Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 4
72%

Capítulo 4

Problemas a la vist a

Escondidos tras una gran cortina de terciopelo y con un enorme ventanal a su espalda, Brenda y Nicky comenzaron a oír besos, jadeos y prendas que se deslizaban hacia el suelo.

Brenda tragó saliva. Eran lord Preston y la viuda lady Armell.

Brenda sabía que esos dos amantes entrarían en una estancia porque así su jefe se lo había dicho, pero tantas como había en la casa, ¡¿quién iba a pensar que acabasen precisamente en esa? !

Brenda estaba agradecida por la interrupción, pero, a la vez, altamente decepcionada.

Dacre le había comentado que la nueva pareja que tenía a escasos metros causaría sensación, porque en su adolescencia ambos estuvieron enamorados y los padres de él los separaron.

Ella tenía ganas de escribir una bonita historia de amor para que las damas suspirasen y los caballeros tomaran más en cuenta las inclinaciones de sus propios corazones.

El plan consistía en estar pendientes de ellos toda la noche, pero no precisamente ser testigo directa del affaire.

Ella estaba tan avergonzada de casi haber sido pillada con el hombre al que supuestamente odiaba… Gracias al cielo que la interrupción había frenado lo que hubiera podido ser considerado como el mayor error de toda su existencia… ¿verdad?

Brenda intentaba no mirar a Nicky. ¡Dios! Ella lo había llamado así en un susurro delicioso, presa de una necesidad que en estos momentos estaba volviendo a crecer en su interior.

La pareja se decía cosas realmente obscenas, como lo de jugar el uno con el otro con sus sexos y sus bocas.

¿Eso podía hacerse? Parecía algo repugnante…

Tal fue así, que cuando oyó sonidos guturales de una garganta y otros gemidos de puro gozo, Brenda tuvo que asomarse para ver qué sucedía.

¿Alguien se estaba ahogando? Cuando vio al hombre de pie y a la mujer de rodillas que estaba jugando con su…

—sí, con eso— en su boca, se sintió desfallecer.

Nicky no se perdía detalle. La estaba observando y deseaba que los que los habían interrumpido acabasen pronto porque él no podía soportar más la necesidad que se estaba adueñando de sus partes, de su cuerpo y de su alma.

¡Cómo la deseaba! Entonces, cuando vio que ella descorría la cortina para echar un ojo, él la atrapó.

―Shhhh, no interrumpas. ―Nicky hablaba a un nivel muy bajo para no ser descubiertos, aunque dudaba que incluso un terremoto pudiera interrumpir a la pareja.

―¿Ella está…? ¿Está…?

―En efecto, está. ―Él no había visto la escena, pero intuía que por los sonidos la dama estaba trabajando muy a fondo al caballero de una forma ciertamente deliciosa.

―Hace calor, tengo calor. ―Ella no podía dejar de ver en su mente la imagen tan repugnante y erótica que había hecho que sus partes íntimas se empapasen escandalosamente.

―Yo también estoy ardiendo.

―No, no lo entiendes, me consumiré si no…

si no… si no… ―Brenda no alcanzaba a comprender lo que sucedía en su cuerpo.

Hasta la fecha nunca había tenido estos espasmos tan fuertes.

Le costaba respirar, le costaba concentrarse, y la pareja que estaba ahí fuera dando rienda suelta a sus propios placeres no contribuía a apaciguar sus entrañas. ¡Ella estaba en llamas!

―Lo sé porque yo estoy igual que tú.

―¿Estás ardiendo?

―Me estoy consumiendo. ―Él, descarado y lleno de necesidad, llevó la mano de su futura duquesa hasta su entrepierna―. Tócame, tócame, te lo suplico.

Ella estaba a punto de quitar su mano de ese lugar tan indecoroso cuando el hombre de fuera dio un grito tan fuerte que hizo que ella agarrase con fuerza las partes privadas de Nicky. ¡Eso estaba tan grande y duro que ella jadeó por la sorpresa!

―¡Dios mío! ―señaló Brenda al sostener ese gran tamaño en su mano.

―Sí, sí, ven. ―Nicky la acercó hacia él sin permitir que ella soltase su agarre.

Movió la mano femenina para indicarle como tocarlo y, a continuación, cuando ella siguió el ritmo que él le había marcado se centró en su escote.

En un segundo los pechos de ella saltaron libres de su vestido.

Brenda tenía la boca seca. Los gritos de la pareja y las cosas que se estaban diciendo eran puramente indecentes, inapropiadas, obscenas…

y cuando Nicky asaltó sus dos picos oscuros ella gimió tan alto que Nicky tuvo que cerrarle la boca con la suya propia, o acabarían dándose cuenta de que en la habitación había gemidos que no eran de esos dos amantes que estaban sobre el sofá en estos instantes.

Brenda lo sentía duro entre sus manos y sus senos estaban a punto de explotar de puro gozo. Sin embargo, tenía una necesidad imperiosa en otra cierta parte de su cuerpo que…

―Nicky, Nicky, yo… yo… yo… No puedo, no puedo… Por favor. ―Estaba suplicando, pero no entendía qué necesitaba saciar. Era una necesidad tan arrolladora y desconocida que la mujer no entendía qué le sucedía, simplemente, ella tenía que apagar un fuego tan grande… ¡Y no sabía cómo!

