Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 6 #4
83%

Capítulo 6 #4

―Bésame, Archival. Bésame ahora. ―Los dos se miraron unos instantes y él no fue capaz de resistirse. Un beso húmedo fue entregado con pasión. Unos pocos segundos le bastaron a Brenda para darse cuenta de algo fundamental.

―Debo casarme, no puedo echarlo todo por la borda, compréndelo…

―Lo entiendo ―dijo más para sí que para el otro.

―Te lo suplico, quédate a mi lado. Puedo comprar una casa en las afueras… Te prometo que podemos tener una oportunidad.

―¡Detente! ―No quería que él empañase su recuerdo.

―Sé mi amante. No te faltará de nada. ―Él estaba mirándola con esperanza―. Brenda, todo puede ser igual que antes. Ya no tengo cargo de conciencia por arruinarte, porque no he sido yo quien lo ha hecho.

―Entonces dime, ¿por qué no era buena para ser tu esposa antes? ¿O es que solo servía para ser tu amante y tu conciencia no te lo permitía?

―No quería apagar tu luz, Brenda.

―Comprendo. ―Eso sonaba a excusa barata.

―Cuando le pedí permiso a tu hermano para cortejarte fue cuando supe que ella estaba embarazada. Intenté ser igual de fuerte con ella que contigo, pero estaba tan cansado de tener que frenarme en mis avances contigo, mi Brenda… no pude más…

―¡Pero yo te quería! ¿Por qué no me hiciste tu esposa?

―Porque eras una de mis mejores columnistas y casarse implicaba dejar de serlo.

Ella se quedó con la boca abierta. ¿Es que no había algún hombre que no fuese egoísta?

―Así que preferiste tenerme empleada a hacerme tu esposa. ―Ella estaba sintiendo un gran peso en su corazón. Quería respuestas, y las que estaba obteniendo eran muy malas y dolían demasiado.

―No, no… es… ―Dacre ya no tenía excusa posible.

―Esto ha sido un error. Venir aquí ha sido un completo error, Nicky tenía razón… no mentía.

―¡Olvídate de él, quédate conmigo! Yo estoy dispuesto a tenerte aunque tengas a su bastardo.

Él trató de abrazarla. Ella lo empujó.

―Por favor, Brenda, no nos hagas esto. No puedo casarme contigo, no sin perderlo todo. Mi reputación se vería maltrecha si no la tomo como esposa. Perdería mi credibilidad y The Daily se vería expuesto públicamente.

En este punto, ella irguió la espalda y lo miró desafiante.

―Lord Dacre, estos años que hemos pasado juntos he contado con su amistad y me he servido de sus enseñanzas para ser una buena reportera.

Me veo en la necesidad de renunciar a mi mayor sueño porque no he sabido comportarme conforme lo marcan las reglas sociales, pero lejos de repetir un nuevo error como el que sería convertirme en su amante, que me traería más vergüenza, prefiero marcharme y olvidar que alguna vez nos conocimos.

No fui lo bastante buena para ser tenida en cuenta antes de que me quitase mis viejos y cómodos vestidos y mis anteojos, por lo que considero que toda nuestra relación debe cesar en este mismo instante por el bien de ambos.

Yo nunca podría amar a un ser tan falto de criterio como usted.

―Brenda, maldita sea, ¡compréndelo!

―Lo he comprendido, tarde, pero a tiempo de no cometer un nuevo error. Adiós, milord . ―Ella giró la cabeza al tiempo que las lágrimas regresaban a su mirada.

―Como quieras. Al menos tendré suficiente ira y rabia para atizarle fuertemente a Beauford.

Siempre supe que él acabaría poniéndote en mi contra.

Esa manera que tenías de escribir sobre él, con tanta pasión y sentimiento…

Debí haber previsto que entre los dos había mucho más de lo que se apreciaba.

He sido un necio, pero en el combate de la próxima semana podré resarcirme de tu rechazo y de su intromisión.

―¿Intromisión?

―He deducido que te lo había contado todo. Ese maldito bastardo te quería para sí, tanto, que hubo de ponerme la manzana más tentadora para quedarse contigo. Desde que supe que había un contrato entre tu hermano y él… ―Él suspiró―. No debería culparlo, porque no me obligó a seducirla…

―¿Qué hizo Nicky?

―Él es Nicky… así de torcidos están nuestros asuntos, ¿verdad, Brenda?

―Sí, siempre fue Nicky. ―Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

―Cuando hice la propuesta para iniciar un cortejo, Beauford se presentó ante mí para exigirme que me apartase de ti.

―¿Él hizo eso? ―preguntó con esperanza.

―Lo hizo.

―Bueno, mi padre me colocó una bonita suma de dinero sobre la cabeza ―expuso al darse cuenta de que siempre la había querido por su dote.

―No. Te aseguro que hay mucho más que el dinero. Sus palabras, su ira… Había más ahí que una simple necesidad de dinero. No lo creí posible entonces, pero te aseguro que él siempre te quiso, de igual modo que sospecho que tú lo haces… ¿me equivoco, Brenda?

En ese momento, toda la ansiedad y la tristeza salieron de su maltrecho corazón. Se limpió las lágrimas de la cara y sonriendo le dijo:

―Soy la futura duquesa de Beauford, lord Dacre, y esta reunión ha durado más de lo estrictamente necesario.

Brenda se puso delante de él y le abrió la portezuela para conminarlo a abandonar el carruaje. Él la miro con asombro, porque nuevamente ella lo había sorprendido.

Cuando se bajó del carruaje susurró al viento:

―Le deseo buena suerte, duquesa.

Y con energías renovadas, ella hizo que el cochero la dejase de nuevo en casa de su padre. Tenía una misión muy importante que llevar a cabo y necesitaba de todas sus artimañas para conseguirlo. Por de pronto, entró en la habitación de su hermano en busca de unos pantalones.

No tenía ni idea de qué era eso del cuadrilátero, pero ella tenía que ir en busca de Nicky y hacerlo desistir de lo que fuese que tramaban Dacre y él.

Por descontado, la segunda acción que ella hizo fue buscar a su padre para que la ayudase con el duque, porque cuando ella se enteró por el servicio ―más concretamente, por el joven lacayo― de lo que era un cuadrilátero, se temió lo peor.

No era habitual que un hombre muriese en una pelea de boxeo, pero no imposible …