliario, que él se empeñaba en hacerla duquesa y ahora condesa? Estaba muy enfadada.

Llegaron hasta un claro en el jardín.

―Si esto es algún tipo de broma, milord , no le veo la gracia por ningún lado.

―Esas fueron las mismas palabras que empleé cuando su hermano me propuso el acuerdo.

Ella suspiró. De Gordon ya podía esperar cualquier cosa.

―Por favor, explíquese y no omita detalle alguno. Si debo asesinar a mi hermano, deberé recitar con veracidad todas las acusaciones que tenga sobre él ante un jurado, que espero que me declare libre por el crimen.

―Su hermano dijo que era usted mordaz. Veo que no se equivocaba.

―Lord Ashwood, por favor, explique este nuevo enredo.

―Básicamente, le he dicho lo primordial. Latimer está dispuesto a perdonarme la suma de dinero si consigo que usted se case conmigo.

―¿Y sabe sobre el escándalo que yo acarreo?

―Su hermano me dijo que intentó casarla con un duque estúpido, esas fueron sus palabras, no las mías, y que un conde la besó públicamente. ¿Hay más?

―La historia es un poco más larga que eso.

―¿Puedo seguir con mi franqueza, señorita?

―Le rogaría que nunca la abandone.

―¿Habré de cargar con un bastardo?

Ella suspiró. ¿Cómo contestaba a esa pregunta? Decir la verdad suponía más vergüenza y mentir implicaba… bueno, una mentira más esta noche poco importaría, ¿no?

―No lo sé. ―Optó por decir una verdad a medias―. Pero si lo que me está preguntando es si soy una mujer pura… no puedo afirmarlo. ―Ella no deseaba otro pretendiente rondándola. Tenía un plan, y ese plan implicaba cazar a Nicky, por lo que lo mejor sería ahuyentar a lord Ashwood.

―Bueno, yo tampoco soy un monje… ―Él se encogió de hombros―. Supongo que con un poco de suerte, usted no tendría consecuencias de… En fin… y en el peor de los casos podría dar a luz a una niña. ―Jonathan siempre se había considerado un hombre práctico.

―Siguiendo con la franqueza con la que hemos iniciado nuestras conversaciones, debo confesarle que no deseo casarme.

―Y yo, también siendo del todo franco, debo advertirle que estoy empeñado en que me tome por esposo.

―¡Por amor de Dios! Debe ser una cifra muy alta, si de verdad está empeñado en seguir casándose con una mujer que ha confesado el mayor de los pecados que una joven dama casadera pueda cometer.

―En efecto, lo es. Altamente escandalosa, no obstante, más allá de este hecho… Confesaré, en honor a esa sinceridad que se ha establecido entre nosotros, que la encuentro refrescante y que no me importaría estar casado con una mujer con un gran potencial como el suyo.

―Me parece que no es consciente de lo que dice.

―Sé que es usted la columnista de The Daily .

―Pues ya conoce mis dos mayores secretos.

―Bien, decidamos cómo va a ser.

―¿A ser? ¿El qué? ―Brenda no comprendía nada. Ese hombre se veía tan seguro de sí mismo…

―Nuestro enlace, desde luego.

Unas palmadas se oyeron detrás de ellos.

―Bravo, querida. Enhorabuena por conseguir a un pretendiente dispuesto a casarse contigo… Me preguntó qué clase de… talento ―arrastró la palabra― le has mostrado para que un hombre se te declare tan rápidamente.

Él. Sí. Beauford estaba delante de ella… Bueno, delante no, porque Ashwood, como buen caballero, la había movido hasta detrás de su cuerpo en un gesto de pura protección que la emocionó a ella e irritó a Beauford.