Por suerte, había escrito infinidad de cotilleos sobre él para ser consciente de que ese hombre al que definitivamente no odiaba, sería capaz de saciarla.

No importaba el mañana, solo estaba la necesidad y el ahora.

Nicky, él estaba con ella y debía… debía…

¡Debía hacer algo más que lamer y juguetear con sus dos senos!

―Lo sé, lo sé. Shhh. No grites, te ayudaré.

El duque bajó la mano de su seno izquierdo en busca de la intimidad femenina. Encontró rápidamente la abertura de su prenda interior después de sortear sus pesadas faldas, y la sintió completamente empapada. Movió sus manos como solía hacer con las muchachas del fino burdel.

Brenda sabía que algo no iba bien. Esa parte de su zona privada que él estaba tocando no era la que ella necesitaba que tocase. Además, movía las manos de una forma tan extraña que incluso le estaba haciendo daño.

Ella trataba de mover ese punto que él debía tocar, pero Nicky se empeñaba en rehuirlo.

Brenda estaba ansiosa y desesperada. Tanto luchaba para que la mano acariciase ese punto que se estaba ofuscando…

Una y otra vez intentó que él, al menos, pasase por encima de esa zona, porque cuando él la rozaba se sentía pletórica, pero no había manera de que él se quedase justamente en ese lugar.

―¡¿Quieres dejar la mano quieta de una vez?

! ―Brenda ya no pudo contenerse y levantó la voz furiosa.

Estaba tan desesperada y ansiosa que no veía nada más que su enfado con él, porque Nicky no sabía tocarla como ella necesitaba.

¿De verdad ese era al amante que se había encamado con todas esas damas que ella sabía?

Nada más acabó de decir la frase en alto se dio cuenta de que los amantes los iban a descubrir. Tanto un Nicky muy sorprendido al ver el enfado de Brenda, como ella misma, se tomaron un segundo para escuchar a su alrededor. No oyeron absolutamente nada.

Brenda descorrió la cortina y, efectivamente, ambos fueron testigos de que estaban nuevamente solos y con la puerta cerrada.

―Se han ido ―señaló ella mientras se subía la parte delantera del vestido.

―¿Por qué me has gritado?

―Me estabas haciendo daño. ―Esa mano era torpe e insegura, y encima la había rozado hasta en cinco ocasiones con la uña.

―Eso es imposible.

―No, no lo es porque hasta que has bajado tu mano ahí… ―ella estaba de un color rojo carmesí― yo estaba disfrutando mucho.

―¿Insinúas que no te estaba dando placer?

―Me ha gustado lo que has hecho con tu boca en… en… en… Mira, es mejor olvidar esto y salir rápidamente para que no nos atrapen.

Brenda dio unos pasos en dirección a la puerta. Él la frenó con su agarre.

―No puedes acusarme de lo que me acusas e irte así sin más.

―¿Cómo dices?

―Admite que estabas disfrutando.

―Beauford, no quiero hablar de esto.

―Así que, mientras lamía tus senos o te besaba era Nicky, pero ahora vuelves al título.

―¡Esto es absurdo! Regresemos al baile, Archival se preguntará dónde estoy.

―Oh, sí. Los celos de él fueron mayúsculos.

Ella no solo había usado su título, sino que se había referido al hombre al que le había pedido un beso por su nombre de pila.

La dama se dio cuenta de su error en cuanto vio que los ojos de él la examinaban con furia.

―De aquí no te vas a ir hasta que admitas que has disfrutado con mis besos y mis caricias, porque he sido yo, Nicky, quien te ha lamido y tocado entre las piernas.

Ambos se midieron en una mirada profunda. Brenda suspiró. Lo mejor era acabar con esto.

―Te he dicho que ha sido placentero que me besases, también me ha gustado lo que has hecho en mis… en mis… Aquí. ―Ella se señaló los pechos.

―Confiesa que mi mano te ha producido mucho placer.

―No lo haré porque no me gusta mentir.

Nicky la agarró y la dejó tumbada sobre el sofá.

―Prepárate porque a lo largo de estos años has sabido como herir mi orgullo. Me has despreciado en cada ocasión que has podido y la culpa es solo mía por habértelo permitido. No lo harás nuevamente.

―¡Nicky! ―señaló cuando lo vio desabrocharse los pantalones y sacar esa enorme parte de su cuerpo que la miraba ¿sonriente?

―Eso es, Brenda. Soy Nicky y voy a hacer que no lo olvides mientras vivas. ―La promesa que ahí había contenida hizo que ella se recostase más cómodamente. Ver desnuda esa parte de él la había vuelto a incendiar.

El duque no quería que todo eso hubiese sucedido así, sin embargo, la dama lo había retado y él iba a demostrarle nuevamente que la podía hacer derretir entre sus brazos.

Nuevamente, comenzó a besarla. Sus pechos regresaron a la superficie para ser acariciados con las manos, la lengua, y besados a conciencia. Ella se retorcía de necesidad bajo su cuerpo. Otra vez sentía hambre, sed, una necesidad tan cruda que no había nada más que saciarla.

―No he tomado nunca a una virgen. Te va a doler, pero haré que sea bueno. ¿Quieres esto, Brenda?

―Nicky, por amor del cielo, no pares ahora. Te lo suplico.

Lo sintió apoyarse en su obertura. Él luchaba por encajar esa pieza en ella, pero no había manera de hacer que su miembro entrase ahí.