Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

―¡Mírame! ― gritó, y la obligó a buscarlo con la mirada. Tenía un aspecto casi tan deplorable como ella.

―Ya tienes lo que querías, por favor, déjame.

―¿Quieres casarte conmigo?

Ella paró de sollozar.

―Me has dicho que poco importa.

―A sabiendas de que podrías portar a mi heredero y sería considerado un bastardo, responde, ¿quieres o no quieres ser mi esposa?

Brenda se tomó unos instantes. Lo veía mirarla y solo percibía en él arrogancia y egoísmo.

Las mismas cualidades que le hicieron ver cuando lo conoció por primera vez que sería el último hombre con el que ella decidiría casarse.

¿Cuánto tiempo le duraría la sobriedad? ¿Y la fidelidad?

Hasta que se diese cuenta de que ya no necesitaba su dinero, porque en cuanto la hubiese desposado él se marcharía a conquistar a cualquier otra mujer…

Nicky era así y ella no podría tener otro poder sobre él.

A su lado veía sufrimiento, congoja y más odio.

La castigaría por haberle hecho la vida imposible durante tres años…

―No, no quiero ser tu esposa.

Él cerró los ojos por un instante. Cuadró los hombros con la esperanza de que ella no viese el daño infringido.

―El carruaje estará preparado en cinco minutos. Mi cochero te llevará donde quieras.

Lo examinó con sumo cuidado para determinar la veracidad de las palabras.

―¿Es una prueba?

―Cinco minutos y estarás fuera de mi vida. Espero que seas consciente de lo que has elegido.

Nicky salió del lugar para dar las indicaciones pertinentes.

Al mismo tiempo, preparó una misiva para que su cochero la dejase en manos de su administrador ―porque él ya podía contar con uno―, para que el hombre transfiriese hasta el último penique para reintegrárselo a Gordon.

Por descontado, también rompió el contrato matrimonial que obraba en su poder.

En este momento se acaba el padecimiento por una mujer. Era un duque, estaba comenzando a levantar una fortuna, y no estaba dispuesto a que una fémina que no sentía más que lástima y repulsión por él ―porque así lo había trasmitido en sus artículos durante los últimos años―, lo redujese a la nada.

Si bien sabía que había sido un egoísta por quererla para él, en el último minuto le ofreció a ella el peso de la decisión.

Brenda había elegido su camino, prefería verse libre de él aun a sabiendas de las posibles consecuencias que podría acarrear por haber hecho el amor con él.

Muy bien, él no estaba dispuesto a casarse con una mujer para la que era menos que nada.

Se olvidaría de una mujer que lo había estado atormentando durante los últimos años e iniciaría un nuevo camino. Era lo más sano y saludable para los dos. Si ella quería intentar cazar a lord Dacre o, peor aún, ser su amante, no era su problema.

Y así fue como Brenda dejó de ser su problema. Porque desde lo alto de la ventana la vio meterse en el carruaje rauda y veloz. Y sí, le molestaba en exceso que ella no hubiera mostrado ni un ápice de dudas.

***

Cuando Brenda entró en su casa hecha un mar de lágrimas, quiso su mala fortuna que se encontrase con su padre bajando por la escalera. Por supuesto, la obligó a dejar su bolso en la puerta y la conminó a tener una entrevista.

―Padre, por favor, no creo que sea capaz de explicar todo lo que me ronda por la cabeza.

―¿Qué hacías con tu bolso de viaje en las manos?

―No tiene sentido que le explique lo que ya habrá supuesto.

―Estás loca, hija mía. Huir así… ¿tan detestable es la idea de casarte con Beauford? Ya te dije lo que podría pasar en caso de que…

―Padre, él no va a casarse conmigo. Ya no.

―¿Qué le has hecho? ―Él conocía muy bien a sus dos hijos… O eso pensaba él hasta que lo sorprendían.

―Yo necesito poner en orden algunas cuestiones. ―Lo primero que quería hacer era hablar con Dacre. Necesitaba aclarar ese asunto de una vez por todas para poder seguir adelante.

―Te has entregado a un hombre y eres suya. ¿No entiendes lo que has hecho? Nadie en su sano juicio querrá casarse contigo ahora.

―No hace falta que me explique las normas.

―Sí, sí es necesario porque creo que has olvidado todo cuanto se te enseñó. He sido comprensivo, pero esto ha llegado demasiado lejos. Te has comportado como una…

―Sé muy bien lo que debe pensar de mí. ―Ella estaba avergonzada. La culpa la tenían sus besos y caricias. Nicky la había desestabilizado desde el primer momento en el que lo conoció.

―¿Y aun así me dices que no habrá boda?

―No, no la habrá. ―No sabía cómo sentirse a este respecto. Cuando se vio obligada a casarse con él, no quería hacerlo, pero en estos momentos en los que esa opción no estaba sobre el tapete…

―Entonces es una suerte que haya desempolvado las pistolas, porque Beauford tiene que cumplir con su deber, quiera él o no.

―Padre, no lo entiende.

―Explícamelo, pues.

―Soy yo la que no desea ser su esposa. Él ha insistido en la necesidad de que nos casemos, sin embargo, no he querido hacerlo.

―¿Y la bolsa? ¿Vas a volver a huir?

