Capítulo 6
Una buena pele a
Llegaron hasta el carruaje y ella no se atrevía a mirarlo. La invitó a entrar en el habitáculo y, cuando cerró la portezuela, Brenda tuvo el impulso de querer saltar del vehículo en marcha. Lo hubiese hecho en caso de que Nicky le hubiera permitido conservar su bolso en las manos.
Había un silencio muy incómodo. Ella miraba el paisaje que había fuera. La gente andaba y conversaba. Todos allí fuera parecían estar felices, sin complicaciones. ¿Cuándo su apacible vida se había vuelto un terrible dolor de cabeza?
―¿No piensas hablar? ―Inició él la conversación.
―No tengo nada que decir.
―Entonces deja que sea yo quien exponga la situación.
―Adelante. ―Ella se mostró orgullosa.
―Eres B. Brown.
―Sabía que lo sabías.
―Has estado tres años acechándome.
―Has sido una buena fuente de información.
―Me has ridiculizado en todos y cada uno de tus cientos de artículos.
―Simplemente, he señalado la verdad en todo cuanto he escrito sobre ti.
―Estás obsesionada conmigo.
―Eso no es cierto.
―Admítelo, Theofila.
―Cambiarme el nombre no significa nada para mí. Bien sé que eres consciente de cómo me llamo. ―Si él quería castigarla, ese no era ya un método efectivo.
―En estos momentos, te detesto. ―No mentía. La tenía ahí delante y quería… quería… no sabía lo que quería de ella, bueno sí, pero parecía una misión imposible de conseguir.
―Yo lo he hecho durante tres años, te queda mucho por delante, excelencia.
―¿Así que, volvemos al título? ―¿Es que con esa dama nunca podría avanzar?
―Tú has empezado.
―¡Basta!
―Mira, esto no va a salir bien.
―¿El qué de todo? Porque si no te has dado cuenta, ambos estamos en un lío, aunque tal vez no lo sepas, puesto que ya no eres tú la que escribe los chismes sobre mí.
―Si lo que me estás preguntando es si yo he leído el periódico, la contestación es sí. Lo he visto.
―¿Miente?
―No le pedí ayuda para liberarme del matrimonio.
―Pero pretendías huir de mí.
Llegados a este punto, ella lo miró interrogativa y seria.
―¿Qué pretendes que haga? Te conozco, Nicky, tal vez incluso mejor que tú mismo.
Eres un hombre egoísta, ególatra, que solo piensa en sí mismo.
Achacas todos tus males a tu situación, a la falta de tus padres.
Pero no, tú has hecho de ti el hombre que has querido, pudiste lanzarte hacia el otro extremo, pero decidiste optar por lo fácil.
―Ya no bebo.
―Entonces es peor.
―¿Peor? ―le preguntó con curiosidad.
―Sí, para mí es malo que lo hayas dejado porque implicará que estés más lúcido a la hora de planear tu venganza sobre mí.
―Me llamas egoísta y ególatra cuando tú te has escondido tras las líneas de un periódico para airear los trapos sucios de la buena sociedad.
―Como le dije a Archival…
―¡No te atrevas a pronunciar su nombre! ―la interrumpió furioso.
―¿Qué quieres, Nicky, una disculpa? Lo siento, me serví de ti.
Lo admito, arruinaste mi fiesta de presentación y estuve agradecida por lo que hiciste, y lejos de darte las gracias por ello, porque no pretendía casarme, expuse todos tus secretos públicamente.
Sí, maldita sea, Dacre me animaba con sus elogios y yo quería, quería que él…
―Llegados a este punto ella se calló por precaución.
Las lágrimas ya salían. Era una mujer fuerte, pero estaba derrumbándose.
Todo estaba resultando ser un auténtico fracaso.
―No te detengas, dilo, dilo de una vez. Sé valiente. ¿¡O necesitas que te traiga tu libretilla y tu lápiz para escribirlo?! ―Él estaba furioso también.
―Quería que me viera, que me descubriera. ―Ella cerró los ojos. Su confesión era cruda y vergonzosa. Había amado a un hombre que la veía como mercancía y de cuyos sentimientos hacia él se había aprovechado para manejarla como a su marioneta.
―Lo amas. ―Una cosa era intuirlo y otra que ella lo hubiera confesado. Tenía la absurda esperanza de que todo lo que había imaginado en su mente fuera una pura invención. La realidad sabía a cenizas.
―Es más que eso, Nicky. Tú no lo entenderías.
―Prueba. ―Él sabía que era insano tratar de conocer todos los detalles, pero necesitaba saber a lo que se enfrentaba.
―Fue el primer hombre que vio más allá de la mujer, de la hija de un barón con una buena dote bajo su brazo. Fue mi mentor, mi amigo… duele, Nicky, duele la traición porque yo, sinceramente, le tenía en gran estima. ―Él le pasó un pañuelo para que se secase las lágrimas.
―¿Te niegas a reconocer que lo amabas?
―No lo sé. Porque me ha herido, pero, aun así, no puedo dejar de admirarlo.
Entiendo la decisión que ha tomado, él es quien es porque toma decisiones arriesgadas.
Siempre me lo dijo, su mundo es su periódico.
Los negocios antes que el placer, porque son el deber.
En todas nuestras conversaciones siempre había algo que…
―Sentías que te estaba protegiendo de sí mismo.
―Sí. Siempre mantenía las distancias porque… él decía que no quería…
―Hacer daño a nadie ―terminó él por ella.
―Exacto. ¿Cómo puedes saberlo?
―No entiendes nada, ¿verdad, Brenda? ―Él suspiró derrotado. Usó su nombre porque era el momento de echarse al río.
―¿El qué? ¿Qué tengo que entender?
―Yo te vi. Yo te descubrí. Supe en cuanto te vi la clase de mujer que eras y me vi volando hacia a ti como una polilla a la luz.
Los dos se giraron y se miraron a los ojos.
―Eso no puede ser verdad.
―Lo es, y fue tu arrogancia y mi necesidad de salvarte de mí, lo que me hizo quedarme en un último lugar, viéndote bailar con todos los mequetrefes que no te merecían.
―Claro, Nicky, y todas esas mujeres que han pasado por tus brazos eran para consolarte.
―Brenda estalló en risas. Tenía que reconocer el mérito de su plan.
Estaba segura de que la castigaría de una u otra forma, y esta que él había elegido era curiosa.
¿Quería hacerla sentir culpable por una mentira? Ella no le daría la satisfacción.
―Sé muy bien lo que ha debido de sentir lord Dacre con respecto a ti. ―Él siguió con sus reflexiones sin hacer caso a sus mofas―. Escondida tras esos vestidos modestos y tus anteojos… Hasta que yo te propuse un nuevo trato y decidiste salir al mundo y mostrarte como yo ya te había vislumbrado.
―Nicky, si estás haciendo esto para que yo me sienta peor por lo que te hice, de verdad… no hace falta que lo hagas. Ya te he perdido perdón. Por favor, déjame marchar.
―Comprendo. ―Él apartó la vista de ella muy irritado.
Ella miró por la ventana nuevamente.
―Nos estamos alejando de Londres. ¿Dónde me llevas?
―Te lo he dicho antes. Vamos a casarnos en mi finca. No voy a dejarte escapar. Y te aconsejo que una vez casados no trates de huir de mí porque te seguiré hasta los confines de la tierra si hace falta. ―La mirada que él le dio la dejó petrificada.
―Por favor, no hagas esto. Te lo suplico. No seremos felices el uno con el otro. Tú vas a querer tu venganza y yo no voy a poder confiar en ti nunca.
―¿Por qué? Porque es lo que tú harías, ¿verdad?
―Ella se mordió el labio inferior―. No negaré que deseo vengarme de ti por todo lo que me has hecho.
Tampoco negaré que no estoy furioso porque has tratado de huir de mí.
Eres mía. En el momento en el que te entregaste a mí aceptaste casarte conmigo.
¿O vas a hacer como el otro día, Brenda?
―¿Qué hice el otro día?
―Negar que disfrutaste de mis atenciones.
―Nicky, de verdad, si aquello también lo hiciste para castigarme, tampoco hacía falta negarme mi placer…
―¿Cómo has dicho?
―Que comprendo que estés enfadado y que vas a utilizar todas tus armas en contra de mí.
―¿Sigues negando que te satisfice?
―¡Basta, Nicky! Lo admito, yo también me hubiese vengado del mismo modo, si no, ¿por qué el mejor amante del mundo dejaría a una mujer queriendo más sin ser saciada?
Él se puso lívido. Ella estaba hablando completamente en serio.
Nicky siempre se había considerado un buen amante, ¿cuándo había perdido su toque?
Repasó algunos de los episodios en los que había estado con mujeres y que él catalogaría de memorables.
Ellas tenían aspecto desaliñado y él había logrado alcanzar su placer.
Incluso una vez descubrió que un médico venía a su casa con la función de evitarle a la duquesa la enfermedad llamada Histeria Femenina, y en su juventud estaba muy al tanto de cómo mover la mano sobre esa parte de ellas para darles placer…
¿Qué estaba pasando con él? Si ella hablaba en serio todo su mundo se desmoronaría, porque lo único que él tenía en su casilla de logros era poder satisfacer a las mujeres…
Si Brenda le quitaba eso también, ya nada le quedaría.
―Dejemos una cosa clara. Por una vez vamos a ser francos tú y yo. Sin juegos, ni revanchas, ni trampas, ni mentiras, ¿de acuerdo?
―De acuerdo.
―¿No mientes cuando me dices que de verdad no conseguiste el éxtasis?
Ella se puso colorada y hubo de apartar la mirada de él. Era un tema muy delicado. Aún no sabía cómo había podido tocarlo tan íntimamente para llevarlo dentro de ella anoche.
―Por favor, responde con la verdad, Brenda.
Ella siguió mirando por la ventana. No podía mirarlo a la cara para hablar sobre estas cuestiones.
―Me gusta cuando me besas y me tocas aquí ―ella señaló su cuello y sus senos―, pero no cuando lo haces en mi… en… en… ahí.
―¿Y cuando estuve dentro de ti? ―Él estaba a un paso de hundirse en la miseria.
―Fue doloroso.
―¿No hubo nada de placer?
―Tal vez fue porque…
―¿Sí o no, Brenda? Responde, por favor.
―No.
―Así que no soy bueno ni en eso… ―dijo más para él que para ella. Lo único que le quedaba en la vida. Lo único en lo que creía que era notable y destacable también era otra farsa.
―Yo sentía una necesidad, Nicky. Cuando tú me tocabas sentía hambre, sed, mi cuerpo quería, ansiaba algo pero no entiendo el qué… únicamente sé que no lo conseguí. Cuando terminamos seguía famélica. No sé si esto tiene algún sentido para ti, pero te juro que no te miento.