―No quiero traer más vergüenza a esta casa. El escándalo de la otra noche no será nada en comparación a lo que supondrá que el duque y yo no nos casemos.

―Brenda, hija mía…

―Me exilio al campo. No voy a pedir mi dote porque no tengo derecho a ello… Tengo bastante dinero para comprar una casita y tratar de iniciar una nueva vida. Mentiría si no le dijese que voy a renunciar a todos mis sueños. Siempre he querido ser una buena reportera.

―Una mujer no debe tener esas aspiraciones ―la regañó él.

―¿Qué hay de malo en querer ser más, padre? Sé que mi nombre está en el fango y no tengo temor. ¿Qué pueden hacerme? La buena sociedad no me importa, lo que me apena es haberles fallado, padre. Usted y madre no se merecen lo que yo he hecho.

―¿Puedo persuadirte de que te cases con otro? Soy capaz de encontrar a un hombre que acepte… No hay nada que el dinero no pueda comprar.

―Amor, padre. Las libras no pueden comprar el amor.

Hubo un silencio en la habitación. Su hijo mayor tuvo un problema muy serio no hacía demasiado, y él había reaccionado muy mal.

Una jovencita le había enseñado el verdadero valor de una familia unida y feliz, y el señor Brown había aprendido la lección.

¿De qué serviría ser un hombre rico e influyente si no tenía a sus hijos a buenas con él?

La norma establecería que él debía echarla a la calle, desheredarla e incluso no hablarle y negar que alguna vez había existido…

―Deja tus señas cuando te instales, te daré una asignación mensual y en caso de… de… de…

―Si hay algo que deba contarle ―ella se sujetó su vientre―, se lo diré de inmediato.

―Bien.

―Padre, lo lamento todo. No pretendía que las cosas llegasen tan lejos. Me marcho ahora. ―Brenda se dirigiría al norte y ya vería qué hacer en caso de que hubiese un niño.

El antiguo barón Latimer puso a disposición de su hija un carruaje, para que le llevase hasta donde ella quisiera. Brenda se marchaba de la vida pública, pero antes tenía que hacer una visita obligada.

Se quedó en la puerta de la oficina, dentro del carruaje aguardando a que el conde saliese.

No podía irse sin saber, sin entender, sin que su mente juntase todos los retales.

Entonces lo vio, y algo en su interior se sintió diferente.

Abrió la portezuela y él la divisó al momento.

Lo vio tomarse unos minutos sin saber si acudir a su encuentro o no hacerlo.

Si él no venía ella no iría en su busca.

No lo haría por una razón de orgullo, no.

Lo haría porque ya no tenía sentido seguirlo.

Quería comprobar si todo había resultado ser una argucia de Nicky, si él la había castigado por todo lo malo que ella era consciente que le había hecho, pero si él se marchaba quedaría dicho que todo fue una vil mentira.

Lo vio mirarla fijamente mientras oía en la lejanía su mente debatir sobre la conveniencia de acercarse o no. Finalmente, la curiosidad pareció haber ganado la partida a la sensatez y Dacre se subió al carruaje.

―¿Te has vuelto a escapar?

―Me marcho.

―¿Lo sabe tu ya esposo?

―No me he casado.

―¿Por qué?

―La verdad es que no lo sé, sencillamente, no quería casarme con él así… ―Brenda tenía muchos sentimientos encontrados.

―No es buena idea que estemos juntos. Sospecho que al duque no va a gustarle en absoluto que te dejes ver por aquí, y más si, tal y como sospecho, has huido.

―Tengo que saberlo, Archival. Dime que no es verdad.

―No sé de qué estás hablando. ―No mentía, no sabía a qué se refería ella.

―¿Tú sentías algo por mí? ―Era del todo indecoroso que una mujer se expusiera así. No debería hacerlo, pero había tantas cosas que no tuvo que haber llevado a cabo sin meditarlas mejor.

―Voy a casarme, Brenda.

―Lo sé. Con la hija de otro conde. ―No recordaba el título porque lo importante es que él sería de otra y punto.

―Exacto, y por eso no tiene caso hablar de nada más. Todo entre nosotros ha sido dicho, más bien hecho.

―Dime que no hiciste lo que me hiciste para echarme de tu vida, como si fuese un perro que te estorbaba en tus planes.

―Brenda, por favor, no hagas esto más complicado. ―Él no podía tener esa conversación, no en estos momentos.

―¿Le hiciste una proposición a mi hermano? ―preguntó ella sujetando su cara para que la mirase a los ojos.

―No puedo casarme con otra que no sea lady Cassidy. Lo mismo que tú perteneces a Beauford. No hay más.

―¿Por qué nos has hecho esto? Yo te amaba, tú bien lo sabías, y, pese a todo, ¿no fui bastante para ti? Dímelo, necesito saberlo. ―Él le sujetó ambas manos para tratar que ella no lo tocase. No podía soportar su contacto.

―Lo que debes saber es lo que te hice. Es la prueba más fehaciente de que no te quiero a mi lado. Hice todo para que me aborrecieras y te marchases sin mirar atrás, Brenda. No tienes derecho a venir a buscarme, no cuando podría tirarlo todo por la borda y huir contigo.